—La gente mata
a las hormigas,
no las cría—decía
Carolina Gordal
a nuestro protagonista. —Bueno, pues
son animales
fáciles de
cuidar, que
se quedan en
su sitio y
que no hacen
ruido. De modo
que no veo por qué no puedo tenerlas.Así fue la llegada a casa de los Gordal Palacios de aquella granja de hormigas. Fran se había
—Ahora voy a abrir el tubo de ensayo en el que venían —dijo Fran cuando acabó de poner
interesado por ellas viendo algunos videos de internet. No atenderían por su nombre ni le
recibirían como lo hicieron en su día Coll, Trece y más recientemente Diez, pero construirían
una auténtica ciudad a su vista y serían fáciles de mantener. En cualquier caso nunca se
aburriría de verlas.
los accesorios del hábitat de su nueva y multitudinaria mascota. —¿Les pondrás nombre a todas? —De momento hay quince y se espera que lleguen a ser casi 100 en un año. Creo que con
llamar Catalina la Grande a la Reina ya vale—dijo Fran, siempre con una gran curiosidad
sobre la historia de Rusia.Cuando nuestro protagonista abrió el tubo en que llegaron los artrópodos empezaron a
—¿Han comenzado ya a cavar galerías? —preguntó Carolina. —Ya empezarán. Al día siguiente Fran volvió a mirar el hormiguero. Seguían sin salir. Bueno, ya
moverse por la caja de forrajeo de su hormiguero. Las dejó y volvió tras una hora:
moverse por la caja de forrajeo de su hormiguero. Las dejó y volvió tras una hora:
se decidirán, pensó nuestro protagonista. Y así un día, y otro, y otro... Al cabo de
una semana Fran buscó en internet lo que ocurría. —Dicen que cuando quieran ampliar la colonia o cuando acaben el agua del tubo se
decidirán, que puede tardar varios días —dijo nuestro protagonista. —Joder, pues va a ser cierto eso de que las mascotas se parecen al dueño. Has logrado
las únicas hormigas del mundo que se quedan donde están sin hacer nada—comentó
Juan Gordal. —Eres un genio, has logrado hormigas vagas—añadió Carolina riéndose. —Que no, coño, que dicen que es normal, que ya cavarán galerías. —De momento con que salgan del tubo confórmate —dijo Juan. Fran se lo tomó a risa, pero lo cierto es que se pasó varias semanas preocupado observando
la tardanza de sus hormigas, hasta que por fin decidieron fundar su hormiguero.


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