-Síhijotequedassolo
peroJuanyyotenemoshora
enelmédicoquetenemosque
vernosnestrasdolenciasya
veselaparatoque
mehanpuestoamí
24horasseguidas
averloquesaleyaversimeloquitanqueestoyhartode
estemedidorparecequehayanqueridoconvertirmeenunrobot...
-Bueno, mamá, no
te embales que el aparatito va a estallar. Yo sólo quiero que me den
algo para no parecer un hombre elefante.
-Joder, os sietan
bien los calores.
-Nohijoyoteníaquehacermeestapruebadetodosmodosesalgorutinarioperonoesperabaquemepusieran
algoasíynomedejaranniducharmehoyperoalmenoscreoquenotendránprisaporrepetirestapruebatienen
pocosaparatos...
-Mamá, venga, que
te da algo el aparatito estalla como ha dicho Juan.
Nuestro
protagonista estaba tranquilo, pero sorprendido de lo que había
ocurrido a su familia. Doña Marta se tenía que vigilar las dosis de
medicación con las que se trataba la circulación, pero para medir
sus constantes cardíacas le habían sometido a una prueba con un
holter, un complicado aparato del cuál nuestro héroe había oído
hablar pero nunca había visto. Resultó ser una especie de
transistor con varias ventosas distribuidas por el cuerpo de quien lo
llevara, e este caso Doña Marta para monitorear sus constantes
circlatorias initerrumpidamente 24 horas. Doña Marta en ese tiempo
no tuvo permiso ni para ducharse. No era nada serio, pero un aparato
tan aparente imponía con su mera visión. Por su parte Juan se había
levantado aquel día con una extraña hinchazón en la parte de atrás
de la mandíbula cerca de la oreja que en su peor momento, según él,
lo asemejaba al hombre elefante. Nuestro protagonista no hubiera
dicho tanto, pero era evidente que aquella dolencia debía ser
revisada y tratada. Así, Fran parecía ser el único que permanecía
en condiciones normales en la casa. Doña Marta había degenerado en
una especie de cyborg y Juan en un fenómeno de feria. Pero al
volver, al menos Doña Marta estaba libre del holter.
-Pero los dos
tenemos que medicarnos -dijo Juan-. Yo necesito antibiótico y mamá
sigue con ss cosas de tesión.
-Bueno, al menos
mamá ya a vuelto a la normalidad, porque pastillas ya tomaba.
-Pero yo sigo
deforme.
-Joder, Juan, que
no es para tanto. Además, en el peor de los casos se te puede hacer
una película de la Universal.
-SíhijocomoLaCosaDelPantanoesaocualquierotraquelashabíamuybuenasnotienesquetomártelotodo
porlatremendaamímepuedehacerunalaPixarcomoelrobotWalleperolaverdadquébienmehequedado
cuandomehaquitadoeso...
-Bueno, podéis
presentaros a otros papeles que no sean de monstruo, si queréis. Yo
toco madera que si me pasa algo como a vosotros, lo mismo me
convierto en licántropo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario