miércoles, 28 de octubre de 2026

Los nuevos ojos de criador de hormigas

 

 

—Fran, te están
subiendo las
hormigas por
la pierna.
Quítatelas antes
de que te devoren
vivo —dijo
Juan a nuestro
protagonista.

Fran se sacudió

aquellos himenópteros

de sus pantalones, pero con cierta parsimonia y
desgana. Lo hacía con movimientos de manos pausados, como temiendo usar toda la
fuerza. Juan le dijo:

—¿Quieres pegar una sacudida fuerte ya y quitártelas? Anda que menos mal que aquí
no tenemos marabuntas de esas.
—Es que no quiero hacerles daño porque se parecen a las hormigas de mi granja —dijo
Fran.
Juan en principio se rio, pero luego contestó con sus habituales modos autoritarios: —¿Y por parecerse a Diez dejarías a un perro morderte los cojones? Venga no hagas
el imbécil, que a ver si la granja esa va a ser perjudicial para ti.

Fran intentó sacudirse una vez más el pantalón, pero mientras pensaba en las galerías
que habían construido los pequeños habitantes de su ciudad miniatura siendo
arrasadas, en su temor sacando a la reina de su sitio... No era tan fácil.

—Bueno, ha costado. Mira que si un día se te rebelan tus bichos te van a devorar sin
remisión, Fran. Deberías deshacerte de ellos —dijo Juan.
—Como toques a Catalina y sus súbditos te enteras. —De acuerdo, pero como te vuelva a ver hacer cucamonas a una hormiga te acuerdas. —¡Cucamonas no les hago ni a las mías! —Anda que quién me mandaría enseñarte los animalitos, qué monstruo he creado.

lunes, 26 de octubre de 2026

Una solución que no es tal


Fran observaba una vez más esa puerta de su armario caída en en suelo. Había 

intentado atornillar la jamba donde
iban las bisagras, pegarla con cola,
cambiarla por una nueva más fuerte...
No había manera de reparar ese armario.

—Tendrás que comprar uno nuevo, Fran
—le dijo Juan—. Este armario no da más
de sí.
—Pero tengo que meter allí la ropa y
tengo que protegerla. Y no quiero gastar
dinero en eso.
—Pues es lo que hay.

Fran se quedó pensando en aquello, pero

al ir más tarde hacia el baño pasó por el cuarto
de Juan y observó una realidad innegable: su hermano había quitado las puertas de sus
armarios hacía tiempo y no tenía problemas con organizar la ropa ni con la estética. Eso
era lo que decidió que debía hacer con su propio armario y lo dejó abierto por delante.

—Eres un vago y un dejado increíble, Fran —le dijo Juan cuando lo notó. —¡Pero si esta solución la he tomado de ti mismo! ¡El caso es censurar! —¡Vas a comparar el ambiente y la elegancia que tienen mis chaquetas y mis abrigos
con tus anoraks neumáticos! Una ropa así se esconde, no se luce.
—¿Pero vas a comparar mi estilo al vestir con el tuyo? ¿O con ni cuarto? Ocúpate de
lo tuyo que yo ya haré lo que tenga que hacer.
—¿Comprar otro armario? —Está bien como está. —Pues entonces comprar abrigos y chaquetas nuevas desde cero. —Vamos, gastar pasta en cantidad es lo que quieres que haga. —Eso, para que te des cuenta de lo que cuesta ganarla.

Fran pensó que podría haberle contestado muchas cosas a su hermano, pero lo cierto
es que a él tampoco le convencía ese armario sin puerta. Parecía que lo único que
podía hacer era, efectivamente, asumir el sablazo y en cuanto ingresara su próxima
paga reemplazar el armario.




miércoles, 21 de octubre de 2026

Javier Castillejo - Keith Mullings: El juez atrapa al asesino.

 "Tienes mala suerte. A mí me podían llamar el juez porque lo mismo detengo a los asesinos... como a los fantasmas".

(Javi Castillejo respondiendo a Mullings en la rueda de prensa, cuando este dijo que le llamaban

 el asesino porque quien se enfrentaba a él moría como boxeador) 


 

—La decisión fue dividida, pero
yo creo que es el mejor combate
que vi nunca a nuestro Lince
—comentaba Fran.
—Yo no sé cómo trajeron aquí
al americano. Era una de las
estrellitas de aquel momento.

Los dos hermanos hablaban
del combate que el 29 de
enero de 1999 enfrentó al
púgil español y al
norteamericano por el título
superwelter CMB. Mullings
llegaba tras una
sorprendente victoria
contra Terry Norris.
Algunos, entre ellos
el mítico promotor
Bob Arum ya querían
ponerlo ante De la Hoya. Pero aquel día el Lince desplegó todo su talento en
la Cubierta de Leganés.


—Parece una tontería,
pero fueron muy
listos creándole
aquí una especie
de Las Vegas
en pequeño
con todas
las estrellitas
de la farándula
del momento
y esa estética
—comentaba
Juan.
—El inteligente
fue Castillejo,
que desplegó
toda su
técnica, pero
encima hacía
desplantes
y gestos de cara a la galería. Era imposible que en Estados Unidos no le vieran.
—Y esos golpes al cuerpo tan característicos de Castillejo, que tampoco es que fuera uno
de los grandes especialistas, pero sabía perfectamente cómo cortar la respiración a sus
rivales.
—Además permitió comparar dos estilos de boxeo, el europeo y el americano de primera mano. —Seguramente Arum y Mullings creían que venían aquí de paseo a ganar una pelea y
a promocionarse contra De La Hoya.
—Quien a la larga acabó ante De La Hoya fue nuestro Javi. —También demostró valentía, que eso lo aprecian mucho en el gran circo de Las Vegas. —Aun así me deja un poco frío la victoria por decisión dividida. —Sí, pero vale tanto como otra cualquiera, y Castillejo hizo un combate inconmensurable.
Fue su lanzamiento definitivo para las grandes peleas.
Como siempre, este blog les ofrece un vídeo para que ustedes juzguen. ¿Fue justa la
victoria de Castillejo? ¿Pecó de ingenuo el americano? Ustedes dirán.


Récord de Javier Castillejo, aquí.
Récord De Keith Mullings, aquí.

lunes, 19 de octubre de 2026

La criatura de Juan.

 

 

—Míralo cómo ha crecido.
Y él sólo se ha enderezado
y busca el sol
—dijo
Juan hablando del ficus
que había surgido de
los despojos de la
poda de su lugar de
trabajo.
—Algo tendrá que ver
lo que yo he hecho
—dijo Fran molesto
por sus olvidos.
Aquella planta estaba
convirtiéndose en un
arbusto sano y hermoso,
algo que nadie hubiera
creído posible cuando
Juan trajo aquellas dos ramas mustias de la poda en su lugar de trabajo y que Fran convirtió en
un esqueje. Le había buscado un lugar cerca de la ventana, lo regaba con frecuencia
manteniéndolo con la tierra húmeda, pero a petición de Juan no había puesto un tutor que
enderezara la curvatura que traía.
—Se ha enderezado sólo, buscando el sol. Es un superviviente. —Espero que si Coralia te da un hijo estés la mitad de orgulloso... Y que no tenga que cuidarlo
y alimentarlo yo como ha pasado con el ficus.
—Fran, regarlo lo podía hacer cualquiera. Tu aportación ha sido poner un palitroque a sostenerlo
y no le ha hecho falta para nada.
—¡Podía haberlo hecho cualquiera, pero lo he hecho yo! Tu orgullo es una planta más de las
que yo he criado y cultivado.
—Míralo además cómo se gira al sol. Sabe perfectamente lo que necesita. —Sí, pero el lugar en la ventana también se lo di yo —Sólo necesitaba una oportunidad y yo se la proporcioné. —De acuerdo, lo has hecho de maravilla. Si no fuera porque él no tiene la culpa dejaba de
regarlo mañana.


miércoles, 14 de octubre de 2026

Un repipi y pelota virtual.

 


¡Qué idea

tan maravillosa!

Milinko Pantic

fue un jugador

singular porque

tenía un don a
balón parado

que parecía

inimitable. A continuación te detallo los mejores lanzadores a
balón parado de la actualidad para que escojas tú mismo el que más se parezca.

Fran le había planteado una simple comparación de aficionado a aquella IA, pero esta
le había dado la lista que le haría cualquier borracho de barra de bar. Por otro lado
los elogios cursis que le daba constantemente no le gustaban. Incluyendo, además,
a Messi y Cristiano Ronaldo, que ya estaban muy de vuelta. Fran se lo hizo notar a la IA:

Entiendo tu frustración. Eso demuestra que eres un aficionado auténtico que vive el
fútbol día a día. ¿Quieres que ciña mi lista a los menores de 25 años? ¿O que
profundicemos los puntos en común de Pantic con Messi y Cristiano?


Nuestro protagonista, pesando en lo cargante que sería una persona así de pelota,

propuso a Alex Baena y a Julián Álvarez en la lista que le ofrecía aquel monótono aparato.

¡Qué aportación tan buena! Has elegido además dos grandes jugadores del Atletico
de Madrid actual lo cuál hace aún más interesante la comparación. A continuación te
destaco sus puntos en común y tú escoges.
—Bueno, Fran. ¿Encuentras lo que buscas con la IA? —preguntó Carolina—. Ya te he
dicho que es difícil que te responda lo que quieres.
—Me da igual lo que me responda. Yo me conformaría con que dejara de lamerme el
culo cada vez que digo cualquier cosa.


lunes, 12 de octubre de 2026

La moneda perdida de Juan

 

 

—¿Pero qué habéis
podido hacer con
ella?
—gritaba
Juan rojo de
furia—. Es que
estaba
en una caja, con
un plástico
protector, con una
goma para
asegurarlo... ¡Y
está todo
menos la moneda!
—Eso es muy
difícil que se
pierda a menos
que nadie lo
haya sacado
intencionadamente,
Juan—contestó Carolina. E inmediatamente se volvió a nuestro protagonista con una
pregunta acusadora—.¿Has sido tú, Fran?
—A mí dejadme en paz. Yo no he tocado ahí. Eres tú quien ha estado andando con
las botellitas.

Los tres hermanos estaban buscando la moneda conmemorativa de el Incal de
Jodorowski que había adquirido Juan, pero ninguno tenía ni idea de cómo podría
haber desaparecido de ese modo, ya que, además, todos los ingenios que Juan
había ideado para protegerla seguían en su sitio. La verdad es que a menos que
nadie lo hubiera hecho aposta, y nadie tenía interés en ello, la desaparición de
aquel objeto fetiche.

—Carolina, tú estuviste andando entre las botellitas que están al lado. Sabes
que yo ni me acerqué—dijo Fran.
—En cuanto una intenta poner orden le echáis la culpa de todo—replicó Carolina. —A mí me da igual quién haya sido—intervino Juan—. Sólo digo que para un
capricho que me he dado no hay derecho a que me lo hayáis perdido así.
—Lo buscaremos. Pero quien estuvo andando allí fue Cárol. Ya sabes que yo
ni me acerco a tus cosas.
—No os acercáis pero las perdéis. Me gasté 120 euros en esa moneda y vais
y la fagocitáis. Sois monstruos.


Fran y Carolina estuvieron buscando aquella tarde mientras Juan Salía con
Coralia, pero no hubo forma, la moneda no apareció. Los dos hermanos
acabaron extenuados pensando en el disgusto de Juan.

—Bueno, más bronca que nos ha echado no nos puede echar —dijo Carolina. —Pero por eso yo no me acerco a nada suyo, ni sus botellitas ni nada. Mira
ahora en el berenjenal que estamos metidos.
—¿Y no habrá entrado aquí nadie, no? —Creo que sería muy raro que un ladrón entrara en casa y sólo se llevara
eso. Pero en todo caso, no vuelvas a acercarte a nada de Juan. Está vetado. Para
siempre.
—Es como esos ídolos malditos, sí.

miércoles, 7 de octubre de 2026

Ni peso ni tensión.

 


Por fin la farmacia

donde solía

acudir nuestro

protagonista

a controlar

su peso había

reabierto
tras las obras de

mejora que había emprendido. Fran observó que la báscula donde él solía
pesarse había sido cambiada por otra de color verde y, aparentemente, más compleja. Fran
se alegró al ver que, según una indicación que había, aquella báscula pesaba gratis. No era
que los 20 céntimos semanales que le suponía controlar su peso en la anterior fueran ruinosos,
pero siempre es mejor conseguir lo que uno quiere sin pagar. De modo que se subió a la
plataforma. La báscula empezó a emitir unos sonidos extraños y, pasados unos segundos,
una locución grabada advirtió a nuestro protagonista que ya podía recoger el papelito con
su peso, pero en la ranura donde debía aparecer no salió nada. Fran acudió al nuevo mostrador
donde observó que ya no estaba la familia de farmacéuticos que atendía antes allí y con la que
tenía confianza, sino dos chicos muy jóvenes con aspecto de estar contratados de la forma
más barata que permitiera ese sector.

—No puedo ver mi peso—dijo nuestro protagonista. —Sí, ya lo hemos dicho al responsable. Dice que cuando pueda la arreglará —respondió
aquella chavala rubia con un piercing en la nariz.

Fran comprendió que esa chica no era más que el último escalafón del establecimiento y
que no valía la pena protestarle. Se dirigió de nuevo a la báscula y observó que según las
indicaciones también tomaba la tensión. Bueno, esto también vale la pena controlarlo, se
dijo Fran. Se sentó y apretó el botón. Notó cómo se inflaba dentro del fragmento de tubo
donde debía meter el brazo algún tipo de acolchado interior. Y luego se quedó
parpadeando una lucecita, sin dar ningún ruido ni indicación.

—Eso no va bien desde que lo pusieron. A ver si lo arreglan —dijo la joven farmacéutica
desde su mostrador.

Fran había trabajado de último mono en varios sitios y sabía lo cargante que era que te
echaran en carga cosas sobre las que no tenías control. De modo que no quiso decir nada
a la chica. Pero salió de aquella farmacia maldiciendo las básculas gratis, las obras de
reforma y el nuevo modelo comercial de todo, que parece destinado a gastar lo menos
posible sea como sea.