lunes, 22 de junio de 2026

Una nube viviente


Pues como ya es junio hace un sol espléndido en todo el Retiro. Es agradable venir—dijo Carolina a Fran.

Bueno, por aquí parece un poco nubla...—comenzó a decir Fran antes de observar que lo que en verdad sucedía era que se había metido en medio de un enjambre de moscas o mosquitos—. ¡Me cago en la leche! Esto es lo peor del verano.


Mientras seguía caminando Fran miró sus brazos y la parte del muslo que no le cubrían los pantalones cortos para estar seguro de que no le hubiera picado ninguno de aquellos pequeños chupasangres. Recordó los problemas que había tenido con los mosquitos alguno que otro año.


Habrá que ir pensando en comprar los antimosquitos o poner mosquiteras en las ventanas. Porque estas van a ser las únicas nubes que veremos en mucho tiempo.

Sobre todo aquí en Madrid. Este verano podríamos intentar salir a algún sitio.

Sí, y volver muy morenitos. Pero de momento somos pobres. Tenemos el pack de lo malo del verano con los putos bichos y en cambio la playa y los paseos marítimos o las excursiones nos quedan lejos. Pero bueno, tú últimamente de excursiones has tenido bastantes.

También puedes comprar helados.

No, que me estoy poniendo como una foca. A ver si al final voy a tener suerte de que no me vean en la playa con todas las lorzas colgando.

No, ni vas a ver el sol con todos los mosquitos.

Por lo menos podrían venir de un modo que fuera molón y espectacular. Yo que sé, una plaga de langostas de esas que cubren y devastan todo.

Los mosquitos también fueron una plaga bíblica, ¿eh?

Pues ni siquiera son una plaga con aspecto divino.




miércoles, 17 de junio de 2026

Videoteléfono

 


Aquel horrible sonido chirriante sobresaltó a Fran. Se puso a pensar qué podría ser. Se movió por toda la casa y al fin localizó el origen de aquel zumbido en el nuevo videoportero automático que habían instalado en las viviendas de su inmueble. Por él vio llegar a Juan de la calle. Se disculpó y le dijo:


Ya llego, ahora mismo te abro.

¡Ya era hora! No puede ser tan difícil apretar un puñetero botón!


Nuestro protagonsita observó el cuadrado plástico donde se enmarcaba el nuevo aparato sin ver nada. Por fin encontró una tecla con algo que parecía un dibujo esquemático de una llave. Apretó allí y vio a su hermano entrar.


Cuando suba me oyes—escuhó Fran decir a Juan por el telefonillo.


Efectivamente Juan se puso a despotricar cuando llego a casa. Que si Fran nunca se daba cuenta de las cosas, que si hay que enterarse y abrir, que ser más rápido...


¡Joder, que yo nunca había visto este aparato! No hay que ponerse así.

¡No me vengas con esas! ¿no sabes abrir un telefonillo?

Que sí, pero es que...


Aquí volvió a sonar el estridente zumbido que había sobresaltado a Fran. Sin duda seria Carolina.


Sí, es ella—dijo Fran—. La veo por la pantalla.

Pues déjame a mí que tú no sabes—dijo Juan—. A ver, ¿dónde hay que dar?

En la llavecita, Juan —dijo Fran.

¿En qué llavecita?

¡Coño, la tecla de abajo!

¿Cual?¿No sabes abrir ni decirme cómo?

¡Sí, que tú no sepas abrir también será mi culpa!—gritó Fran.




lunes, 15 de junio de 2026

Sufrieron por su arte

 


Llegó aquella famosa escena de Acorralado: Sylvester Stallone se rompió de verdad una costilla cayendo sobre las ramas de esos arboles. El grito que se le oye en la película es de dolor real. Fran, Juan y Coralia observaban la escena desde el sillon.


Por lo menos han dejado el grito original. Ya me imaginaba yo algo así como «¡Oh, Dios mio!»—comentó Juan.

Me sé otras escenas que salieron así de casualidad, como la de IndianaJones huyendo de la piedra enorme, que se tropezó Harrison Ford y dejaron el tropezón porque quedaba más guay—añadió Fran

Y yo oí la de Apocalypse Now, con Martin Sheen destrozándose la mano en el espejo—comento Coralia.


No eran popcas las películas donde un accidente o el retorcimiento del director convertían la actuación en realidad. Algunas muy desagradables, como en El Último Tango En París, o la de Alien que comentó Fran:


Ridley Scott organizó el desayuno del equipo de verdad sin decirles que el bicho saldría del pecho de John Hurt. Ponen cara de asombro real.

Hay muchas veces que nos asombramos y pensamo que qué bien actúan y las están pasando negras de verdad.—comentó Coralia.

Bueno, Fran, peor es en el Pressing Catch que tú veías donde encima nos reíamos cuando había lesiones de verdad y golpes reales.

Es que allí incluso se buscaban los golpes. Pero el caso más curioso que conocí yo es el de Martes y Trece en el sketch del café tacilla, donde Josema Yuste se estaba quemando las manos con un cadé hirviendo de verdad.

Joder, vamos a dejarlo, que hemos pasado de Spielberg a Martes y Trece. Pero sí, casos hay de gente que sufre por su arte.



miércoles, 10 de junio de 2026

El cacao maravillao

 


Nuestro protagonista observaba aquel bote. Parecía de cola-cao, y ciertamente no andaban muy lejos, pero era en un estado del producto que él nunca había conocido hasta que la tí Maria Cristina no trajo aquel producto. Era caco puro, amargo, como le gustaba a Carolina. Fran había probado una vez su contenido, no quedando muy contento.


Yo había oído que el fruto del cacao en el momento en que lo sacan del árbol sabía incluso a mango, pero este está amarguísimo.

Hombre, este ya lo han fermentado, triturado y es para hacer el chocolate. Pero hasta yo he tenido que ponerme un poco de azúcar porque no podía con él —dijo Carolina.

¿Y lo estás consumiendo? —pregunto Fran—. Porque yo no te veo tomarlo y yo sólo lo desayuné un dia para ver como era.

Sí, todos los días tomo varias dosis—comentó Catrolina.


Fran veía una y otra vez el bote en aquel estante sin que nadie lo tocara. Miró por internet como se hacía el chocolate desde el momento de la recolección del cacao.


Todavía le queda bastante por hacer —comento Fran—. Esto es como si te compras un bloque de mármol para hacer una esciultura.

Lo que sí noto yo es que me levanta mucho la moral—añadió Carolina.

Y para los antiguos mayas esto sería una fortuna porque usaban semillas de cacao como dinero. Pero me parece incómodo y malo.

Pues para mí es el cacao maravillao.

A ver si es verdad. Porque yo no lo veo avanzar en absoluto.

Porque no me ayudáis.






lunes, 8 de junio de 2026

Actualidad desfasada

 


Fran observaba en aquella librería de segunda mano la sección que más le gustaba: la de actualidad. Porque era en verdad curioso observar los libros de actualidad escritos hace años sobre temas que o han quedado desfasados, o han errado en sus predicciones, o, sencillamente, el tema no daba para tanto visto lo visto.


El de Efecto 2000 apocalipsis informatico me encanta —comentó Juan Gordal.

¡Anda que no se hicieron cábalas, cálculos y hasta relatos de cienci ficción! Luego no pasó nada, pero tampoco esta nada mal el de La Transicion II referido a la llegada de Aznar.

Y los de George W. Bush... ¡Parece mentira que luego llegue uno que le haga bueno.

¿Y alguien los comprará ahora?

Bueno, tú te pillaste uno de los estafadores que se hacían pasar por descendientes de la familia real rusa.

Sí, es cierto. Pero es que tenía curiosidad sobre cómo evolucionó ese caso, que además era una reedición de lo que había ocurrido en el siglo anterior donde muchos estafadores similares aseguraban ser el último «delfín»del Reino de Francia.

Los de familias reales siempre son curiosos, sí.


Aquí los dos hermanos repararon que en su país la información desfasada tenía un género muy particular, los libros laudatorios a miembros de la familia real que hab´kian sido ampliamente desmentidos por los acontecimientos posteriores, como todos los que mostraban al anterior monarca como un gobernante sabio y ejemplar, los que describían su matrimonio como una relación de absoluta confianza, etc. Pero uno llamó especialmente la atencion de Fran. Uno con el entonces príncipe heredero, actual Rey, en portada, de niño. El título decia: Un Rey para el siglo XXI.


Pues ese al menos acertó —comentó Juan.

Y no sé yo si es peor o más pintoresco que acertara o que hubiera fallado.




miércoles, 3 de junio de 2026

Mnojo mucho pirijil

 


Fran acabó de pagar sus compras en la frutería de debajo de su casa. Al soltar al dependiente pakistaní que atendía en la misma los doce euros que habían costado aquellas frutas y verduras le vino a la cabeza otra cosa que debía pedir. Y lo hizo:


Bueno, y un manojo de perejil, por favor.

¿Mnojo? ¿Siguro?—dijo el pakistani.

Como siempre me llevo.

Pero no mnojo. ¡Mnojo mucho! —respondió el pakistaní.


Aquello despertó la curiosidad de Fran, que quiso saber lo que entendía por manojo el frutero. De modo que insistió.


Bueno, tú dame el manojo.


Y para su sorpresa el asiático le sacó un ramillete de perejil más largo y ancho que un antebrazo humano. Fran se lo llevó sorprendido mientras el pakistaní esbozaba una sonrisa de pensar para sus adentros: "que conste que tú lo has querido". Como el perejil, de todas formas, lo daban gratis en esa frutería, Fran se fue contento, pero pensando lo que iba a hacer con toda esa cantidad de hierba.


Lo primero, pica para que lo tengamos con ajo como siempre, anda—le dijo Juan cuando se lo contó—. Y la próxima vez le pides un pellizco al pakistaní.

El resto creo que lo plantaré junto al que yo cultivo.

A lo mejor si tienes suerte en tres años te ha crecido la mitad de lo que te ha dado el hombre este.

Le llevaremos un manojo entonces.

No, que el es pakistaní, no gilipollas —sentenció Juan.



lunes, 1 de junio de 2026

El reto de la persiana

 


La verdad es que da otra impresión completamente distinta, ver tanta luz en tu cuarto y a veces llegando más lejos —comentó Carolina Gordal.

Cuando hemos hecho los ejercicios parecía incfreíble esa cantidad de luz en ese pasillo —añadió Juan Gordal

Pues todo el tiempo que hemos estado así con lo fácil que era subirla.


Fran había trasteado hacía algunos dias con la persiana de su cuarto, que llevaba un tiempo bajada, pues todos daban por sentado que con ese mecanismo roto no se podía subir. Pero nuestro protagonista había descubierto que haciendo un determinado movimiento era posible subir aquel dispositivo y desde hacía algunos días nunca se olvidaba de hacerlo al levantarse.


Es luz, pero parece que es verdad que el sol la hace sentir como distinta. La casa parece como más viva—comentó Carolina.

Y mi cuarto más amplio, con más sensación de libertad—añadó nuestro protagonista.

Pues a ver si no os olvidáis de arreglar la persiana, que así y todo no está bien —comentó Juan.


Esta aseveración enfrió los ánkimos de nuestro protagonista, pues si no había recordado que vinieran arreglarla cuando creía no tener luz, parecia más difícil acordarse de aquello ahora que sí que la tenían.


Bueno, he cobrado. A ver si los llamo—dijo Fran.

Tiempo has tenido, pero luz y luces no —comentó Juan Gordal

A mí la luz me da la vida, Fran —añadió Carolina—. Acuérdate porque si no a mí me da algo.


Nuestro protagonista asumió quenaquel arreglo era provisional y que faltaba que uno profesional arreglara de forma definitiva aquella persiana. Comenzaba el reto de acordarse de hacerlo. ¿Lo superaría?