Fran observó aquelanuncio de helados.
Era uno de los
primeros que se
veían aquel año
y, como siempre,anunciaba alguna
novedad, aunque
en esta ocasión
era bastante predecible:
―Con cubierta de pistacho.
El pistacho últimamente está hasta en la sopa―dijo nuestro
protagonista. ―Eso sí que estaría bien. A este paso, pronto Avecrem sabor pistacho―comentó Carolina
Gordal.―Oí decir que tiene que ver con los precios del cacao, que como cuesta ahora más hacer
Fran era de manera natural un gran entusiasta de este fruto seco, pero su sobreabundancia
le estaba empezando a sorprender. Había descubierto tiendas nuevas, las pistacherías,
donde se encontraba prácticamente cualquier preparación del pistacho, el famoso chocolate
de Dubái, pasta como la de cacahuete pero de pistacho, prácticamente cualquier dulce con
el relleno o añadido de ese producto, etc, etc.
chocolate, pues se han ido al pistacho―apuntó Carolina. ―Pues tampoco es que el pistacho esté tirado de precio. Lo que yo veo es que lo van a
acabar poniendo hasta en los calamares. ―Igual con la carne o aves no estaba tan mal. ―Lo que yo sé es que este fruto siempre había sido uno de mis favoritos y, ahora, a fuerza
de ponerlo en todo, me van a acabar hartando. Según comentaban esto los dos hermanos pasaron ante las puertas de una tienda de
dulces que anunciaba el famoso chocolate de Dubái. ―Pues precisamente ahora que Dubái está hundiéndose por la guerra, no sé si apetece
mucho que te lo metan por todas partes ―dijo Carolina. ―Igual es que los iraníes, aparte de que los hayan atacado, también estaban hartos de
esta modita.


No hay comentarios:
Publicar un comentario