lunes, 23 de febrero de 2026

Carolina y los dátiles

 


Fran se levantó aquel día y se dispuso a desayunar. Como era su costumbre se sirvió una
ración de fruta y entre ella, unos cuantos dátiles de los que habían traído él y su hermano
Juan en su última compra. Cuando se fue a servir encontró unos restos de varios huesos
de dátiles.

Ahí os dejáis todo al comer—dijo Carolina 
Gordal—. Y encima a ver  por qué habéis
 traído tantos.Trajimos un paquete de los que había en el estante. Así es como vienen.Vamos a estar comiendo dátiles hasta que no salgan por las orejas y luego tendré yo 
que recoger los huesos.Bueno, no me vengas con esa, que tú también has cogido, ¿eh?He cogido tres y no lo he dejado todo lleno de huesos.De eso ya hablaremos con Juan, pero no creo que duren más de cinco días.

Fran se tomó su desayuno y recogió los restos. Luego llevó a la cocina los restos y los
platos de su desayuno y encontró a Carolina tomando un bol de uno de sus cereales de
herbolario con tres dátiles.

Bueno, parece que no te disgustan tanto, que no paras de comerlos.Porque si no no los vamos a quitar de encima ni en un año. Y no me los dejo por ahí.

Posteriormente Fran se puso a preparar la cena, pero cuando los sirvió encontró a su
hermana comiendo una enorme ración de dátiles.

Está visto que no se pueden traer, porque a ti te crean adición—dijo Fran.Ahora consumir los alimentos es adición. Si no hubierais traído dos kilos...Vale, pero cuando acabes recoge los huesos, que si no mañana me encuentro yo en 
el desayuno más de los que había en los palmerales de  Túnez—sentenció Fran.



 
 

miércoles, 18 de febrero de 2026

Una isla no tan lejana

 


Mientras realizaba una limpieza en su cuarto, nuestro protagonista pensaba en los diversos enseres

que, como siempre que realizaba ese tipo de tareas, aparecían en los rincones más
inverosímiles. Algunos parecían lógicos, como bolígrafos, monedas, u otros objetos que uno
lleva en los bolsillos y a los que no presta atención. Siempre aparecían monedas, a veces en
cantidades que te arreglaban alguna compra menor. Fran pensaba que podría hacer un mapa
de su cuarto como si fuera una suerte de isla del tesoro. La verdad es que los hallazgos seguían
una cierta lógica: bolígrafos y lapiceros solían aparecer bajo la mesa de trabajo. Las monedas
entre la cama y la pared, dónde nuestro protagonista solía echarse para leer o descansar. Las
prendas de ropa con las que ya no contaba en lugares recónditos de los cajones. Pensaba que
debería poner en su imaginado mapa las distancias, los procedimientos y alguna especie de
trampa para disuadir a los intrusos. Y luego esconder bien el mapa para que nadie pudiera
dar con él. En un momento dado se puso a dibujarlo pero luego pensó que, de todas
formas allí donde lo tenía, en su cabeza, era el mejor lugar para esconderlo. Además todo
aquello le estaba distrayendo de su tarea. Se puso a la «búsqueda del tesoro» y reanudó su
limpieza. Luego también habría que hacer una lista de herramientas y armas necesarias
para poder emprender la búsqueda. En vez de palas y picos haría que llevar una escoba y
un recogedor. Y tener cuidado de dónde se dejaban los enseres para no cubrir nada que se
estuviera buscando. Con todo esto pensaba que le faltaba también un escondite para un
cargamento de ron de especial calidad. Y entonces en un reducto del hueco de la pared y
la estantería apareció lo que jamás hubiera esperado encontrar: una botella de medio litro
de coca-cola sin abrir. Seguramente se la habría llevado allí su hermano Juan en algunas
de las sesiones de lectura y merienda que solía darse. El caso es que gracias a ello, Fran
había completado su fantasía y podía decir que ya tenía terminado su rudimentario
mapa del tesoro.

Bueno, una botella de ron centenario tiene más glamour, aura, o como quieran 
llamarlo, pero para un pirata de baratillo como soy yo esto ya vale.


lunes, 16 de febrero de 2026

Lo respeto, pero no lo entiendo

 


Tras realizar las tareas que tenía pendientes para aquel día, Fran regresó a casa
y se dispuso, siendo viernes como era a ver la película que pusieran en alguna
cadena de televisión. Solía consultar y elegir entre las de dos emisoras, que aquel
día de la semana eran dadas a emitir una cine clásico en general, y la otra español.
Llegó a casa y observó que su hermano Juan trabajaría aquel fin de semana, y se
acostaría consecuentemente pronto, y Carolina Gordal había vuelto a irse a casa de
Rafael, de modo que podría ver la película con completa tranquilidad y sin molestar
a nadie. Sin embargo, al consultar la película de cine clásico vio que alguien
tenía otros planes. La película a emitir sería My Fair Lady, película que Fran había
visionado ya por ser una obra maestra, o eso decían de su género, el musical, que
se alegraba de haber visto, pero en ningún caso deseaba volver a tragarse. En la de
cine español, aquel día habían optado por un concurso de comparsas de carnaval.
Así que todo su plan se había ido por los suelos. Por suerte, Fran era una persona
con muchas alternativas y ramas que tocar en sus gustos de ocio, pero mientras
pensaba qué libro, cómic, o película online se disfrutaría en lugar del cine,
dejó un par de las comparsas y bueno, habría que respetar todos los gustos y sabía
perfectamente que había gente muy fanática de los carnavales, pero ver a gente
adulta vestía de payaso Micolor haciendo versiones pretendidamente locuaces o
eróticas de canciones populares le resultaba un tanto grotesco y, sobre todo,
no entendía cómo había gente que podía preferirlo al cine. Al final se decantó
por un libro que recientemente había adquirido sobre la historia de su ciudad


Lo respeto pero no lo entiendo⸺ dijo repitiendo a Julio Maldonado, Maldini.


miércoles, 11 de febrero de 2026

Ilusionista pobre

 


¡¿Pero dónde
estará mi 
paraguas?!—gritó
 nuestro 
protagonista—. Es
 increíble, recuerdo
 haberlo traído.

Aquel invierno

se estaba

distinguiendo

por una profusión de días lluviosos que
sobrepasaba lo usual en la ciudad de nuestro protagonista.. Y esa mañana no era
una excepción. Fran tenía que salir rápido y necesitaba el paraguas.

Yo te dejo el mío —dijo Carolina, que estaba a punto de ponerse a teletrabajar—. Pero
 tiene que se con vuelta, ¿eh?No quiero el tuyo, Cárol, quiero el mío. Bueno, si no salgo hasta la tarde y tú te vas ahora, me parece que lo lógico es que lo
 uses tú.

Fran era reacio a llevarse el paraguas de su hermana, pero lo cierto es que no había en
aquel momento una alternativa mejor. Resoplando y enfadado consigo mismo agarró el
paraguas de Carolina y salió por la puerta. Al volver lo dejó secándose en la bañera.

Cuando quieras puedes cogerlo, Carolina.Gracias, luego lo haré,

Pasó el día y hasta bien entrada la tarde no salió la hermana de nuestro protagonista,
que se llevó el paraguas aunque ya no llovía.

Bueno, lo importante es que tú lo tienes —respondió Fran.Sí, a ver si aparece el tuyo.Para mañana, ahora ya me voy a poner de casa.

 Fran reunió sus ropas de casa y se estaba vistiendo, pero de pronto...¡No puede ser! ¿Dónde he dejado yo la parte de arriba del pijama que me iba a poner?Joder, lo haces desaparecer todo —respondió Carolina. Mira a ver si está tras tu cama...Ya he mirado y no aparece.Igual deberías montar un número como David Copperfield—le dijo Carolina.Sí, para no ser desaparecedor y encima pobre.



lunes, 9 de febrero de 2026

El flan que nadie quiso

 


Fran extrajo aquel
 flan del horno y
 lo contempló
 con delectación.
 Aquel día iba a 
venir a
 comer Coralia 
y se había dado 
la extraña
 coincidencia de que todos en casa estaban libres. Si el flan quedaba bien, Fran conseguiría 
un tanto insuperable. Al pasar y dejar el flan en 
la nevera observó los ingredientes que había utilizado. Leche, huevos y azúcar, por 
supuesto, vainilla, coco rallado y caramelo. Tenía en mente que debía pensar otros sabores
para darle la próxima vez que hiciera un flan, pero aquella vez iba a quedar magnífico.
¿Eso no tendrá que enfriarse? —dijo Carolina cuando llegó.Bueno, lo dejamos en la nevera y de aquí a que acabemos de comer tendremos un
postre estupendo—respondió Fran.Yo creo que deberías haberlo dejado hecho ayer para que hoy se pudiera comer 
bien—añadió Juan.Bueno, no te pongas a exigir encima, que t he solucionado el postre.Si Coralia te lo agradecerá, pero es que no sé si habrá tiempo.

La cuñada de nuestro protagonista llamó a la puerta cinco minutos después. Esta vez,
al contrario de como solía, no traía un cargamento de comida de su casa. Fran pensó que
disfrutaría con lo que él y sus hermanos le ofrecían.

Sólo he traído esta tarta de tres leches.

Fran observó con horror, que lo único que se le había ocurrido traer a su cuñada
aquella vez era precisamente un postre.

Bueno, Fran, nos lo comeremos mañana —dijo Juan.A mí me podrías dar uno para Rafael —añadió Carolina.¡De ningún modo!—gritó nuestro protagonista—. ¡Me lo tomaré yo como desayuno y
 merienda hasta que se acabe! Bueno, no te enfades que habrá más días.De acuerdo, pero además me voy a coger el pedazo más grande de tarta. Me lo he 
ganado. Y no sé si volveré a preparar otro flan.


miércoles, 4 de febrero de 2026

La Familia Churumbel (Vázquez, 1960)

 

 

No sé yo si hoy
 estos estereotipos 
son racistas ⸺dijo
 Fran al acabar aquel
 tomo
 del gran Manuel by 
Vázquez.Probablemente
 sí, pero Vázquez retrató
 también muchas veces
 a payos sinvergüenzas, 
vagos y tirados y presumía de serlo él mismo ⸺contestó Juan.Eso es verdad, se aplicaba a sí mismo lo que ponía.

Así analizaban ambos hermanos el tomo de ediciones B dedicado a La Familia Churumbel,
una de las muchas historietas de Bruguera que analizaban la familia como base

de la sociedad, aunque Vázquez le había dado una vuelta inventandouna familia de gitanos

exagerando todos los topicazos que siguen existiendo sobre la raza calé, más extendidos aún

en los 60, época de creación de la tira. Los gitanos de Vázquez hablan un caló muy

exagerado, se dedican a los robos y timos a baja escala, exceptuando el hijo mayor de

la familia, visto como una vergüenza por sus parientes, que trabaja contínuamente en

los oficios más diversos, y tienen una estructura típica de dos progenitores, un hijo mayor,

uno pequeño, un bebé que aún va a espaldas de su madre y ya aprende a realizar pequeños

hurtos, y un patriarca, el abuelo de la familia, muy similar en su aspecto a Don Polillo,

otro personaje de Vázquez, y que se dedica a robos de una magnitud inusitada.

La verdad es que si lo analizas bien no son más fulleros ni sinvergüenzas que otros
 personajes de Vázquez, pero el hecho de que sean gitanos les añade cierto estigma 
⸺insistió Fran.Eso puede verlo alguien superficialmente, pero los que conocemos Vázquez sabemos 
que en realidad está tratando a la raza calé exactamente igual que trataba a todos.Y como toda su obra con mucho dinamismo, ingenio y expresividad.Y el dibujo, que les va de maravilla a los personajes.Y acaban cayendo bien, no los pone de sinvergüenzas.Cierto, aunque también me gustaría saber cómo se quedarían los que le pidieran una
 historieta de una familia y recibieran esto.Sí, que aunque nos reímos mucho con ellas, todos sabemos por qué había tantas 
historietas familiares en la época dorada de Bruguera.
 

Ficha del cómic, aquí.

lunes, 2 de febrero de 2026

Tía María Cristina y los gorros

 


Fran acabó de arreglarse para dar aquel paseo con su tía María Cristina, que en un día tan
frío como aquel incluía varias prendas de abrigo. Cuando estuvo dispuesto acudió a la
llamada de su tía. Pero esta le sorprendió con una observación:

Quítate el gorro. No hace frío para gorro.¡¿Cómo?! Pero si estamos a 4ºCQuítatelo. No puedes ir así.Pero tía ⸺intervino Carolina Gordal,
 allí presente⸺. Si él tiene frío, ¿por qué 
no lo va a llevar?Ni él ni tú, que ese gorro de pompón te hace muy fea.


Haciendo causa común los dos hermanos salieron de casa abrigados a su gusto, pero la
tía María cristina no dejó de hablarles durante todo el paseo de que los gorros sólo eran
para los países nórdicos, que en Madrid no hacía frío, etc, etc. Los dos hermanos llegaron
a casa y Cárol habló sobre el particular.

¿Pero por qué ahora la ha tomado la tía con los gorros? ⸺preguntó Carolina.No sé, pero creía que me lo ibas a decir tú. Que la ha tomado también hasta con el 
gorro que te trajeron los reyes.

Al día siguienteCarolina se despertó y soltó una carcajada. Fran no pudo dejar de preguntar
de qué se reía.

Que me ha escrito la tía María Cristina y  me ha enviado una filípica antigorros que
 no sé.Joder, ha hecho su causa de ello. Bueno, yo me voy a una entrevista a ver si me dan 
un trabajo mejor.

Fran se había estado currando conseguir aquella entrevista, pues aunque ahora no le faltaba
trabajo quería mejorar en varios aspectos, sobre todo el horario. Pensando en lo que iba a
decir subió al metro y, a medio camino, recibió un mensaje en su móvil. Era la tía María
Cristina. En su mensaje decía: Mucha suerte, sobrino. Ni que decir tiene que a la entrevista
no se entra con gorros. Fran se río, pero para sus adentros pensó que tenía un problema. Ahora
habrá que tratar a la tía de paranoías obsesivas, se dijo.