Juan y Fran Gordal
observaban aquel
arreglo que
recientemente habían
hecho en la casa de
los Gordal Palacios.
Aquellas baldosas
que continuamente
se rompían y que
tantas veces
habían intentado ellos
y Carolina arreglar, a
veces con la
colaboración de
Rafael, por fin
estaban bien colocadas. Los tres hermanos habían llegado a la conclusión de que lo mejor
era gastar algo más de dinero y que lo hiciera un profesional. Tras algunos problemas, en
los que incluso habían llegado a sufrir el abandono de un albañil que, sencillamente, se
había olvidado del trabajo que habían concertado, al fin Carolina encontró un operario
que se ocupó del asunto. Acababan de pasar dos días sin poder llegar bien al cuarto de
baño, dado que esa parte del pasillo no debía ser pisada para que el cemento fraguara. Pero
por fin estaba ahí la obra hecha. Los dos hermanos no pasaban de comentarlo: —Parecía que no, pero nos ha limitado el estar con esas baldosas rotas ¿eh? —comentó
Juan. —¡Joder que parecía que no! Andar con miedo de romper algo, esquirlas aquí que se
te metían en los pies, temor cada vez que uno salía del baño para no cortarse... —Bueno, todo eso ha terminado. —Y las baldosas, que hemos traído 18 veces, y el cemento... La verdad es que yo creo
que deberíamos haber pagado antes, como a la tercera vez que intentamos arreglarlo
o así. —Bueno, y t olvidas del lío que era entrenar y hacer los ejercicios, porque una zona
del pasillo no podía pisarse y no teníamos sitio para los dos —Hablando de eso, ¿entrenamos ahora? —Eso.—La verdad es que te echaba de menos—dijo Fran. —Pues otra vez a entrenar como solíamos. —O quizás no. Dependerá de nuestros horarios de trabajo.
Y los dos hermanos realizaron por primera vez en mucho tiempo sus series de
abdominales, las pesas y todos los ejercicios que tan buen resultado les habían
dado durante mucho tiempo. Al final estaban muy satisfechos de haber vuelto a hacerlo.
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