Fran y Carolina Gordal observaron aquel revoltillo en las inmediaciones del estanque del Palacio
de Cristal del Retiro. Varias palomas reunidas picoteaban algo antes de salir despavoridas. En un
momento dado Fran notó lo que pasaba: —Míralo. Es la polla de agua que se ha instalado aquí que las está echando una por una. —Mejor gallineta, Fran, que ya sabes con ese nombre lo que pase. Le quitarán la comida o algo.
Pero Fran volvió
a notar lo que
pasaba. La negra
ave acuática
tenía un
minúsculo polluelo
escondido entre
tres hierbas altas.
Cada vez que una
paloma se
acercaba a una
cierta distancia
de su retoño, la
madre gallineta
la emprendía con verdadera furia contra ella. —O sea que está protegiendo al pollito. Se ve que las palomas le hacen algo —dijo Carolina. —Pero es que resulta que: A) Las palomas son granívoras. No atacan a ningún animal. B) Aquí no paran de venir bandadas. Las polla se va a pasar jugando al corro de la patata hasta
que su cría crezca. —Bueno, no soy una experta, pero algo me dice que la gallineta tendrá un miedo justificado,
ningún animal se pone así por ponerse. Otra paloma emprendió un vuelo histérico asustada por el ave de agua. Tan histérico que pasó
junto a la cabeza de Fran. —Al polluelo no sé, pero a mí sí que casi me dan. —Pues ya sabes, cría una gallineta y que las espante. —Sí, a ver que me hace si me acerco yo a su cría.


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