lunes, 10 de agosto de 2026

Yo leo mangas y eso

 

 

Pues aquí tienen joyas,
bocetos originales,
ediciones raras...
—comentó Juan a
esa chica joven
que le preguntaba
dónde estaban
los cómics en
el Rastro.

Fran observaba cómo su hermano intercambiaba sus

conocimientos con aquella veinteañera
vestida con una camiseta de Sailor Moon y el pelo

teñido. Era divertido porque Juan disimulaba
pero se veía que le estaban llevando los demonios con

aquella mozuela. Desde que la habían encontrado nuestros dos protagonistas habían observado

que no conocía nada de los comics Bruguera, que no sabía moverse por el Rastro, que los productos

que buscaba eran industriales...
Exactamente el concepto contrario del que abanderaban los dos hermanos.

¿Y cosas así, como figuras 3D, dónde podría encontrar?Pero vamos a ver—dijo Juan disimulando pero molesto de forma muy evidente para su
hermano —. ¿A ti te gusta el cómic o no?
Bueno, yo leo mangas y eso. Fran intervino y le indicó a la chavala dónde podría encontrar las figuras que buscaba. Luego
se quedó hablando con Juan:
¿Será la diferencia generacional? Es que yo no concibo que nadie que pretenda gustarle el
cómic no sepa de Larcenet, de Uderzo, de Bernet...—dijo Fran.
Se han criado en la era industrial y ya se creen.. Bueno, tú lo has oído, que el cómic es leer
mangas y eso.
Bueno, esa chica era muy joven, ya aprenderá. O no, porque acuérdate de esa camarera ya cuarentona que me vio con el extra de Hugo
Pratt y va y me pregunta qué tiene que ver con Toriyama.
Ya. Por lo menos eso nos alivia un poco de vernos como exageradamente Boomers. Puede uno no tener ni idea de tebeos, no pasa nada. Pero que no pretendan que la tienen, coño.


miércoles, 5 de agosto de 2026

La tía Maria Cristina una tarde en el Retiro

 

Bueno, ¿nos vamos a quedar aquí mucho tiempo más? —dijo Fran a los tíos Paco y Maria Cristina.

Se lo tienen que comer, no podemos dejar que se lo quiten.

Es que son las nueve y media, tíos —contestó Carolina Gordal


Cárol y Fran habían ido con sus tíos al Retiro a en una de sus visitas semanales. Hacía tres horas y media que se habían sentado en un banco para que los dos tíos ya mayores descansaran, pero entonces habían descubierto un pistacho que intentaban picotear los gorriones y las palomas alternativamente. La tía María Cristina había decidido partir de un pisotón el fruto seco para que pudieran comérselo al fin. Pero no quería en absoluto que se lo comieran las palomas sino los gorriones. Y desde entonces llevaba el grupo sentado viéndolo y la tía espantando a las aves más grandes cuando se acercaban y tratado de que los pequeños gorriones se comieran el fruto.


Tía —dijo nuestro protagonista—, cada vez que espantas a las palomas se piran también los gorriones. Y de verdad, tenemos que volver ya a casa.

¡No pienso dejar que estas petardas se lo lleven.

¿Qué se os ocurre para atraer a los gorriones, sobrinos? —preguntó el tío Paco.

Cuando vuelva a casa y descanse y cene me será mucho más fácil pensarlo —contestó Fran.

A ver si los que cenan son estos.


Los dos hermanos todavía tuvieron que insistir un buen rato hasta que sus tíos se decidieron a marchar. Al moverse aún la tía maria cristina se volvió atrás a espantar a la paloma que acudía al pistacho.


¡Lárgate! ¡No es para ti!

Tía, en serio, déjalo, no es tan importante—dijo Fran mientas la convencía definitivamente de irse.



Como la tía comentaba que le había dejado frustrada el no haber visto a los gorriones, y que no quería irse, Fran tuvo una idea:


Míralos, están picando.

¿En serio? Ya dije yo que me valdría la pena. ¿Dónde están?

Se han ido ya, tía—comentó nuestro protagonista haciendo gestos muy ostensibles a Carolina de que no dijera nada.


Cuando los dos hermanos emprendieron su marcha Fran dijo a su hermana lo que ella ya imaginaba:


No han venido, pero es que si no no nos íbamos de allí ni pasado mañana.

Me pregunto si esto no será ya de la edad.

Bueno, lo importante es que la hemos sacado de allí. Que ya se hacía de noche.





lunes, 3 de agosto de 2026

El método de Juan

 


Juan y Fran Gordal volvían de hacer una gran compra aquel sábado en el supermercado y de camino a la salida se preguntaban por cuál de las cajas de la línea saldrían.


Vámonos a esta —dijo Juan.

¿Esta? Bueno, de acuerdo—contestó nuestro protagonista—. Pero no veo razón para moverse allí ni...

Tú hazme caso.


Los dos hermanos se movieron y la cola avanzó tremendamente rápido. Juan le dijo a nuestro protagonista:


¿Ves en la caja donde ibas a ponerte tú aún no habríamos pasado del stand de las chuches. Mira donde está el que se puso antes que tú.

¿Y cómo sabías eso? —dijo Fran asombrado.

Porque la chica que atiende es más fea. Si la cajera es guapa va mucha gente y con muchos productos, pero cuando la cajera es más fea la gente rehúye.

¿En serio te has basado en eso?

Sí, en cualquier comercio cuando no veas claro cuál va más rápido, tiene menos gente, etc fíjate en las cajeras y ve por donde la más fea.


Fran salió del comercio riéndose y pensando en ello. También en que no era un buen chiste para contar en todas partes, pero de camino a casa vio una gasolinera, una panadería de las modernas con mil clases de pan y una pastelería y en todas ellas parecía cumplirse la teoría de Juan.


Pues podrían poner directamente orcos a atender y facilitaban mucho las cosas.

No, porque entonces la cajera fea no sería ninguna, hay que fijarse, Fran.

Claro, porque si no uno corre el riesgo de que la cajera cañón le ponga a mil en la cola.



sábado, 25 de julio de 2026

Mundiales a través del tiempo

 

Nuestro protagonista seguía una semana después mirando aquella nueva imagen del escudo de la selección de fútbol de su país. Allí, en lo alto del mismo estaba la segunda estrella. No podía creerlo. No debemos olvidar que Fran se había criado en una época del fútbol de su país donde pasar de los cuartos era la utopía insuperable. Hacía ya más de una década, recuerden, eso había cambiado, pero aquel verano se logró por segunda vez el campeonato del mundo. Y Fran aún miraba su vieja camiseta sin estrellas.



Todavía lo flipo. ¡Cómo ha cambiado todo! Italia, que ganaba los mundiales donde nadie destacaba, lleva tres sin ir

Sí, Fran —respondió Carolina—. Y es algo sorprendente para ti, pero es que...

Siempre lo vimos como algo lejano, inalcanzable, ¡Y van dos!

Pero Fran —intervino Juan Gordal—, lo que Carolina te quiere decir es...

Dela noche a la mañana. Antes la camiseta sin estrellas y ahora...

No ha sido de la noche a la mañana Fran. ¿No eres consciente de qué día es mañana?


De pronto Fran se estremeció recordando que al día siguiente cumpliría un años más. Que ya iba sumando su tiempo y por ello no era extraño que cosas que creía inherentes al mundo en que creció hubieran cambiado. Tras pensarlo durante un minuto dijo:


Sí, pero vosotros y mis amigos seguís ahí.

¡Claro que sí! —dijeron al mismo tiempo sus hermanos.

Conmigo tienes que elegir tu tarta —comentó Carolina

Y me tienes que decir qué camiseta con dos estrellas de mundial quieres—añadió Juan


A fin de cuentas, se dijo Fran, no todo lo que cambiaba era para mal y aún permanecían muchas de las cosas que siempre le habían reconfortado. Y cuando empezó a recibir mensajes de Marcelo, de Alberto, de Julián, el primo Mario... Sí, vio que siempre era una alegría seguir un año más con esa gente. Que fueran muchos más. Lo suficiente para ver a su selección cubrirse de estrellas.



miércoles, 15 de julio de 2026

Un golpe con estilo (Zach Braff, 2017)

 


¿Y no la encuentras un poco ingenua?—preguntó Juan a nuestro protagonista

Hombre, Juan. En la mayoría de películas de atracos donde los coches dan volteretas, se hacen piruetas imposibles y se esquivan balas de forma físicamente imposible nadie cuestiona nada. Así que en esta, que es con tres actorazos y mostrando quienes son los verdaderos ladrones, ¿qué más da eso?


La verdad es que Un Golpe con Estilo era una comedia muy propia del momento en que fue concebida. La historia gira en torno a tres ancianos a los que la desvergüenza de los bancos y otras instituciones finacieras ha dejado sin pensión y sin ahorros. Así que viendo el riesgo real de quedarse tirados en la calle y sin nada, deciden actuar por su cuenta y riesgo y atracar el banco de la ciudad para hacerse con un botín suficiente para cubrir sus necesidades durante los años que les queden de vida. Todo ello en tono de comedia y con unos personajes secundarios realmente hilarantes.


Para empezar vaya tres protagonistas. Porque Michael Caine y Morgan Freeman llegarán a los 250 años y seguirán teniendo carisma y dotes —dijo Fran.

Sí, y, además, no nos engañemos, todos estamos deseando que jodan a los bancos —contestó Juan.

El personaje del tío que atiende en el banco es también cojonudo. Un trepa asqueroso que desvalija ancianos y se acojona en cuanto alguien le planta cara.

No sé, quizás lo veo como un poco exagerado.

Bueno, pero es comedia. Y el plan y la ayuda que reciben de quien menos se lo esperan también es la leche. Y todo el rato mantiene o el suspense o la carcajada.

Está bien, tienes razón. Por otra parte no es muy habitual que en el cine de acción se de protagonismo a los ancianos.

Y además que salga bien. Desde luego, yo creo que de los últimos diez años una de las pelis que más me ha gustado—concluyó Fran.


Ficha de la película, aquí

domingo, 12 de julio de 2026

Calentamiento global en tus mismas manos

 


Fran observaba orgulloso aquel par de huevos fritos con puntilla y morcilla. Como siempre había pensado, era increíble que con tan poco esfuerzo e ingredientes saliera un plato tan delicioso. Sólo tenía un inconveniente que le recordó Carolina Gordal:


–—Se gasta mucho aceite con lo caro que va.

–—Sí, pero bueno, qué le vamos a hacer. Ahora lo pasaremos a la botella del aceite usado para llevarlo al punto limpio.


Fran se fue al baño a lavarse las manos y de pronto oyó a su hermana gritar asustada. Corrió y cuando llegó no creía lo que veía: la botella de plástico del aceite desechado estaba derritiéndose y deformándose en las manos de su hermana:


–—¡Aparta! –—gritó nuestro protagonista mientras buscaba una olla grande que contuviera el aceite que se escapaba del agujero de la botella y el plástico quemado.


Dejó la botella deforme en el fregadero y observó que, por lógica, también el embudo que él usaba para llenar la botella se había derretido.


–—Por esto dejo yo siempre el aceite en la sartén hasta después de comer, Loli. Si lo hechas caliente pasa esto.

–—¡Qué horror! Hay plástico quemado y aceite por todas partes. Esto nos va a joder los pulmones.

–—Pues espera ahora que se enfríe todo para que podamos recogerlo. Sal de aquí.


Los dos hermanos se sentaron a la mesa y Fran, mirando por la ventana vio el fortísimo sol y el calor que hacía en aquellos días en la ciudad. Aunque en aquel momento era un calor lógico en el mes en que se encontraban hacía unos días el calor había batido récords en toda Europa. Todo se debía, al parecer, al fenómeno del calentamiento global de su plantea.


–—Acabaremos como la botella de aceite–—pensó para sí.



martes, 7 de julio de 2026

Una lección vergonzosa

 


Aquel día estaba nuestro protagonista en el andén del metro esperando el convoy que le llevara a su trabajo y distraído mirando las noticias del Atleti y del mundo en el móvil, cuando una voz le sacó de sus pensamientos.


¿Le ayudo? preguntó aquel hombre a aquella madre.

Sí, gracias. Coja usted y subamos.


Nuestro protagonista sintió un arrebato muy desagradable de vergüenza y remordimiento por no haberse dado cuenta de que aquella mujer necesitaba ayuda para subir el cochecito de sus niños. Mientras veía a ese hombre subir con ella incluso pensó en ofrecer su ayuda pero no, había llegado tarde. Esa mujer ya estaba atendida y meter más gente en el embolado entorpecería en vez de ayudar. Él mismo lo había visto muchas veces cuando alguna persona sufría algún problema de salud y había personas que se arrimaban entorpeciendo a los equipos de socorro. Como queriendo confirmar sus pensamientos, una señora muy empingorotada agarró el cochecito por detrás y preguntó si podía ayudar y, por más que la madre necesitada le dijo que no hacía falta se, empeñó en agarrarlo y subir. Pues en la segunda oportunidad que he tenido de comportarme como un buen ciudadano he conseguido lo que quería, pensó para sí. Entonces llegó el metro y, perdido como estaba Fran en sus pensamientos, estuvo a punto de perderlo. Subió pensando que casi había perdido dos trenes en tres minutos. Se sentó en el vagón y volvió a enfrascarse en su móvil y otra pregunta volvió a sacarle de sus meditaciones.


¿Quiere sentarse?dijo aquella mujer a un anciano que andaba de pie.


Nuestro protagonista volvió a avergonzarse de no haber visto a una persona necesitada y ya empezaba a fustigarse a sí mismo mentalmente. Pero el anciano respondió:


No, gracias. Me bajo en la siguiente y prefiero estar a de pie.


Fran agradeció a los hados que le hubieran permitido pasar dos veces por la misma vergüenza sin sentirse del todo como un gusano, pero no dejó de darse cuenta de que debía ser más consciente del mundo que le rodeaba.