viernes, 12 de julio de 2019

La familia se trasforma.

-Bueno que os vaya bien y os suelten pronto -dijo nuestro protagonista cuando salieron de su casa Doña Marta Palacios y Juan Gordal.
-Síhijotequedassolo
peroJuanyyotenemoshora
enelmédicoquetenemosque
vernosnestrasdolenciasya
veselaparatoque
mehanpuestoamí
24horasseguidas
averloquesaleyaversimeloquitanqueestoyhartode
estemedidorparecequehayanqueridoconvertirmeenunrobot...
-Bueno, mamá, no te embales que el aparatito va a estallar. Yo sólo quiero que me den algo para no parecer un hombre elefante.
-Joder, os sietan bien los calores.
-Nohijoyoteníaquehacermeestapruebadetodosmodosesalgorutinarioperonoesperabaquemepusieran
algoasíynomedejaranniducharmehoyperoalmenoscreoquenotendránprisaporrepetirestapruebatienen
pocosaparatos...
-Mamá, venga, que te da algo el aparatito estalla como ha dicho Juan.

Nuestro protagonista estaba tranquilo, pero sorprendido de lo que había ocurrido a su familia. Doña Marta se tenía que vigilar las dosis de medicación con las que se trataba la circulación, pero para medir sus constantes cardíacas le habían sometido a una prueba con un holter, un complicado aparato del cuál nuestro héroe había oído hablar pero nunca había visto. Resultó ser una especie de transistor con varias ventosas distribuidas por el cuerpo de quien lo llevara, e este caso Doña Marta para monitorear sus constantes circlatorias initerrumpidamente 24 horas. Doña Marta en ese tiempo no tuvo permiso ni para ducharse. No era nada serio, pero un aparato tan aparente imponía con su mera visión. Por su parte Juan se había levantado aquel día con una extraña hinchazón en la parte de atrás de la mandíbula cerca de la oreja que en su peor momento, según él, lo asemejaba al hombre elefante. Nuestro protagonista no hubiera dicho tanto, pero era evidente que aquella dolencia debía ser revisada y tratada. Así, Fran parecía ser el único que permanecía en condiciones normales en la casa. Doña Marta había degenerado en una especie de cyborg y Juan en un fenómeno de feria. Pero al volver, al menos Doña Marta estaba libre del holter.

-Pero los dos tenemos que medicarnos -dijo Juan-. Yo necesito antibiótico y mamá sigue con ss cosas de tesión.
-Bueno, al menos mamá ya a vuelto a la normalidad, porque pastillas ya tomaba.
-Pero yo sigo deforme.
-Joder, Juan, que no es para tanto. Además, en el peor de los casos se te puede hacer una película de la Universal.
-SíhijocomoLaCosaDelPantanoesaocualquierotraquelashabíamuybuenasnotienesquetomártelotodo
porlatremendaamímepuedehacerunalaPixarcomoelrobotWalleperolaverdadquébienmehequedado
cuandomehaquitadoeso...
-Bueno, podéis presentaros a otros papeles que no sean de monstruo, si queréis. Yo toco madera que si me pasa algo como a vosotros, lo mismo me convierto en licántropo.

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