miércoles, 15 de julio de 2026

Un golpe con estilo (Zach Braff, 2017)

 


¿Y no la encuentras un poco ingenua?—preguntó Juan a nuestro protagonista

Hombre, Juan. En la mayoría de películas de atracos donde los coches dan volteretas, se hacen piruetas imposibles y se esquivan balas de forma físicamente imposible nadie cuestiona nada. Así que en esta, que es con tres actorazos y mostrando quienes son los verdaderos ladrones, ¿qué más da eso?


La verdad es que Un Golpe con Estilo era una comedia muy propia del momento en que fue concebida. La historia gira en torno a tres ancianos a los que la desvergüenza de los bancos y otras instituciones finacieras ha dejado sin pensión y sin ahorros. Así que viendo el riesgo real de quedarse tirados en la calle y sin nada, deciden actuar por su cuenta y riesgo y atracar el banco de la ciudad para hacerse con un botín suficiente para cubrir sus necesidades durante los años que les queden de vida. Todo ello en tono de comedia y con unos personajes secundarios realmente hilarantes.


Para empezar vaya tres protagonistas. Porque Michael Caine y Morgan Freeman llegarán a los 250 años y seguirán teniendo carisma y dotes —dijo Fran.

Sí, y, además, no nos engañemos, todos estamos deseando que jodan a los bancos —contestó Juan.

El personaje del tío que atiende en el banco es también cojonudo. Un trepa asqueroso que desvalija ancianos y se acojona en cuanto alguien le planta cara.

No sé, quizás lo veo como un poco exagerado.

Bueno, pero es comedia. Y el plan y la ayuda que reciben de quien menos se lo esperan también es la leche. Y todo el rato mantiene o el suspense o la carcajada.

Está bien, tienes razón. Por otra parte no es muy habitual que en el cine de acción se de protagonismo a los ancianos.

Y además que salga bien. Desde luego, yo creo que de los últimos diez años una de las pelis que más me ha gustado—concluyó Fran.


Ficha de la película, aquí

domingo, 12 de julio de 2026

Calentamiento global en tus mismas manos

 


Fran observaba orgulloso aquel par de huevos fritos con puntilla y morcilla. Como siempre había pensado, era increíble que con tan poco esfuerzo e ingredientes saliera un plato tan delicioso. Sólo tenía un inconveniente que le recordó Carolina Gordal:


–—Se gasta mucho aceite con lo caro que va.

–—Sí, pero bueno, qué le vamos a hacer. Ahora lo pasaremos a la botella del aceite usado para llevarlo al punto limpio.


Fran se fue al baño a lavarse las manos y de pronto oyó a su hermana gritar asustada. Corrió y cuando llegó no creía lo que veía: la botella de plástico del aceite desechado estaba derritiéndose y deformándose en las manos de su hermana:


–—¡Aparta! –—gritó nuestro protagonista mientras buscaba una olla grande que contuviera el aceite que se escapaba del agujero de la botella y el plástico quemado.


Dejó la botella deforme en el fregadero y observó que, por lógica, también el embudo que él usaba para llenar la botella se había derretido.


–—Por esto dejo yo siempre el aceite en la sartén hasta después de comer, Loli. Si lo hechas caliente pasa esto.

–—¡Qué horror! Hay plástico quemado y aceite por todas partes. Esto nos va a joder los pulmones.

–—Pues espera ahora que se enfríe todo para que podamos recogerlo. Sal de aquí.


Los dos hermanos se sentaron a la mesa y Fran, mirando por la ventana vio el fortísimo sol y el calor que hacía en aquellos días en la ciudad. Aunque en aquel momento era un calor lógico en el mes en que se encontraban hacía unos días el calor había batido récords en toda Europa. Todo se debía, al parecer, al fenómeno del calentamiento global de su plantea.


–—Acabaremos como la botella de aceite–—pensó para sí.



martes, 7 de julio de 2026

Una lección vergonzosa

 


Aquel día estaba nuestro protagonista en el andén del metro esperando el convoy que le llevara a su trabajo y distraído mirando las noticias del Atleti y del mundo en el móvil, cuando una voz le sacó de sus pensamientos.


¿Le ayudo? preguntó aquel hombre a aquella madre.

Sí, gracias. Coja usted y subamos.


Nuestro protagonista sintió un arrebato muy desagradable de vergüenza y remordimiento por no haberse dado cuenta de que aquella mujer necesitaba ayuda para subir el cochecito de sus niños. Mientras veía a ese hombre subir con ella incluso pensó en ofrecer su ayuda pero no, había llegado tarde. Esa mujer ya estaba atendida y meter más gente en el embolado entorpecería en vez de ayudar. Él mismo lo había visto muchas veces cuando alguna persona sufría algún problema de salud y había personas que se arrimaban entorpeciendo a los equipos de socorro. Como queriendo confirmar sus pensamientos, una señora muy empingorotada agarró el cochecito por detrás y preguntó si podía ayudar y, por más que la madre necesitada le dijo que no hacía falta se, empeñó en agarrarlo y subir. Pues en la segunda oportunidad que he tenido de comportarme como un buen ciudadano he conseguido lo que quería, pensó para sí. Entonces llegó el metro y, perdido como estaba Fran en sus pensamientos, estuvo a punto de perderlo. Subió pensando que casi había perdido dos trenes en tres minutos. Se sentó en el vagón y volvió a enfrascarse en su móvil y otra pregunta volvió a sacarle de sus meditaciones.


¿Quiere sentarse?dijo aquella mujer a un anciano que andaba de pie.


Nuestro protagonista volvió a avergonzarse de no haber visto a una persona necesitada y ya empezaba a fustigarse a sí mismo mentalmente. Pero el anciano respondió:


No, gracias. Me bajo en la siguiente y prefiero estar a de pie.


Fran agradeció a los hados que le hubieran permitido pasar dos veces por la misma vergüenza sin sentirse del todo como un gusano, pero no dejó de darse cuenta de que debía ser más consciente del mundo que le rodeaba.



domingo, 5 de julio de 2026

Varias generaciones de fútbol cara a cara

 


Una vez más el mundial estaba aquí. Fran, que ya iba teniendo cierta edad recordaba la gran diferencia que había entre la forma de vivir este evento antes y después de que su país ¡al fin! lograra ganar una edición. En los años de la famosa maldición de los cuartos que habían supuesto aproximadamente la primera mitad de la vida de nuestro protagonista, cuando llegaba el gran torneo había ilusión, sí, pero la posibilidad de ver a la selección campeona parecía una utopía. Desde 2010, en cambio, la esperanza y la ilusión parecía mucho más realista. Sobre todo cuando la selección venía de ganar el último torneo disputado. En aquella edición, sin embargo, nuestro protagonista no podría ver el primer partido. Ahora trabajaba. Pero cuando salió observó a la gente que venía de verlo comentar que las cosas no habían ido bien. De pronto el ambiente en la calle era mucho más sombrío. Por fin una televisión de un bar se cruzó en el camino de Fran y le aclaró el desastre: España había empezado empatando a cero con Cabo Verde. Desde luego no era lo que el país esperaba. Fran entonces giró la cabeza y vio a aquella chica de unos 20 años con los colores de la selección pintados en la cara y la expresión de circunstancias. Pero recordó: en el famoso mundial donde todo cambió, su país no empezó empatando sino aun peor: perdiendo contra Suiza. Él mismo, el propio Fran, recordaba haber estado en el lugar de aquella veinteañera, con la cara pintada de la selección sintiéndose como si llevara puesta en la frente una etiqueta de perdedor.


Pero nosotros ganamos el mundial—pensó para sí—. Que aprendan lo de la generación Z.

Joder —dijo a sus espaldas otra voz de otro joven—. Yo vi de muy crio a España ganar el mundial. Yo quiero volver a verlo ya.

¡La España de los 80 y 90 te daba yo!—dijo Fran, por lo visto en tono más alto de lo que creía.

¿Cómo?—preguntó aquel chaval.

Nada —contestó Fran algo avergonzado—, que esto no ha hecho más que empezar, ya verás cómo no ha para tanto.


Los días que siguieron dieron la razón a nuestro protagonista, pero lo cierto es que el mundial parecía ahora más lejano que hacía unas semanas, porque la selección había mostrado sus vulnerabilidades, mientras otros equipos parecían muy entonados ¿Cómo acabaría eso? A través de épocas, países y generaciones el fútbol apasionaba a todos. Más cuando los tíos María Cristina y Paco comentaron a Fran lo que habían oído en su reciente viaje a Italia:


Muchos italianos decían que su hijo, o sobrino, o nieto tenía 11 años y nunca había visto a Italia en un mundial.


Así que incluso una de las grandes históricas del torneo estaba pasando una época incluso peor que la famosa maldición de cuartos. El fútbol es cíclico.



miércoles, 1 de julio de 2026

La niña jirafa

 


No me gusta que lleves eso así —dijo esa madre a aquella niña de unos diez años—. No has nacido en la tribu de las mujeres jirafa esas, así que no tienes porqué hacerte daño en el cuello.

Pero a mí me gusta, mamá. Y no me hace daño.


Fran se reía observando la escena y asombrado ante el gusto de aquella infante por ese collar tan feo y que a ojos vista le apretaba el cuello. Al mismo tiempo vio a un hombre pasear un perro y recordó que hacía tiempo los collares que solían llevar los canes había sido cambiados por arneses de hombros precisamente para evitar axfisiarlos. Una medida de clemencia que había tenido la sociedad con los animales domésticos no la quería esa niña para sí misma. Como adivinando los pensamientos de nuestro protagonista, su madre dijo:


Te voy a poner una correa y a pegarte un tirón cada vez que te vea con eso.

Que no me molesta, mamá, de verdad.

Pues yo voy a hacer que te moleste.


Fran las perdió definitivamente de vista y recordó un reloj que él había tenido más o menos en la misma época en que tenía la edad de esa niña que le daba alergia, pero que se negaba a quitarse. Pensó en que la obstinación de aquella niña se le pasaría el día que se viera una marca en el cuello en el espejo. Incluso él recordaba que al perro Trece que tuvo en tiempos le pilló ya muy mayor el cambio de paradigma y parecía preferir su collar de hierro al arnés. La única forma de que cambiara llegó cuando aquel collar reventó por el uso. Sí, eso era. Lo que debía hacer la madre de esa niña era reventar el collar antes de que le dejara una marca en el cuello. Y yo igual debería hacer lo mismo con este cinturón que llevo. Pero bueno, yo puedo adelgazar, esa niña no puede cortarse un trozo de cuello.



lunes, 29 de junio de 2026

Colocarse en el trabajo

 


Fran seguía atento a su trabajo y sus tareas cuando aquel olor se hizo presente. Hacía algunas semanas se hubiera asustado por ese olor a cosméticos y productos de limpieza, pero ahora ya había interiorizado que cuando ocurría eso era porque la señora de la limpieza, muy eficaz y hacendosa, limpiaba el puesto de trabajo vecino.


Antes aquí esperaba para venir, pero desde que Ramírez teletrabaja hace su labor normalmente—explicó a nuestro personaje Jesús Sacristán, su superior.

Bueno, me da igual. Lo único es que los primeros días me asustaba que ese olor pudiera ser que hubiera algún escape o avería.

Si hay una avería ya me enteraré yo, que ese es mi trabajo.


Fran siguió tomando notas en su ordenador, aunque aquella ráfaga de olor como a esmalte se le había subido un poco a la cabeza y le mareaba para escribir. Incluso había cometido algunas faltas de ortografía normalmente impensables en él. Quien lea este documento, pensaba, va a creerse que soy un analfabeto. Sin embargo la misma mujer de la limpieza le sacó de sus pensamientos:


Avísame cuando acabes que le toca a esto un fregote por la pantalla.

Fran resolló y disimulando un gesto de contrariedad respondió:


Está bien, pero acaba rápido, por favor.


Mientras aquella mujer frotaba hacendosa pantalla y teclado, otro olor, en esta ocasión de goma quemada vino de otra zona de la oficina.


Ahora sí que se nos quemaba un ordenador, pero ya está controlado —dijo Sacristán.


Por lo menos, pensaba Fran, podría quemarse todo entero y librarnos de trabajar unos días. Cansarse y colocarse a la vez no debe ser bueno.



miércoles, 24 de junio de 2026

Cenizas (Álvaro Ortiz, 2012)

 


Se suele decir que en este cómic hay mucho de las road movies, lo cuál es muy evidente, pero sobre todo yo veo esa especie de realismo mágico y sobrenatural que siempre transmite Álvaro Ortiz—comentó sobre Cenizas nuestro protagonista.

A mí me asombra el uso que hace aquí de los paisajes y escenarios el, un autor que nunca ha destacado por su detalle —respondió Juan.


Cenizas era uno de los mejores trabajos del autor maño. Partiendo de la idea de tres amigos treintaañeros que deben emprender un viaje para cumplir la última voluntad de un amigo fallecido, Ortiz nos transporta por un viaje lleno de aventuras, personajes inolvidables y reflexiones profundas, siempre con el trasfondo sobrenatural característico de su autor.


Creo que te gusta porque aparte de todas las virtudes que siempre tiene Ortiz es divertido.

Los personajes secundarios me recuerdan mucho a los Coen.

Es un cómic muy cinematográfico, casi todas las referencias que usas, como ves, son de películas.

Pero es asombroso lo bien que se adapta el dibujo aparentemente simple de Ortiz a todos los escenarios y situaciones que nos aborda aquí. Y cómo se mezcla lo onírico con lo real, como él hace siempre.

Para mí todo eso de los estilos de dibujo es secundario. Da igual el método que use uno, si es bueno consigue lo que quiere.

Pero Ortiz destaca mucho más como guionista, no me lo negarás.

Los personajes principales también quizás estén un poco trillados, pero los lleva tan bien que uno simpatiza con ellos desde el primer momento

Y otro género más que ha tocado Ortiz. A ver si después de los cómics de críos que hace da otra vuelta en su carrera.

Si se decide a hacer el cómic ese de Caravaggio que pensaba hacer.

Puede ser.



Ficha del cómic, aquí