miércoles, 23 de septiembre de 2026

El tesoro de Carolina

 


―¿Te das cuenta de
lo que he
encontrado,
Fran? Hacía
años que
no veía este
sujetador.
Nuestro
protagonista
observaba la escena
con asombro y
alivio. De modo
que el gritería que
había proferido
Carolina en su
cuarto no se debía más que a haber encontrado aquella vieja prenda, que como cabía esperar
estaba en un estado propio de haber desaparecido durante años.
Bueno, lávalo y quítale la pelusa que encima te vas a escocer las tetas si te lo pones
―dijo nuestro protagonista.
Si lo he encontrado es que va a pasar algo maravilloso.Sí, que tendrás más mudas. Anda, no me des la brasa y échalo a lavar.Pero, ¿te das cuenta de que llevaba cinco años o así sin él?Bueno, me la trae floja. Yo también perdí, y del todo los que llamaba mis calzoncillos
mágicos y te aseguro que se supera.
Esos estaban ya hasta desteñidos, Fran. Este está perfecto y me va a poner otra vez
irresistible como estaba.
Bueno, pues me alegro de que para recuperar tu esplendor haga falta tan poco. Y algunos
volviéndose locos por la eterna juventud.
Fran se olvidó del asunto hasta dos días más tarde. Entonces se encontró a su hermana
frotando frenéticamente el sujetador en la ducha. Entonces entendió que con Carolina
aquel hallazgo era todo un acontecimiento. ―¿Pero qué haces? ¿por qué no usas la lavadora?En la lavadora desaparecerá. Voy a seguir conservándolo.Bueno, yo sólo te digo que hagas lo que quieras con tus caprichos y tus tonterías, pero
que no nos enteremos los demás ―sentenció nuestro protagonista, que creyó que era
mejor dejar a su hermana con su ilusión y no insistir para poner en orden cosas que no
eran suyas.


domingo, 20 de septiembre de 2026

Riesgos de la afición al cómic

 


Una vez más

Fran observó

la estantería

de una tienda

de tebeos

donde se

exhibían
números de

la antología

de Snoopy

que estaba expuesta en una balda. Y una vez más veía que se acababan en el año 82.

Nada, Fran. Tampoco la encuentro por Wallapop. Vas a tener que comprarte otra
vez la colección ―dijo Juan.
Pero es que era muy buena y tengo hasta los años 80. Es dejarla incompleta justo
al final.
Bueno, pero están sacando otra edición que no es mala.¿Y encima tendré que deshacerme de los que ya tengo? Son fácilmente 200 pavos.Ponla a la venta. Ya viste que yo te compré el tomo tres de Akira. Se puede hacer.Pero es una putada. Fran recordaba la máxima de su hermano de no empezar a comprar una colección
de cómic hasta estar seguro de que la editorial la sacaba entera, porque podían
ocurrir cosas como esa. Pocas cosas causaban más desazón que no poder acabar lo
que se había empezado y que se había llevado adelante con disciplina e ilusión a la vez.
Te lo digo siempre, Fran. Aquí ves por qué.Pero eso no era factible en esta colección. Tu sabes que se comprometieron a sacar
un número nuevo cada medio año y llevarlo a cabo en más de 12. No iba a esperar tanto.
Ya lo ves. Como si hubieras tenido que esperar 30 años. Ahora te has quedado colgado.¿Y cuánto tardará en salir completa la nueva edición?No puedo saberlo. Así que comprar una de las tiras para bien o para mal más presentes e influyentes del
siglo XX se había convertido en un asunto de fe. Fran se tragaba la rabia que sentía en
aquel momento a la industria editorial. Pensaba que habían tirado todo su esfuerzo y
dinero por el retrete. Pero era un riesgo que se corre en la afición de los comics. Y
parece incontrolable. Al final, como en toda actividad, los que mueven el dinero son
los que provocan los problemas.


lunes, 14 de septiembre de 2026

La camiseta pródiga

 

 

Muchas gracias,
Fran. Sabía que
la encontrarías
—dijo Juan Gordal
mientras miraba
y remiraba
aquella camiseta
que tanto le gustaba.
Bueno, no es
eso lo que me dijiste.

Fran recordaba
todas las veces
que Juan le
había llamado monstruo destructor, alimaña, plaga, etc por haber perdido esa camiseta. La
prenda era una de las favoritas del armario de Juan, y se había traspapelado tras poner
nuestro protagonista una de sus coladas. Juan había montado en cólera casi todos los días
por la mañana desde entonces y nuestro protagonista una y otra vez prometía que la
encontraría pero eso no ocurrió hasta aquel día donde se dispuso a ordenar otra
remesa de ropa recién lavada. Cuando se la llevó esperaba que Juan se alegrara de
verla, pero se limitó a esa recepción tan fría.

Hombre, me la habías perdido, qué menos que encontrarla. Y trataste de ignorarme
muchas veces.
No, desde el principio te dije que la encontraría, pero que no debíamos obcecarnos.Bueno, déjala ahí y vete.

Fran cumplió y salió de la habitación de su hermano pensando en lo que habría hecho
él en ese caso. Entonces Juan le llamó:

¡Ah, Fran!Dime.Que mañana te voy a preparar un arroz para agradecerte esto.Bueno —dijo Fran sonriendo—Ya sabes que puedo pasarme sin ello.


El girasol subnormal

 

 

Pero es que míralo
—dijo Fran
señalando aquella
minúscula
florecilla
amarilla
con pétalos
ralos y
marchitos—.
¿Es eso un
girasol? ¿Qué
pipas voy
a sacar de allí?
Bueno, Fran, a mí me parece bonito —contestó Carolina—. Y supongo que al plantar
girasoles en la terraza no esperarías una explotación de pipas y aceite.
Pero tampoco que el girasol saliera subnormal.

Carolina rompió a reír oyendo a Fran definir así aquella planta. Fran se refería con este
apelativo a ese girasol, que más que girasol parecía una margarita reseca. Esa planta
había sido la primera que había sembrado y esperaba la clásica flor radiante que parecía
un sol y luego tener un buen capítulo floral lleno de pipas, aunque era consciente de
que existían variedades de esas flores puramente compactas y ornamentales y otras de
pipas. Si hubiera aparecido una flor estéril desde el punto de vista de las semillas, pero
hermosa, seguramente también le hubiera alegrado. Pero no era ese el caso.

Bueno, mira el ficus que trajo Juan, que era un despojo de podar otro donde trabaja
y aquí se ha convertido en una planta boyante —le dijo Carolina.
Sí, y, curiosamente, Juan lo quiere muchísimo.Pues tendrás tú que cuidar tu girasol.Bueno, habrá que quererlo, como se quiere a un hijo salga como salga. Pero el
ficus al menos podía crecer. Mi girasol ha crecido y sigue deforme.
Pues córtalo si tanto te disgusta.No, voy a ser justo. Le daré una oportunidad. Pero cuando compre semillas
para sembrar tendré que acordarme de cogerlas de otra variedad de girasol.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

La máquina del tiempo (Carlos Giménez, 2017)

 


En principio yo
diría que es una
obra que no le
pegaba mucho
a Carlos Giménez,
con
su estilo tan
expresionista
—dijo Fran al
acabar de leer
la adaptación
de La Máquina
del tiempo
del autor madrileño.
Hombre —le
corrigió Juan—, ya
le hemos visto
desarrollar sus
obras mayores por
otros derroteros, pero había tocado muchas veces la ciencia ficción.


Y así, en 2017, Carlos Giménez, ya de vuelta de todo y pensando en cerrar toda su
obra de modo que quede concluida, decidió hacer una adaptación del clásico de
H.G. Welles. Como decía Fran parecía poco probable que un mundo de seres tan
inertes y apáticos como los eloi y tan aparentemente estúpidos como los morlocks
ofrecieran un buen campo de acción a un autor que destacaba por el detalle en su
dibujo y su expresividad máxima, pero lo cierto es que una vez más Carlos
Giménez logra trasladarnos a la aventura del Crononauta que, esperando encontrar
la sociedad más perfecta y evolucionada, se embarcaba hacia el futuro en la máquina
de su invención, para descubrir un mundo dividido entre dos razas irreconciliables
y en un estado perpetuo de guerra sumamente particular y arrastrando los mismos

defectos y bajas pasiones que la humanidad de todos los tiempos.

Hombre, los rostros de Carlos Giménez son muy visibles una vez se descubre
la civilización subterránea —dijo Juan.
Y la maquinaria que nos presenta es también muy propia de su estilo.Lo mejor es que, al contrario que otras adaptaciones del clásico, Carlos Giménez
no tiene miedo a transmitir la ideología marxista de Welles. El crononauta original
pensaba encontrar la sociedad comunista perfecta.
Evidentemente, Carlos Giménez está mucho menos asustado con eso que las
productoras cinematográficas americanas de los 50 y los 60.



Ficha del cómic, aquí.

lunes, 7 de septiembre de 2026

El Dalí viviente

 


Nuestro protagonista
caminaba detrás de
aquel sujeto por
la calle. No podía
dejar
de mirar un tatuaje
que llevaba en la
parte de atrás
de una de sus
piernas a la
altura del
gemelo. Es
que aquel trazo
de tinta era
imposible
determinar qué representaba. Primero la firma de la pierna, que Fran conocía
bien era indicadora que que aquel hombre había estado antes más gordo, con
lo cuál el tatuaje original se había deformado. Además debía haber sufrido algún
tipo de accidente que le había provocado una cicatriz que deslucía bastante el
trazo. El sujeto se encontró con otra chica tatuada, que debía ser su novia,
y ambos sacaron de dudas a nuestro protagonista.
Buenas tardes, mi Dalí —dijo ella.No me llames así, por favor.Si le admiras hasta tatuártelo por todo el cuerpo.


De modo que aquello era lo que representaba aquel dibujo irreconocible. Una vez que
lo supo, Fran cambió de idea. Resulta que si uno lo pensaba bien, aquel tatuaje no había
quedado deformado por todo lo que le había ocurrido. Por el contrario, considerando a
lo que hacía referencia, había acercado su forma y su color al mundo surrealista del
pintor catalán. Y de hecho lo había hecho tan llamativo que desde que él se había cruzado
con ese sujeto hasta que su pareja lo sacó de dudas no había dejado de pensar en ese
conjunto pictórico. De pronto pensó qué otros dibujos podrían ganar con aquello:
mutilados de guerra, chatarra... pero era muy poco probable que ninguna persona quisiera
alguna vez grabar aquellos motivos en su piel. Por contra otro chaval joven que se cruzó,
aparentemente hispanoamericano, le sacó de dudas: llevaba un calvario tatuado con cristo
y los dos ladrones. A Fran se le ocurrieron varias formas de mejorar su dibujo, pero todas
sería demasiado traumáticas, ya que, evidentemente, pasaban por dejar a ese chaval hecho
un Cristo. De pronto recordó que a él nunca le habían llamado la atención los tatuajes y
decidió olvidarse de ellos, ya que una vez que había pensado en aquel arte, si así podía
llamarse, le estaban sugiriendo pensamientos muy raros.








miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL tiempo y el dinero de la obra

 


¿Ya está, Cárol?
¿Lo dejas a
medias?
—preguntó
nuestro
protagonista
viendo
el resultado
del trabajo
de enyesado
del cuarto de
Don Luis
Gordal y Doña
Marta Palacios que su hermana había planeado durante días.
Tengo que parar aquí. Esta pared no la puedo arreglar yo. A esto tiene que
venir un albañil
Si viene un albañil va a querer hacernos todo el cuarto él —repuso nuestro
protagonista.

Que las paredes de aquella habitación necesitaban un arreglo era algo
notorio. Fran había empezado una vez ese trabajo, pero se quedó a
medias cuando se le acabó el yeso y sus hermanos le habían puesto
de vuelta y media por ello. Luego Carolina, que creyó que ella podría
hacerlo mejor decidió acabar el trabajo, pero se encontró que una de las
paredes tenía vacío y desconchones que ella no sabía reparar. Me ter a
un albañil en casa era lo que los tres hermanos, contando a Juan Gordal
querían evitar, pero parecía no haber salida.

Para esto lo acabo yo en un día —comentó nuestro protagonista en la cena.¡Antes de que te vuelvas a meter tu ahí dinamito la casa! Que además lo haces todo por la
espalda, tienes maldad —gritó Juan Gordal trayendo a la memoria de Fran las burradas que
en su día le había dicho cuando nuestro protagonista llevó a cabo el primer intento
Vamos a ver —terció Carolina—, está hecho a medias. Yo creo que lo que queda sí que
lo podemos pagar.
Pero si se mete un albañil querrá hacerlo todo —sentenció Fran¡Pues lo hace todo! Si lo hubiéramos hecho de primeras, mirad todo el tiempo que nos
hubiéramos ahorrado—gritó Juan—. Y dinero, que ahora lo que gastasteis en Yeso y
demás no ha servido de nada.
De acuerdo. Pero sólo digo que no volváis a decirme nunca que yo no tengo iniciativa
o no sé hacer las cosas —concluyó nuestro protagonista.