—Pues como ya es junio hace un sol espléndido en todo el Retiro. Es agradable venir—dijo Carolina a Fran.
—Bueno, por aquí parece un poco nubla...—comenzó a decir Fran antes de observar que lo que en verdad sucedía era que se había metido en medio de un enjambre de moscas o mosquitos—. ¡Me cago en la leche! Esto es lo peor del verano.
Mientras seguía caminando Fran miró sus brazos y la parte del muslo que no le cubrían los pantalones cortos para estar seguro de que no le hubiera picado ninguno de aquellos pequeños chupasangres. Recordó los problemas que había tenido con los mosquitos alguno que otro año.
—Habrá que ir pensando en comprar los antimosquitos o poner mosquiteras en las ventanas. Porque estas van a ser las únicas nubes que veremos en mucho tiempo.
—Sobre todo aquí en Madrid. Este verano podríamos intentar salir a algún sitio.
—Sí, y volver muy morenitos. Pero de momento somos pobres. Tenemos el pack de lo malo del verano con los putos bichos y en cambio la playa y los paseos marítimos o las excursiones nos quedan lejos. Pero bueno, tú últimamente de excursiones has tenido bastantes.
—También puedes comprar helados.
—No, que me estoy poniendo como una foca. A ver si al final voy a tener suerte de que no me vean en la playa con todas las lorzas colgando.
—No, ni vas a ver el sol con todos los mosquitos.
—Por lo menos podrían venir de un modo que fuera molón y espectacular. Yo que sé, una plaga de langostas de esas que cubren y devastan todo.
—Los mosquitos también fueron una plaga bíblica, ¿eh?
—Pues ni siquiera son una plaga con aspecto divino.

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