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lunes, 14 de septiembre de 2026

La camiseta pródiga

 

 

—Muchas gracias,
Fran. Sabía que
la encontrarías
—dijo Juan Gordal
mientras miraba
y remiraba
aquella camiseta
que tanto le gustaba.
—Bueno, no es
eso lo que me dijiste.

Fran recordaba
todas las veces
que Juan le
había llamado monstruo destructor, alimaña, plaga, etc por haber perdido esa camiseta. La
prenda era una de las favoritas del armario de Juan, y se había traspapelado tras poner
nuestro protagonista una de sus coladas. Juan había montado en cólera casi todos los días
por la mañana desde entonces y nuestro protagonista una y otra vez prometía que la
encontraría pero eso no ocurrió hasta aquel día donde se dispuso a ordenar otra
remesa de ropa recién lavada. Cuando se la llevó esperaba que Juan se alegrara de
verla, pero se limitó a esa recepción tan fría.

—Hombre, me la habías perdido, qué menos que encontrarla. Y trataste de ignorarme
muchas veces.
—No, desde el principio te dije que la encontraría, pero que no debíamos obcecarnos. —Bueno, déjala ahí y vete.

Fran cumplió y salió de la habitación de su hermano pensando en lo que habría hecho
él en ese caso. Entonces Juan le llamó:

—¡Ah, Fran! —Dime. —Que mañana te voy a preparar un arroz para agradecerte esto. —Bueno —dijo Fran sonriendo—Ya sabes que puedo pasarme sin ello.


El girasol subnormal

 

 

—Pero es que míralo
—dijo Fran
señalando aquella
minúscula
florecilla
amarilla
con pétalos
ralos y
marchitos—.
¿Es eso un
girasol? ¿Qué
pipas voy
a sacar de allí?
—Bueno, Fran, a mí me parece bonito —contestó Carolina—. Y supongo que al plantar
girasoles en la terraza no esperarías una explotación de pipas y aceite.
—Pero tampoco que el girasol saliera subnormal.

Carolina rompió a reír oyendo a Fran definir así aquella planta. Fran se refería con este
apelativo a ese girasol, que más que girasol parecía una margarita reseca. Esa planta
había sido la primera que había sembrado y esperaba la clásica flor radiante que parecía
un sol y luego tener un buen capítulo floral lleno de pipas, aunque era consciente de
que existían variedades de esas flores puramente compactas y ornamentales y otras de
pipas. Si hubiera aparecido una flor estéril desde el punto de vista de las semillas, pero
hermosa, seguramente también le hubiera alegrado. Pero no era ese el caso.

—Bueno, mira el ficus que trajo Juan, que era un despojo de podar otro donde trabaja
y aquí se ha convertido en una planta boyante —le dijo Carolina.
—Sí, y, curiosamente, Juan lo quiere muchísimo. —Pues tendrás tú que cuidar tu girasol. —Bueno, habrá que quererlo, como se quiere a un hijo salga como salga. Pero el
ficus al menos podía crecer. Mi girasol ha crecido y sigue deforme.
—Pues córtalo si tanto te disgusta. —No, voy a ser justo. Le daré una oportunidad. Pero cuando compre semillas
para sembrar tendré que acordarme de cogerlas de otra variedad de girasol.


miércoles, 9 de septiembre de 2026

La máquina del tiempo (Carlos Giménez, 2017)

 


—En principio yo
diría que es una
obra que no le
pegaba mucho
a Carlos Giménez,
con
su estilo tan
expresionista
—dijo Fran al
acabar de leer
la adaptación
de La Máquina
del tiempo
del autor madrileño.
—Hombre —le
corrigió Juan—, ya
le hemos visto
desarrollar sus
obras mayores por
otros derroteros, pero había tocado muchas veces la ciencia ficción.


Y así, en 2017, Carlos Giménez, ya de vuelta de todo y pensando en cerrar toda su
obra de modo que quede concluida, decidió hacer una adaptación del clásico de
H.G. Welles. Como decía Fran parecía poco probable que un mundo de seres tan
inertes y apáticos como los eloi y tan aparentemente estúpidos como los morlocks
ofrecieran un buen campo de acción a un autor que destacaba por el detalle en su
dibujo y su expresividad máxima, pero lo cierto es que una vez más Carlos
Giménez logra trasladarnos a la aventura del Crononauta que, esperando encontrar
la sociedad más perfecta y evolucionada, se embarcaba hacia el futuro en la máquina
de su invención, para descubrir un mundo dividido entre dos razas irreconciliables
y en un estado perpetuo de guerra sumamente particular y arrastrando los mismos

defectos y bajas pasiones que la humanidad de todos los tiempos.

—Hombre, los rostros de Carlos Giménez son muy visibles una vez se descubre
la civilización subterránea —dijo Juan.
—Y la maquinaria que nos presenta es también muy propia de su estilo. —Lo mejor es que, al contrario que otras adaptaciones del clásico, Carlos Giménez
no tiene miedo a transmitir la ideología marxista de Welles. El crononauta original
pensaba encontrar la sociedad comunista perfecta.
—Evidentemente, Carlos Giménez está mucho menos asustado con eso que las
productoras cinematográficas americanas de los 50 y los 60.



Ficha del cómic, aquí.

miércoles, 2 de septiembre de 2026

EL tiempo y el dinero de la obra

 


—¿Ya está, Cárol?
¿Lo dejas a
medias?
—preguntó
nuestro
protagonista
viendo
el resultado
del trabajo
de enyesado
del cuarto de
Don Luis
Gordal y Doña
Marta Palacios que su hermana había planeado durante días.
—Tengo que parar aquí. Esta pared no la puedo arreglar yo. A esto tiene que
venir un albañil
—Si viene un albañil va a querer hacernos todo el cuarto él —repuso nuestro
protagonista.

Que las paredes de aquella habitación necesitaban un arreglo era algo
notorio. Fran había empezado una vez ese trabajo, pero se quedó a
medias cuando se le acabó el yeso y sus hermanos le habían puesto
de vuelta y media por ello. Luego Carolina, que creyó que ella podría
hacerlo mejor decidió acabar el trabajo, pero se encontró que una de las
paredes tenía vacío y desconchones que ella no sabía reparar. Me ter a
un albañil en casa era lo que los tres hermanos, contando a Juan Gordal
querían evitar, pero parecía no haber salida.

—Para esto lo acabo yo en un día —comentó nuestro protagonista en la cena. —¡Antes de que te vuelvas a meter tu ahí dinamito la casa! Que además lo haces todo por la
espalda, tienes maldad —gritó Juan Gordal trayendo a la memoria de Fran las burradas que
en su día le había dicho cuando nuestro protagonista llevó a cabo el primer intento
—Vamos a ver —terció Carolina—, está hecho a medias. Yo creo que lo que queda sí que
lo podemos pagar.
—Pero si se mete un albañil querrá hacerlo todo —sentenció Fran —¡Pues lo hace todo! Si lo hubiéramos hecho de primeras, mirad todo el tiempo que nos
hubiéramos ahorrado—gritó Juan—. Y dinero, que ahora lo que gastasteis en Yeso y
demás no ha servido de nada.
—De acuerdo. Pero sólo digo que no volváis a decirme nunca que yo no tengo iniciativa
o no sé hacer las cosas —concluyó nuestro protagonista.


domingo, 23 de agosto de 2026

¿Hormigas vagas?

 


—La gente mata
a las hormigas,
no las cría—decía
Carolina Gordal
a nuestro protagonista.
—Bueno, pues
son animales
fáciles de
cuidar, que
se quedan en
su sitio y
que no hacen
ruido. De modo
que no veo por qué no puedo tenerlas.

Así fue la llegada a casa de los Gordal Palacios de aquella granja de hormigas. Fran se había
interesado por ellas viendo algunos videos de internet. No atenderían por su nombre ni le
recibirían como lo hicieron en su día Coll, Trece y más recientemente Diez, pero construirían
una auténtica ciudad a su vista y serían fáciles de mantener. En cualquier caso nunca se
aburriría de verlas.

—Ahora voy a abrir el tubo de ensayo en el que venían —dijo Fran cuando acabó de poner
los accesorios del hábitat de su nueva y multitudinaria mascota.
—¿Les pondrás nombre a todas? —De momento hay quince y se espera que lleguen a ser casi 100 en un año. Creo que con
llamar Catalina la Grande a la Reina ya vale—dijo Fran, siempre con una gran curiosidad
sobre la historia de Rusia.

Cuando nuestro protagonista abrió el tubo en que llegaron los artrópodos empezaron a
moverse por la caja de forrajeo de su hormiguero. Las dejó y volvió tras una hora:
moverse por la caja de forrajeo de su hormiguero. Las dejó y volvió tras una hora:

—¿Han comenzado ya a cavar galerías? —preguntó Carolina. —Ya empezarán. Al día siguiente Fran volvió a mirar el hormiguero. Seguían sin salir. Bueno, ya
se decidirán
, pensó nuestro protagonista. Y así un día, y otro, y otro... Al cabo de
una semana Fran buscó en internet lo que ocurría.
—Dicen que cuando quieran ampliar la colonia o cuando acaben el agua del tubo se
decidirán, que puede tardar varios días —dijo nuestro protagonista.
—Joder, pues va a ser cierto eso de que las mascotas se parecen al dueño. Has logrado
las únicas hormigas del mundo que se quedan donde están sin hacer nada—comentó
Juan Gordal.
—Eres un genio, has logrado hormigas vagas—añadió Carolina riéndose. —Que no, coño, que dicen que es normal, que ya cavarán galerías. —De momento con que salgan del tubo confórmate —dijo Juan. Fran se lo tomó a risa, pero lo cierto es que se pasó varias semanas preocupado observando
la tardanza de sus hormigas, hasta que por fin decidieron fundar su hormiguero.


miércoles, 19 de agosto de 2026

Sergio "Maravilla" Martínez-Kelly Pavlik: llega una estrella al peso medio

 

 

—Y lo que le
costó que le
tuvieran en
consideración,
¿eh? —dijo
Juan Gordal
a Fran mientras
observaban
la victoria de
Sergio
“Maravilla”
Martínez frente
a Kelly Pavlik
en 2010.
—No es que no
lo considerasen,
es que le tenían
miedo, porque
el riesgo de
derrota era muy
alto y por desgracia no daba las bolsas de otros.

El boxeador argentino afincado en España se presentaba aquel día 18 de abril de 2010 en
Atlantic City, para disputarle los títulos CMB y OMB a Kelly Pavlik, un boxeador conocido
por su tremenda pegada y que parecía ser un rival tremendo para asentarse en el peso medio,
al que había subido desde el Superwelter. Pero desde el principio Maravilla empezó a
moverse y le provocó ya de salida un corte en una ceja que supuso una gran ventaja para
el argentino.

 

—Le dominó sin
piedad cuatro
asaltos—dijo Fran
—Sí, aunque
luego Pavlik
parecía poder
recuperarse
en los tres
siguientes
—contestó Juan.
—Hombre, yo
creo que
es normal
que un campeón
bueno como
Pavlik tenga
algún momento
bueno en el
combate, pero Maravilla tampoco llegó a pasar apuros.

—Sí, aunque la pegada de Pavlik siempre estuvo allí, y Maravilla llegó a comentar que la

primera vez que Pavlik le alcanzó fue la única vez en su carrera que realmente quería dejarlo
e irse a su casa.
—Bueno, hasta le tiró en el séptimo, pero más producto de un resbalón que de otra cosa. Y a
partir de allí, Maravilla recupera el aire y le somete otra vez de forma indiscutible. Y por si
había alguna duda le abre también la otra ceja.
—Y aquí Maravilla parece que empezó de verdad a llamar la atención de las promotoras
más importantes.
—Sí. Podríamos definirlo como una exhibición de domino, con algún momento que, además,
demuestra que el rival no era un piernas.
—Quizás, pero es una lástima que eso no le diera dinero a Maravilla. Como siempre, este blog les ofrece un video del combate para que juzguen ustedes. ¿Qué
piensan? ¿La pegada de Pavlic es tan demoledora? ¿Maravilla merecía más atención?
Juzguen ustedes mismos.


Récord de Sergio "Maravilla" Martínez, aquí.
Récord de Kelly Pavlik, aquí.

lunes, 10 de agosto de 2026

Yo leo mangas y eso

 

 

—Pues aquí tienen joyas,
bocetos originales,
ediciones raras...
—comentó Juan a
esa chica joven
que le preguntaba
dónde estaban
los cómics en
el Rastro.

Fran observaba cómo su hermano intercambiaba sus

conocimientos con aquella veinteañera
vestida con una camiseta de Sailor Moon y el pelo

teñido. Era divertido porque Juan disimulaba
pero se veía que le estaban llevando los demonios con

aquella mozuela. Desde que la habían encontrado nuestros dos protagonistas habían observado

que no conocía nada de los comics Bruguera, que no sabía moverse por el Rastro, que los productos

que buscaba eran industriales...
Exactamente el concepto contrario del que abanderaban los dos hermanos.

—¿Y cosas así, como figuras 3D, dónde podría encontrar? —Pero vamos a ver—dijo Juan disimulando pero molesto de forma muy evidente para su
hermano —. ¿A ti te gusta el cómic o no?
—Bueno, yo leo mangas y eso. Fran intervino y le indicó a la chavala dónde podría encontrar las figuras que buscaba. Luego
se quedó hablando con Juan:
—¿Será la diferencia generacional? Es que yo no concibo que nadie que pretenda gustarle el
cómic no sepa de Larcenet, de Uderzo, de Bernet...—dijo Fran.
—Se han criado en la era industrial y ya se creen.. Bueno, tú lo has oído, que el cómic es leer
mangas y eso.
—Bueno, esa chica era muy joven, ya aprenderá. —O no, porque acuérdate de esa camarera ya cuarentona que me vio con el extra de Hugo
Pratt y va y me pregunta qué tiene que ver con Toriyama.
—Ya. Por lo menos eso nos alivia un poco de vernos como exageradamente Boomers. —Puede uno no tener ni idea de tebeos, no pasa nada. Pero que no pretendan que la tienen, coño.


lunes, 3 de agosto de 2026

El método de Juan

 


Juan y Fran Gordal volvían de hacer una gran compra aquel sábado en el supermercado y de camino a la salida se preguntaban por cuál de las cajas de la línea saldrían.


—Vámonos a esta —dijo Juan.

—¿Esta? Bueno, de acuerdo—contestó nuestro protagonista—. Pero no veo razón para moverse allí ni...

—Tú hazme caso.


Los dos hermanos se movieron y la cola avanzó tremendamente rápido. Juan le dijo a nuestro protagonista:


—¿Ves en la caja donde ibas a ponerte tú aún no habríamos pasado del stand de las chuches. Mira donde está el que se puso antes que tú.

—¿Y cómo sabías eso? —dijo Fran asombrado.

—Porque la chica que atiende es más fea. Si la cajera es guapa va mucha gente y con muchos productos, pero cuando la cajera es más fea la gente rehúye.

—¿En serio te has basado en eso?

—Sí, en cualquier comercio cuando no veas claro cuál va más rápido, tiene menos gente, etc fíjate en las cajeras y ve por donde la más fea.


Fran salió del comercio riéndose y pensando en ello. También en que no era un buen chiste para contar en todas partes, pero de camino a casa vio una gasolinera, una panadería de las modernas con mil clases de pan y una pastelería y en todas ellas parecía cumplirse la teoría de Juan.


—Pues podrían poner directamente orcos a atender y facilitaban mucho las cosas.

—No, porque entonces la cajera fea no sería ninguna, hay que fijarse, Fran.

—Claro, porque si no uno corre el riesgo de que la cajera cañón le ponga a mil en la cola.



sábado, 25 de julio de 2026

Mundiales a través del tiempo

 

Nuestro protagonista seguía una semana después mirando aquella nueva imagen del escudo de la selección de fútbol de su país. Allí, en lo alto del mismo estaba la segunda estrella. No podía creerlo. No debemos olvidar que Fran se había criado en una época del fútbol de su país donde pasar de los cuartos era la utopía insuperable. Hacía ya más de una década, recuerden, eso había cambiado, pero aquel verano se logró por segunda vez el campeonato del mundo. Y Fran aún miraba su vieja camiseta sin estrellas.



—Todavía lo flipo. ¡Cómo ha cambiado todo! Italia, que ganaba los mundiales donde nadie destacaba, lleva tres sin ir

—Sí, Fran —respondió Carolina—. Y es algo sorprendente para ti, pero es que...

—Siempre lo vimos como algo lejano, inalcanzable, ¡Y van dos!

—Pero Fran —intervino Juan Gordal—, lo que Carolina te quiere decir es...

—Dela noche a la mañana. Antes la camiseta sin estrellas y ahora...

—No ha sido de la noche a la mañana Fran. ¿No eres consciente de qué día es mañana?


De pronto Fran se estremeció recordando que al día siguiente cumpliría un años más. Que ya iba sumando su tiempo y por ello no era extraño que cosas que creía inherentes al mundo en que creció hubieran cambiado. Tras pensarlo durante un minuto dijo:


—Sí, pero vosotros y mis amigos seguís ahí.

—¡Claro que sí! —dijeron al mismo tiempo sus hermanos.

—Conmigo tienes que elegir tu tarta —comentó Carolina

—Y me tienes que decir qué camiseta con dos estrellas de mundial quieres—añadió Juan


A fin de cuentas, se dijo Fran, no todo lo que cambiaba era para mal y aún permanecían muchas de las cosas que siempre le habían reconfortado. Y cuando empezó a recibir mensajes de Marcelo, de Alberto, de Julián, el primo Mario... Sí, vio que siempre era una alegría seguir un año más con esa gente. Que fueran muchos más. Lo suficiente para ver a su selección cubrirse de estrellas.



miércoles, 15 de julio de 2026

Un golpe con estilo (Zach Braff, 2017)

 


—¿Y no la encuentras un poco ingenua?—preguntó Juan a nuestro protagonista

—Hombre, Juan. En la mayoría de películas de atracos donde los coches dan volteretas, se hacen piruetas imposibles y se esquivan balas de forma físicamente imposible nadie cuestiona nada. Así que en esta, que es con tres actorazos y mostrando quienes son los verdaderos ladrones, ¿qué más da eso?


La verdad es que Un Golpe con Estilo era una comedia muy propia del momento en que fue concebida. La historia gira en torno a tres ancianos a los que la desvergüenza de los bancos y otras instituciones finacieras ha dejado sin pensión y sin ahorros. Así que viendo el riesgo real de quedarse tirados en la calle y sin nada, deciden actuar por su cuenta y riesgo y atracar el banco de la ciudad para hacerse con un botín suficiente para cubrir sus necesidades durante los años que les queden de vida. Todo ello en tono de comedia y con unos personajes secundarios realmente hilarantes.


—Para empezar vaya tres protagonistas. Porque Michael Caine y Morgan Freeman llegarán a los 250 años y seguirán teniendo carisma y dotes —dijo Fran.

—Sí, y, además, no nos engañemos, todos estamos deseando que jodan a los bancos —contestó Juan.

—El personaje del tío que atiende en el banco es también cojonudo. Un trepa asqueroso que desvalija ancianos y se acojona en cuanto alguien le planta cara.

—No sé, quizás lo veo como un poco exagerado.

—Bueno, pero es comedia. Y el plan y la ayuda que reciben de quien menos se lo esperan también es la leche. Y todo el rato mantiene o el suspense o la carcajada.

—Está bien, tienes razón. Por otra parte no es muy habitual que en el cine de acción se de protagonismo a los ancianos.

—Y además que salga bien. Desde luego, yo creo que de los últimos diez años una de las pelis que más me ha gustado—concluyó Fran.


Ficha de la película, aquí. 

miércoles, 24 de junio de 2026

Cenizas (Álvaro Ortiz, 2012)

 


—Se suele decir que en este cómic hay mucho de las road movies, lo cuál es muy evidente, pero sobre todo yo veo esa especie de realismo mágico y sobrenatural que siempre transmite Álvaro Ortiz—comentó sobre Cenizas nuestro protagonista.

—A mí me asombra el uso que hace aquí de los paisajes y escenarios el, un autor que nunca ha destacado por su detalle —respondió Juan.


Cenizas era uno de los mejores trabajos del autor maño. Partiendo de la idea de tres amigos treintaañeros que deben emprender un viaje para cumplir la última voluntad de un amigo fallecido, Ortiz nos transporta por un viaje lleno de aventuras, personajes inolvidables y reflexiones profundas, siempre con el trasfondo sobrenatural característico de su autor.


—Creo que te gusta porque aparte de todas las virtudes que siempre tiene Ortiz es divertido.

—Los personajes secundarios me recuerdan mucho a los Coen.

—Es un cómic muy cinematográfico, casi todas las referencias que usas, como ves, son de películas.

—Pero es asombroso lo bien que se adapta el dibujo aparentemente simple de Ortiz a todos los escenarios y situaciones que nos aborda aquí. Y cómo se mezcla lo onírico con lo real, como él hace siempre.

—Para mí todo eso de los estilos de dibujo es secundario. Da igual el método que use uno, si es bueno consigue lo que quiere.

—Pero Ortiz destaca mucho más como guionista, no me lo negarás.

—Los personajes principales también quizás estén un poco trillados, pero los lleva tan bien que uno simpatiza con ellos desde el primer momento

—Y otro género más que ha tocado Ortiz. A ver si después de los cómics de críos que hace da otra vuelta en su carrera.

—Si se decide a hacer el cómic ese de Caravaggio que pensaba hacer.

—Puede ser.



Ficha del cómic, aquí. 

miércoles, 17 de junio de 2026

Videoteléfono

 


Aquel horrible sonido chirriante sobresaltó a Fran. Se puso a pensar qué podría ser. Se movió por toda la casa y al fin localizó el origen de aquel zumbido en el nuevo videoportero automático que habían instalado en las viviendas de su inmueble. Por él vio llegar a Juan de la calle. Se disculpó y le dijo:


—Ya llego, ahora mismo te abro.

—¡Ya era hora! No puede ser tan difícil apretar un puñetero botón!


Nuestro protagonsita observó el cuadrado plástico donde se enmarcaba el nuevo aparato sin ver nada. Por fin encontró una tecla con algo que parecía un dibujo esquemático de una llave. Apretó allí y vio a su hermano entrar.


—Cuando suba me oyes—escuhó Fran decir a Juan por el telefonillo.


Efectivamente Juan se puso a despotricar cuando llego a casa. Que si Fran nunca se daba cuenta de las cosas, que si hay que enterarse y abrir, que ser más rápido...


—¡Joder, que yo nunca había visto este aparato! No hay que ponerse así.

—¡No me vengas con esas! ¿no sabes abrir un telefonillo?

—Que sí, pero es que...


Aquí volvió a sonar el estridente zumbido que había sobresaltado a Fran. Sin duda seria Carolina.


—Sí, es ella—dijo Fran—. La veo por la pantalla.

—Pues déjame a mí que tú no sabes—dijo Juan—. A ver, ¿dónde hay que dar?

—En la llavecita, Juan —dijo Fran.

—¿En qué llavecita?

—¡Coño, la tecla de abajo!

—¿Cual?¿No sabes abrir ni decirme cómo?

—¡Sí, que tú no sepas abrir también será mi culpa!—gritó Fran.




lunes, 15 de junio de 2026

Sufrieron por su arte

 


Llegó aquella famosa escena de Acorralado: Sylvester Stallone se rompió de verdad una costilla cayendo sobre las ramas de esos arboles. El grito que se le oye en la película es de dolor real. Fran, Juan y Coralia observaban la escena desde el sillon.


—Por lo menos han dejado el grito original. Ya me imaginaba yo algo así como «¡Oh, Dios mio!»—comentó Juan.

—Me sé otras escenas que salieron así de casualidad, como la de IndianaJones huyendo de la piedra enorme, que se tropezó Harrison Ford y dejaron el tropezón porque quedaba más guay—añadió Fran

—Y yo oí la de Apocalypse Now, con Martin Sheen destrozándose la mano en el espejo—comento Coralia.


No eran popcas las películas donde un accidente o el retorcimiento del director convertían la actuación en realidad. Algunas muy desagradables, como en El Último Tango En París, o la de Alien que comentó Fran:


—Ridley Scott organizó el desayuno del equipo de verdad sin decirles que el bicho saldría del pecho de John Hurt. Ponen cara de asombro real.

—Hay muchas veces que nos asombramos y pensamo que qué bien actúan y las están pasando negras de verdad.—comentó Coralia.

—Bueno, Fran, peor es en el Pressing Catch que tú veías donde encima nos reíamos cuando había lesiones de verdad y golpes reales.

—Es que allí incluso se buscaban los golpes. Pero el caso más curioso que conocí yo es el de Martes y Trece en el sketch del café tacilla, donde Josema Yuste se estaba quemando las manos con un cadé hirviendo de verdad.

—Joder, vamos a dejarlo, que hemos pasado de Spielberg a Martes y Trece. Pero sí, casos hay de gente que sufre por su arte.



lunes, 8 de junio de 2026

Actualidad desfasada

 


Fran observaba en aquella librería de segunda mano la sección que más le gustaba: la de actualidad. Porque era en verdad curioso observar los libros de actualidad escritos hace años sobre temas que o han quedado desfasados, o han errado en sus predicciones, o, sencillamente, el tema no daba para tanto visto lo visto.


—El de Efecto 2000 apocalipsis informatico me encanta —comentó Juan Gordal.

—¡Anda que no se hicieron cábalas, cálculos y hasta relatos de cienci ficción! Luego no pasó nada, pero tampoco esta nada mal el de La Transicion II referido a la llegada de Aznar.

—Y los de George W. Bush... ¡Parece mentira que luego llegue uno que le haga bueno.

—¿Y alguien los comprará ahora?

—Bueno, tú te pillaste uno de los estafadores que se hacían pasar por descendientes de la familia real rusa.

—Sí, es cierto. Pero es que tenía curiosidad sobre cómo evolucionó ese caso, que además era una reedición de lo que había ocurrido en el siglo anterior donde muchos estafadores similares aseguraban ser el último «delfín»del Reino de Francia.

—Los de familias reales siempre son curiosos, sí.


Aquí los dos hermanos repararon que en su país la información desfasada tenía un género muy particular, los libros laudatorios a miembros de la familia real que hab´kian sido ampliamente desmentidos por los acontecimientos posteriores, como todos los que mostraban al anterior monarca como un gobernante sabio y ejemplar, los que describían su matrimonio como una relación de absoluta confianza, etc. Pero uno llamó especialmente la atencion de Fran. Uno con el entonces príncipe heredero, actual Rey, en portada, de niño. El título decia: Un Rey para el siglo XXI.


—Pues ese al menos acertó —comentó Juan.

—Y no sé yo si es peor o más pintoresco que acertara o que hubiera fallado.




miércoles, 3 de junio de 2026

Mnojo mucho pirijil

 


Fran acabó de pagar sus compras en la frutería de debajo de su casa. Al soltar al dependiente pakistaní que atendía en la misma los doce euros que habían costado aquellas frutas y verduras le vino a la cabeza otra cosa que debía pedir. Y lo hizo:


—Bueno, y un manojo de perejil, por favor.

—¿Mnojo? ¿Siguro?—dijo el pakistani.

—Como siempre me llevo.

—Pero no mnojo. ¡Mnojo mucho! —respondió el pakistaní.


Aquello despertó la curiosidad de Fran, que quiso saber lo que entendía por manojo el frutero. De modo que insistió.


—Bueno, tú dame el manojo.


Y para su sorpresa el asiático le sacó un ramillete de perejil más largo y ancho que un antebrazo humano. Fran se lo llevó sorprendido mientras el pakistaní esbozaba una sonrisa de pensar para sus adentros: "que conste que tú lo has querido". Como el perejil, de todas formas, lo daban gratis en esa frutería, Fran se fue contento, pero pensando lo que iba a hacer con toda esa cantidad de hierba.


—Lo primero, pica para que lo tengamos con ajo como siempre, anda—le dijo Juan cuando se lo contó—. Y la próxima vez le pides un pellizco al pakistaní.

—El resto creo que lo plantaré junto al que yo cultivo.

—A lo mejor si tienes suerte en tres años te ha crecido la mitad de lo que te ha dado el hombre este.

—Le llevaremos un manojo entonces.

—No, que el es pakistaní, no gilipollas —sentenció Juan.



lunes, 1 de junio de 2026

El reto de la persiana

 


—La verdad es que da otra impresión completamente distinta, ver tanta luz en tu cuarto y a veces llegando más lejos —comentó Carolina Gordal.

—Cuando hemos hecho los ejercicios parecía incfreíble esa cantidad de luz en ese pasillo —añadió Juan Gordal

—Pues todo el tiempo que hemos estado así con lo fácil que era subirla.


Fran había trasteado hacía algunos dias con la persiana de su cuarto, que llevaba un tiempo bajada, pues todos daban por sentado que con ese mecanismo roto no se podía subir. Pero nuestro protagonista había descubierto que haciendo un determinado movimiento era posible subir aquel dispositivo y desde hacía algunos días nunca se olvidaba de hacerlo al levantarse.


—Es luz, pero parece que es verdad que el sol la hace sentir como distinta. La casa parece como más viva—comentó Carolina.

—Y mi cuarto más amplio, con más sensación de libertad—añadó nuestro protagonista.

—Pues a ver si no os olvidáis de arreglar la persiana, que así y todo no está bien —comentó Juan.


Esta aseveración enfrió los ánkimos de nuestro protagonista, pues si no había recordado que vinieran arreglarla cuando creía no tener luz, parecia más difícil acordarse de aquello ahora que sí que la tenían.


—Bueno, he cobrado. A ver si los llamo—dijo Fran.

—Tiempo has tenido, pero luz y luces no —comentó Juan Gordal

—A mí la luz me da la vida, Fran —añadió Carolina—. Acuérdate porque si no a mí me da algo.


Nuestro protagonista asumió quenaquel arreglo era provisional y que faltaba que uno profesional arreglara de forma definitiva aquella persiana. Comenzaba el reto de acordarse de hacerlo. ¿Lo superaría?



miércoles, 20 de mayo de 2026

La otra mitad del huevo

 


Fran lo miraba

con incredulidad.

Aquel huevo,

al estilo de

los Kinder,

que le habían

pasado

sus hermanos

tenía una

sorpresa en su interior,

como era lógico, pero lo

que Fran encontró
le dejó sin palabras:

—¡Una portería en miniatura! Sin muñequitos, pelo titas ni nada. ¿De qué te sirve esto si no
tienes un futbolín?
—Bueno, tampoco ibas a jugar mucho con ella ya a tu edad—dijo Juan. —Sí, pero no creo que lo quieran ni los niños de enfrente.

Fran recordó la colección de juguetes de los huevos Kinder que hizo de pequeño. Dos cajas
de galletas llenas de muñequitos, cochecitos, piezas sueltas y engranajes. Recordó como en
el interior de aquellas cajas algunas de las sorpresas habían perdido piezas y quedaban
inútiles para jugar, pero todas tenían un sentido. No como aquella portería que sostenía en
sus manos.

—Me da cosa tirarlo porque es plástico y está el medioambiente de plásticos como
está—comentó Fran.
—Pues los niños de enfrente lo cogerán—respondió Juan. —A mí se me ocurre los del bar de la otra calle, que tienen un futbolín. —Pero lo tienen completo. Bueno, guárdala y de algo servirá. —Creo que lo llevaré al punto limpio, aunque no sé en qué compartimiento irá. —Pues vale, hemos comprado el huevo para tirarlo. —No, el chocolate se puede comer y está bueno. —Por lo menos. Pero para eso traemos una tableta. —También es parte del huevo Kinder, aunque casi nadie se acuerde de ella—sentenció
Fran.

miércoles, 13 de mayo de 2026

Compra recurrente

 


—Y no te olvides
de lo que te he
pedido, ¿eh? —dijo
Carolina Gordal
a Fran cuando
éste salía
a la compra—. Casi
no nos queda.
—De acuerdo,
pero yo no sé
cómo todos
los días hay
que traer eso.

Las bolitas de limpieza de retretes eran sin duda un producto necesario en cualquier hogar.
Pero no había ocasión en que Fran saliera a la compra y que no se las pidiera su hermana.
Por suerte eran baratas, nada de gasto inasumible, pero Fran estaba seguro que si se
sumaran todas las que compraba al mes no bajarían de los 30 euros.

—Bueno, pues ya está. Así nuestros retretes seguirán limpios, relucientes y fragantes durante
mucho tiempo.
—Durante dos días, creo yo—contestó Fran. —Pues no meéis ni caguéis y no habrá que hacerlo.

Nuestro protagonista obró en consecuencia y, al día, siguiente, se gastó diez euros en
pastillas para aquel propósito. Las dejó en un armario del cuarto de baño. Cuando Juan
se quiso cepillar los dientes las encontró y no le hizo demasiada gracia.

—¡Tú no estás bien de la azotea! Mira todo el armario rebosante de pastillitas y la pasta de
dientes me ha costado como cinco minutos encontrarla.
—Seguro que en ese tiempo Carolina ya ha cambiado tres veces la pastilla —dijo nuestro
protagonista.
Unos pocos días más tarde, Fran se disponía a salir a su trabajo. Antes de irse Carolina le
pidió algo:
—A ver si traes pastillas de retrete, que casi no quedan. —¡Ni de coña!—dijo Juan—. Que luego lo llenáis todo con ellas. Fran pensó si no sería eso lo que ocurría, que Carolina no sólo las ponía en los retretes sino
por toda la casa. En todo caso, él ahora tenía que trabajar. Que sus hermanos resolvieran
el asunto entre ellos.