—Pues aquí tienen joyas,
bocetos originales,
ediciones raras...
—comentó Juan a
esa chica joven
que le preguntaba
dónde estaban
los cómics en
el Rastro.Fran observaba cómo su hermano intercambiaba sus
conocimientos con aquella veinteañera
vestida con una camiseta de Sailor Moon y el peloteñido. Era divertido porque Juan disimulaba
pero se veía que le estaban llevando los demonios conaquella mozuela. Desde que la habían encontrado nuestros dos protagonistas habían observado
que no conocía nada de los comics Bruguera, que no sabía moverse por el Rastro, que los productos
que buscaba eran industriales...
—¿Y cosas así, como figuras 3D, dónde podría encontrar? —Pero vamos a ver—dijo Juan disimulando pero molesto de forma muy evidente para su
Exactamente el concepto contrario del que abanderaban los dos hermanos.
hermano —. ¿A ti te gusta el cómic o no? —Bueno, yo leo mangas y eso. Fran intervino y le indicó a la chavala dónde podría encontrar las figuras que buscaba. Luego
se quedó hablando con Juan: —¿Será la diferencia generacional? Es que yo no concibo que nadie que pretenda gustarle el
cómic no sepa de Larcenet, de Uderzo, de Bernet...—dijo Fran. —Se han criado en la era industrial y ya se creen.. Bueno, tú lo has oído, que el cómic es leer
mangas y eso. —Bueno, esa chica era muy joven, ya aprenderá. —O no, porque acuérdate de esa camarera ya cuarentona que me vio con el extra de Hugo
Pratt y va y me pregunta qué tiene que ver con Toriyama. —Ya. Por lo menos eso nos alivia un poco de vernos como exageradamente Boomers. —Puede uno no tener ni idea de tebeos, no pasa nada. Pero que no pretendan que la tienen, coño.


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