lunes, 4 de mayo de 2026

El grano

 

 

Muy bien, pues eso
era todo. Gracias
por su asistencia —dijo
aquel coacher o lo
que sea con
el cuál habían
citado a Fran en
su trabajo
No hay de qué, todo lo que sea para subir en el trabajo se hace con gusto—respondió nuestro
protagonista.
La verdad es que Fran estaba deseando pasar aquel trago. Es unja de las nuevas prácticas que
se ponen en marcha últimamente en las empresas. Una charla motivacional, o cursillo, o como
lo quieran llamar, teóricamente voluntaria pero que bien sabía Fran que si no acudía le tomarían
en cuenta en el futuro para ciertas cosas. Además había que preparárselas bien, vestirse como si
fuera uno a algo importante, etc. Era un alivio haber acabado con eso. Fran pasó al baño y
sintiéndose mucho mejor evacuó, más por la tensión soportada que por verdaderas ganas de
orinar y se dirigió al lavabo a lavarse las manos. Ahora sólo quedaba volver al puesto y...
¡un momento! ¿Qué era eso que veía en el espejo? Allí, en aquellas gafas que había llevado aquel
día porque las consideraba más adecuadas a la naturaleza del evento que las lentillas que solía
usar, había un enorme pegote blanco. ¿Cómo era posible que no lo hubiera visto ni se hubiera
dado cuenta en toda la jrnada? Se las quitó y observó que era nada menos que...¡un grano de
arroz! ¿Cómo había llegado allí? Seguramente de la cena del día anterior de huevos fritos con
arroz. Bueno, lo primero era limpiar bien las gafas pero... ¿había pasado a aquella charla tan
importante con un enorme pegote blanco en las lentes? Si era así la impresión no habría sido
muy buena. Pensando en ello y comiéndose la cabeza, Alejo, un compañero de trabajo, le
comentó:
Bueno, te has puesto de punta en blanco para todo. Espero que hayas contestado bien.No me he quedado en blanco —dijo nuestro protagonista traicionado por su subconsciente
que aún le hacía pensar en el pegote blanco.
Se nota que eres cuidadoso, inteligente... Seguro que han tomado nota, hombre.Espero que no —dijo Fran.


miércoles, 29 de abril de 2026

¡Es un extraño!

 

 

Pero no es el mismo
—comentaba Fran
con algo de
desasosiego
en la voz.
Pues ve a
reclamar, Fran.
No sé a quién.
A los del
cercanías, al
alcalde, a
un urbano...—respondió
Carolina Gordal
Fran estaba pendiente, como siempre que pasaba por esa zona desde hacía algún tiempo, del
gato negro de pelo largo de Atocha. Pero aquel día había otro enorme animal en su lugar. Un
gato regordete de pelo gris y negro en rayas. La verdad es que no había ninguna razón por
la que aquel gato fuera más o menos respetable que el otro, pero le creaba una extraña
intranquilidad a nuestro protagonista.
¿Es eso legal?—insistía Fran.No conozco la normativa, Fran—dijo Carolina—. Pero si, como tú creías, los de las oficinas
del tren cuidan al negro, este también habrá venido.
¿Pero tienen que ponerse allí, donde siempre está el otro?A ver, Fran, que son dos animales de la calle. Déjalos tranquilosPero es que no está el otro.Bueno, hombre. Ni que esto fuera Palestina con Israel. Es un puñetero gato que se ha ido. Al cabo de un rato, Fran terminó por asumir que el gato negro que él extrañaba no iba a
venir. Reanudó la marcha.
Espero que esté bien protegido en donde el tren.No, Fran. Los de la oficina son unos cerdos que han abandonado a su gato y lo han
cambiado por otro a capricho.
Bueno, a ver si está otro día. De momento aquí se queda éste.
-Pues resiste como los palestinos, qué quieres que te diga.





lunes, 27 de abril de 2026

El invento

 


Fran y Juan Gordal
observaban aquel
tenderete del
Rastro. Aunque
no contenía
comics
ni libros no
lo que ellos
buscaban
habitualmente
en sus visitas
al rastro, llamó
su atención,
ya que vendía
aparatos de tecnología antigua.
Algunos parecían sacados de películas de ciencia ficción de los 60 y 70 o de
las que ahora se llaman retro-futuristas.
Ya ves los teléfonos portátiles que había—dijo Juan—. Igualitos que los i-phone de
ahora.
Hombre, pero esa evolución quizás la imaginaran. Me sorprenden más las máquinas de
escribir eléctricas.
Yo llegué a tener una de esas.

Fran observó otro aparato que llamó su atención, ya que tuvo un período de vigencia muy
corto que él conoció:

Un télex. No duraron nada. El fax podía dar imágenes y en tiempos de internet ya son
como los carruajes de caballos.
Parece mentira, el telégrafo, uno de los inventos más revolucionarios de la etapa industrial
y ya no existe—dijo Juan Gordal

Y entonces Fran vio aquel aparato. Parecía una fusión de la máquina de escribir, una tele
muy primitiva, con una de aquellas pantallas gordas y un fonógrafo. Fran nunca había visto
un aparato similar:

¿Esto qué coño es? Parece un invento del profesor Bacterio.Pues yo tampoco lo sé. Vamos a preguntarle al de la tienda.


Mientras su hermano buscaba al dependiente, Fran escudriñaba el aparato a ver si encontraba
alguna toma de corriente o algo que le permitiera deducir su uso. Al fin vino juan con el
dependiente y señalando el aparato preguntó qué era y para qué servía. La respuesta del tendero
dejó atónitos a los hermanos:

Pues si os digo la verdad, yo tampoco sé qué es, pero por mi experiencia creo que podré
venderlo por 120 euros.
Fran y Juan se quedaron como en esas escenas de anime en que todos se caen de espaldas
cuando un personaje dice algi absurdo o sorprendente. Fran comentó:
No lo toques que los aparatos de Bacterio siempre provocaban catástrofes.


miércoles, 22 de abril de 2026

La mentira no sirve

 


Juan Gordal

devolvió a

nuestro

protagonista

aquella máquina

rasuradora

de barbas.
Se la pasaba

de vez en

cuando para

que la barba

no le creciera

más de la cuenta, para
que
«no se le pusieran barbas de integrista islámico», en palabras de Fran. Pero al
devolvérselo después de usarlo le hizo una pregunta, como mínimo, sorprendente.

¿Cuánto te has gastado en esta máquina nueva? Me alegro de que entrases en razón
sobre que la anterior era una mierda, pero te han debido soplar bastante.
¿Cómo dices? La máquina rasuradora nueva. ¿Cuánto te ha costado?


Fran miró sorprendido, pues no había habido ninguna compra. Era la misma rasuradora
con la que llevaba año y pico haciéndose los arreglos. Intentó explicárselo a Juan.

Fran, la anterior era blanca y yo te dije que no valía. ¿Cuánto te han soplado por una buena?De verdad que es la misma. La blanca se perdió hace mucho.Fran, esa no tenía ni caja y esta tiene. Venga, dímelo, que hay que controlar los gastos,

Lo cierto es que cuando hacía como año y medio Fran había comprado la máquina buena
había guardado la caja. Pero viendo a su hermano poco proclive a atender a razones,
decidió transigir.

Bueno, han sido 60 euros—dijo pensando para sus adentros que era un cobarde, pero
pensando que evitaría la confrontación.
¿Y para qué me dices una cosa por otra?

Fran comprendió que no iba a librarse en absoluto de las iras de su hermano y se lamentó
mil veces de haber cedido en aquella observación falsa. Ahora le tocaba aguantar a su
hermano crecido

Sabías que no iba a aprobar ese gasto ¿verdad?Eso no lo sé, pero lo que tengo claro es que no voy a volver a decir una cosa por otra.



lunes, 20 de abril de 2026

Una figura alegórica viviente

 


Llegó nuestro

protagonista a

aquella esquina.

Notó que

quizás ya

se había

puesto demasiado
abrigo para el

tiempo que hacía. Vio a dos palomas hacer las danzas amorosas que hacían en
esta época. Además los árboles estaban floridos y el suelo estaba tapizado de semillas de olmo.
Por suerte yo no soy alérgico, pensó, pero para algunos va a ser un tiempo jodido ahora. Y
entonces lo oyó. Aquel gemido le indicó que efectivamente había llegado la primavera. En aquella
esquina residía un disminuido al que su familia solía tener fuera en la terraza en los meses de
calor. A lo largo de todo el invierno nuestro protagonista había pasado por allí sin oírle, pero
allí estaba.

Me alegro de volver a verte—le dijo nuestro protagonista.

El hombre pareció no darse cuenta. Fran pensó en gritar más, pero sin saber siquiera su
nombre tampoco era cuestión de ponerse a alborotar la calle. El caso es que aquel rostro
y aquel sonido era el indicador más claro que había visto nuestro protagonista del tiempo
primaveral. Recordó representaciones en las que la primavera aparecía representada
como una especie de hada que volvía verde y frondoso todo lo que tocaba. No era así, la
primavera hecha persona era un hombre vestido siempre con camisa y vaqueros que
observaba desde un balcón y de vez en cuando emitía un grito.

La realidad suele ser más prosaica que las figuras alegóricas que usamos—dijo en su casa
cuando llegó.
Bueno, eso es lo de menos—le contestó Carolina—. Lo importante es que parece que se
acaba el frío.
No del todo. La primavera es imprevisible.Yo sólo espero que si vuelve el frío todavía en algún momento no dejen a ese hombre
helándose en la terraza.
Esperemos que no.

miércoles, 15 de abril de 2026

Malos tiempos (Carlos Giménez, 2007)

 

 

Bueno, Carlos Giménez
siempre es un autor al
que hay que leer, pero
a mí tanto mal rollo
no termina de
atraerme—comentó
Juan Gordal viendo
la nueva edición de
Malos tiempos.
Tú tienes una
buena. Pero si no
esta sería mejor.

Malos tiempos

recoge las

vivencias del

autor madrileño

sobre el desarrollo

de la Guerra
Civil durante la resistencia de Madrid y las posteriores consecuencias de la destrucción
en tiempos de la posguerra. Aunque nadie dudaba de la posición de Carlos Giménez en
el conflicto, lo cierto es que se esfuerza por dar una visión lo más completa de todo
abarcando a veces las razones que pueden llevar a gente buena a sumarse a las causas
más deleznables, los excesos de ambos bandos y la relación entre la gente antes y después.
Todo ello con el dibujo expresionista al que siempre nos ha habituado este autor.

El decía que se esforzaba por ser objetivo, que no neutral. Que nadie le pidiera jamás
neutralidad ante el fascismo—dijo Juan.
Pues me parece una definición muy acertada. Claro, quién mejor que él mismo para
describir lo que hace—contestó Fran.
Luego me parece interesante el recurso que usa, de un hilo conductor a través de
una familia como visión principal, pero intercambiando muchos personajes e historias
entre medias.
Para mí lo mejor es poner en relieve lo que costó que Madrid cayera y lo que se
vivió después. Y cómo los cobardes y oportunistas estaban creciditos.
Yo creo sinceramente que era el mejor dibujante posible para esto, por su estilo, por
ser madrileño y por haber vivido al menos las consecuencias, ya que no la guerra en sí.
Bueno, desde luego esta compra sería interesante para cualquier aficionado al cómic.Sí, pero si no tiene la edición anterior—sentenció Juan.

Ficha del cómic, aquí.

lunes, 13 de abril de 2026

Los cables del apocalipsis

 


Fran buscaba una
nueva clavija para
colocar en la
antena de la
televisión. La que
había
se había abollado
y no se podía
conectar bien.
¿Dónde tienes
eso?—preguntó Juan—. ¿En
tu caja de herramientas?
No, eso lo tengo en un neceser aparte, con repuestos y demás para estos caso. Es este
gris que tengo a mi cabecera de la cama —respondió Fran.
Al abrir el neceser un montón de útiles para diversos aparatos, cargadores de hace dos
décadas de diferentes formas de toma, cables multicolores y baterías de aparatos que ya
ni se usaban salieron a la vista de los dos hermanos.
Todo esto si lo vendieras en un puesto en el rastro igual te daban como poco 30 euros
—dijo Juan.
Lo sé, pero es que tengo la idea de que aún van a ser útiles.Sí, útiles ocupándote la bolsa y no dejándote ver las clavijas. Bueno, ¿me las pasas?Ten, aquí están. Juan colocó la clavija, pues según él todo lo que había ocurrido era culpa de nuestro
hombre que no había sabido colocar la anterior y al acabar reanudó la conversación.
Me dirás para qué te es útil a estas alturas un cargador de batería para enchufes británicos.Pues eso precisamente creo que es de lo más útil. Si yo tirase algo serían esos cables de
colores.
Bueno, pues tíralos.¿Y si un día necesitamos cable eléctrico qué?¿No lo has necesitado desde que se usaban ese tipo de adaptadores y cargadores y lo
vas a necesitar ahora? Si no quieres tirarlo al menos llévalo al Rastro.
Que no, Juan, que vale la pena tener repuestos.De acuerdo, cuando nos invadan los marcianos será muy útil. A veces Fran se sentía tentado de hacer lo que le decía su hermano, pero algo le llevaba
a seguir manteniendo ese repuesto. ¿Llegaría el día en que lo usara?