—Muchas gracias,
Fran. Sabía que
la encontrarías
—dijo Juan Gordal
mientras miraba
y remiraba
aquella camiseta
que tanto le gustaba. —Bueno, no es
eso lo que me dijiste.Fran recordaba
—Hombre, me la habías perdido, qué menos que encontrarla. Y trataste de ignorarme
todas las veces
que Juan le
había llamado monstruo destructor, alimaña, plaga, etc por haber perdido esa camiseta. La
prenda era una de las favoritas del armario de Juan, y se había traspapelado tras poner
nuestro protagonista una de sus coladas. Juan había montado en cólera casi todos los días
por la mañana desde entonces y nuestro protagonista una y otra vez prometía que la
encontraría pero eso no ocurrió hasta aquel día donde se dispuso a ordenar otra
remesa de ropa recién lavada. Cuando se la llevó esperaba que Juan se alegrara de
verla, pero se limitó a esa recepción tan fría.
muchas veces. —No, desde el principio te dije que la encontraría, pero que no debíamos obcecarnos. —Bueno, déjala ahí y vete.Fran cumplió y salió de la habitación de su hermano pensando en lo que habría hecho
—¡Ah, Fran! —Dime. —Que mañana te voy a preparar un arroz para agradecerte esto. —Bueno —dijo Fran sonriendo—Ya sabes que puedo pasarme sin ello.
él en ese caso. Entonces Juan le llamó:








