miércoles, 5 de agosto de 2026

La tía Maria Cristina una tarde en el Retiro

 

Bueno, ¿nos vamos a quedar aquí mucho tiempo más? —dijo Fran a los tíos Paco y Maria Cristina.

Se lo tienen que comer, no podemos dejar que se lo quiten.

Es que son las nueve y media, tíos —contestó Carolina Gordal


Cárol y Fran habían ido con sus tíos al Retiro a en una de sus visitas semanales. Hacía tres horas y media que se habían sentado en un banco para que los dos tíos ya mayores descansaran, pero entonces habían descubierto un pistacho que intentaban picotear los gorriones y las palomas alternativamente. La tía María Cristina había decidido partir de un pisotón el fruto seco para que pudieran comérselo al fin. Pero no quería en absoluto que se lo comieran las palomas sino los gorriones. Y desde entonces llevaba el grupo sentado viéndolo y la tía espantando a las aves más grandes cuando se acercaban y tratado de que los pequeños gorriones se comieran el fruto.


Tía —dijo nuestro protagonista—, cada vez que espantas a las palomas se piran también los gorriones. Y de verdad, tenemos que volver ya a casa.

¡No pienso dejar que estas petardas se lo lleven.

¿Qué se os ocurre para atraer a los gorriones, sobrinos? —preguntó el tío Paco.

Cuando vuelva a casa y descanse y cene me será mucho más fácil pensarlo —contestó Fran.

A ver si los que cenan son estos.


Los dos hermanos todavía tuvieron que insistir un buen rato hasta que sus tíos se decidieron a marchar. Al moverse aún la tía maria cristina se volvió atrás a espantar a la paloma que acudía al pistacho.


¡Lárgate! ¡No es para ti!

Tía, en serio, déjalo, no es tan importante—dijo Fran mientas la convencía definitivamente de irse.



Como la tía comentaba que le había dejado frustrada el no haber visto a los gorriones, y que no quería irse, Fran tuvo una idea:


Míralos, están picando.

¿En serio? Ya dije yo que me valdría la pena. ¿Dónde están?

Se han ido ya, tía—comentó nuestro protagonista haciendo gestos muy ostensibles a Carolina de que no dijera nada.


Cuando los dos hermanos emprendieron su marcha Fran dijo a su hermana lo que ella ya imaginaba:


No han venido, pero es que si no no nos íbamos de allí ni pasado mañana.

Me pregunto si esto no será ya de la edad.

Bueno, lo importante es que la hemos sacado de allí. Que ya se hacía de noche.





lunes, 3 de agosto de 2026

El método de Juan

 


Juan y Fran Gordal volvían de hacer una gran compra aquel sábado en el supermercado y de camino a la salida se preguntaban por cuál de las cajas de la línea saldrían.


Vámonos a esta —dijo Juan.

¿Esta? Bueno, de acuerdo—contestó nuestro protagonista—. Pero no veo razón para moverse allí ni...

Tú hazme caso.


Los dos hermanos se movieron y la cola avanzó tremendamente rápido. Juan le dijo a nuestro protagonista:


¿Ves en la caja donde ibas a ponerte tú aún no habríamos pasado del stand de las chuches. Mira donde está el que se puso antes que tú.

¿Y cómo sabías eso? —dijo Fran asombrado.

Porque la chica que atiende es más fea. Si la cajera es guapa va mucha gente y con muchos productos, pero cuando la cajera es más fea la gente rehúye.

¿En serio te has basado en eso?

Sí, en cualquier comercio cuando no veas claro cuál va más rápido, tiene menos gente, etc fíjate en las cajeras y ve por donde la más fea.


Fran salió del comercio riéndose y pensando en ello. También en que no era un buen chiste para contar en todas partes, pero de camino a casa vio una gasolinera, una panadería de las modernas con mil clases de pan y una pastelería y en todas ellas parecía cumplirse la teoría de Juan.


Pues podrían poner directamente orcos a atender y facilitaban mucho las cosas.

No, porque entonces la cajera fea no sería ninguna, hay que fijarse, Fran.

Claro, porque si no uno corre el riesgo de que la cajera cañón le ponga a mil en la cola.