Al llegar las siete de la tarde, Fran acabó con aquel quinto día del cursillo relativo a su trabajo
que estaba recibiendo. Juan Gordal le había cedido su cuarto para aquellas charlas online,
fuera del bullicio del resto de la casa. Era un buen detalle, aunque muchas veces Fran cedía de
modo similar sus propias dependencias. Al acabar observó la posición del flexo, el enchufe
donde había conectado el ordenador, el cargador del móvil... Procurando que todo se colocara
en su sitio. Posteriormente salió y se preguntó por qué él hacía todo aquello si casi siempre que
él cedía de modo similar su cuarto lo encontraba lleno de restos de comidas y meriendas y
botellas de refrescos que su hermano se tomaba allí. Sabía que no lo hacía con mala intención,
pero Juan siempre se escudaba en que él estaba trayendo dinero a casa y tenía un trabajo muy
esclavo que no le permitía recoger sus restos. La verdad es que yo no me he tomado nada
en su cuarto, pensaba Fran. Y me he tomado muchas más molestias de las que se toma él
por dejarlo todo como lo encontré. Al salir de la habitación Carolina y Juan le preguntaron:
—¿Qué tal hoy? ¿Te estás enterando? —Sí, y, por una vez, creo que estoy aprendiendo cosas útiles en estos cursillos. Pero, la
verdad, llegó un momento en que ya tenía ganas de salir de allí —dijo nuestro protagonista y se encaminó a la habitación, donde encontró un yogur vacío y una botella de Coca-cola. —¡Joder, Juan! Compara cómo dejo yo las cosas cuando estoy en tu cuarto y lo que haces
tú por toda la casa. —Vale, pero es que hoy he tenido que hacer unas fotocopias y he llegado muy cansado
del trabajo y... —Todo el mundo trabaja y no deja todo como si hubiera pasado un huracán.Juan recogió lo que había dejado en el cuarto de Fran y nuestro protagonista se preguntó qué
pasaría si, al día siguiente, él no dejaba todo en su sitio en el cuarto de su hermano. Pero no
quería hacer la prueba, pensaba que lo mejor para inculcar aquella lección era predicar con
el ejemplo.












