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lunes, 17 de agosto de 2026

El matriarcado antimóviles

 


—Bueno, pues aquí hemos quedado con la tía —comentó Carolina—. Ahora a armarse de paciencia, que ya sabes que es muy impuntual.

 —Por suerte ahora uno tiene cerca siempre algo para entretenerse—dijo Fran.


 Los dos hermanos habían salido aquella tarde con su vieja tía María Cristina y habían quedado en una zona concreta del Retiro. Fran se dispuso a observar su móvil en un aquel banco, pero una voz le interrumpió.


 —Estos van todos agilipollados, sin mirar otra cosa que el móvil


 Fran levantó la vista y vio que quien así hablaba era una anciana en compañía de una mujer joven que parecía ser su asistente. La anciana notó la mirada y reaccionó:


 —Perdona, hijo, que no eres tú, pero es que ahora van todos por la calle con la mierda del móvil sin mirar, te dan, cortan... Y sólo atentos al móvil

 —Bueno, bueno—dijo Fran y guardó el aparato de inmediato. Observó que Carolina que iba a hacer lo propio no se atrevió ni a abrir el bolso.


 La mujer siguió con su diatriba durante un espacio de como media hora o muy poco menos.


 —Si es que se está muy bien en el Retiro pero los atontados estos del móvil van sólo a ello...—peroraba la anciana.

 —Sí, pero ahora pondrán aquí la feria del Libro y...—decía su cuidadora pretendiendo cambiar de tema

 —Eso a ver si hace que la gente deje la mierda esa del móvil... y perdona hijo, que no iba por ti, ¿eh? Pero es que siempre están a ello y así es como se cae todo.


 Fran y Carolina observaban preguntándose si se le acabaría antes la gasolina o esa anciana o llegaría la Tía María Cristina


 —¿A qué mirabais el móvil mientras la esperabais? —dijo la anciana—. Hoy nadie piensa en otra cosa y así estamos...


 Por fin, la cuidadora de esa anciana la recogió y se movieron del banco. Fran observaba sin decir nada, y Carolina le apremió:


 —Bueno, ponte a mirar el móvil, si quieres. A mí después de esto no me han quedado ganas.

 —Creo que no lo cogeré hasta mañana. 

 —Si al final la vieja nos va a haber hecho un favor, ya verás.

 —Sí, bueno, al menos llama a la tía.

 —No, hazlo tú, que no quiero sacar el móvil.

 


miércoles, 5 de agosto de 2026

La tía Maria Cristina una tarde en el Retiro

 

—Bueno, ¿nos vamos a quedar aquí mucho tiempo más? —dijo Fran a los tíos Paco y Maria Cristina.

—Se lo tienen que comer, no podemos dejar que se lo quiten.

—Es que son las nueve y media, tíos —contestó Carolina Gordal


Cárol y Fran habían ido con sus tíos al Retiro a en una de sus visitas semanales. Hacía tres horas y media que se habían sentado en un banco para que los dos tíos ya mayores descansaran, pero entonces habían descubierto un pistacho que intentaban picotear los gorriones y las palomas alternativamente. La tía María Cristina había decidido partir de un pisotón el fruto seco para que pudieran comérselo al fin. Pero no quería en absoluto que se lo comieran las palomas sino los gorriones. Y desde entonces llevaba el grupo sentado viéndolo y la tía espantando a las aves más grandes cuando se acercaban y tratado de que los pequeños gorriones se comieran el fruto.


—Tía —dijo nuestro protagonista—, cada vez que espantas a las palomas se piran también los gorriones. Y de verdad, tenemos que volver ya a casa.

—¡No pienso dejar que estas petardas se lo lleven.

—¿Qué se os ocurre para atraer a los gorriones, sobrinos? —preguntó el tío Paco.

—Cuando vuelva a casa y descanse y cene me será mucho más fácil pensarlo —contestó Fran.

—A ver si los que cenan son estos.


Los dos hermanos todavía tuvieron que insistir un buen rato hasta que sus tíos se decidieron a marchar. Al moverse aún la tía maria cristina se volvió atrás a espantar a la paloma que acudía al pistacho.


—¡Lárgate! ¡No es para ti!

—Tía, en serio, déjalo, no es tan importante—dijo Fran mientas la convencía definitivamente de irse.



Como la tía comentaba que le había dejado frustrada el no haber visto a los gorriones, y que no quería irse, Fran tuvo una idea:


—Míralos, están picando.

—¿En serio? Ya dije yo que me valdría la pena. ¿Dónde están?

—Se han ido ya, tía—comentó nuestro protagonista haciendo gestos muy ostensibles a Carolina de que no dijera nada.


Cuando los dos hermanos emprendieron su marcha Fran dijo a su hermana lo que ella ya imaginaba:


—No han venido, pero es que si no no nos íbamos de allí ni pasado mañana.

—Me pregunto si esto no será ya de la edad.

—Bueno, lo importante es que la hemos sacado de allí. Que ya se hacía de noche.





lunes, 30 de marzo de 2026

Ideas para la Semana Santa

 


Con varios días libres de

Semana Santa por delante,

Francisco Gordal

organizaba el mejor
modo de celebrar esas

fiestas. Tenía una

lista de las películas

que pondrían las

sucesivas
cadenas, los

ingredientes de

las torrijas preparados,

y una idea de quienes estarían libres esos días. Juan, por sus obligaciones laborales, no iba a

estar libre los mismos días que él, pero Marcelo, Carolina y varias personas más seguramente

le ofrecerían alternativas de ocio. Habría que tener cuidado de no encontrarse procesiones

o celebraciones por la calle esos días, pero había exposiciones, actos de cómic, y un sin fin

de películas, series y comics para disfrutar. En todo esto pensaba nuestro protagonista

cuando veía por la calle puestos de venta de palmas de pascua y anuncios de procesiones.

Aquella noche empezaría con una de esas famosas del Hollywood clásico que las cadenas de

televisión consideraban ligadas a esa época.

⸺Te van a salir por las orejas. No paras de vértelas todos los años⸺le dijo Carolina. ⸺Bueno, y las procesiones son siempre iguales y bien que hay devotos que se las tragan
una y otra y otra vez⸺respondió nuestro protagonista.
⸺Lo que nos haría falta sería salir para la playa, como hace mucha gente. Ni en agosto se
ve Madrid así de vacío.
⸺Bueno, pero no hace tanto calor como en agosto, y a veces se agradece poder uno moverse
por la ciudad.
⸺Bueno, tú estás muy hecho a esto. No parece que sea mala época para ti.

Entonces llamaron al teléfono fijo. Carolina acudió a cogerlo. No paro de negar y poner pegas
a quien fuera que estuviese del otro lado. Al colgar dijo con una sonrisa burlona:

⸺Fran, que dice la tía Maria Cristina que ya tiene la lista de todos los oficios de esta
Semana Santa y que te va a llevar.
⸺¡¿Qué?!⸺gritó sobresaltado nuestro protagonista⸺. Dile que ni hablar, que van
a poner Ben-Hur, Espartaco y que hay exposiciones...
⸺Ya lo he intentado, pero dice que tiene cojido el sitio y que vas a ir. ⸺Pero si eso era mamá. Yo no voy... ⸺Pues nada, hablas tú y se lo explicas. Para mí ha sido como hablar con una pared.

Nuestro protagonista observó cómo toda su idea para aquella semana se ponía en entredicho
de forma abrupta. Ahora la primera labor para esta semana era encontrar alguna forma de
librarse de la tía. Era una tarea ardua y desagradable. Encima esta no me la pagan, pensó
para sus adentros nuestro protagonista.



lunes, 2 de febrero de 2026

Tía María Cristina y los gorros

 


Fran acabó de arreglarse para dar aquel paseo con su tía María Cristina, que en un día tan
frío como aquel incluía varias prendas de abrigo. Cuando estuvo dispuesto acudió a la
llamada de su tía. Pero esta le sorprendió con una observación:

 ⸺Quítate el gorro. No hace frío para gorro.
 ⸺¡¿Cómo?! Pero si estamos a 4ºC
 ⸺Quítatelo. No puedes ir así.
 ⸺Pero tía ⸺intervino Carolina Gordal,
 allí presente⸺. Si él tiene frío, ¿por qué 
no lo va a llevar?
 ⸺Ni él ni tú, que ese gorro de pompón te hace muy fea.


Haciendo causa común los dos hermanos salieron de casa abrigados a su gusto, pero la
tía María cristina no dejó de hablarles durante todo el paseo de que los gorros sólo eran
para los países nórdicos, que en Madrid no hacía frío, etc, etc. Los dos hermanos llegaron
a casa y Cárol habló sobre el particular.

 ⸺¿Pero por qué ahora la ha tomado la tía con los gorros? ⸺preguntó Carolina.
 ⸺No sé, pero creía que me lo ibas a decir tú. Que la ha tomado también hasta con el 
gorro que te trajeron los reyes.

Al día siguienteCarolina se despertó y soltó una carcajada. Fran no pudo dejar de preguntar
de qué se reía.

 ⸺Que me ha escrito la tía María Cristina y  me ha enviado una filípica antigorros que
 no sé.
 ⸺Joder, ha hecho su causa de ello. Bueno, yo me voy a una entrevista a ver si me dan 
un trabajo mejor.

Fran se había estado currando conseguir aquella entrevista, pues aunque ahora no le faltaba
trabajo quería mejorar en varios aspectos, sobre todo el horario. Pensando en lo que iba a
decir subió al metro y, a medio camino, recibió un mensaje en su móvil. Era la tía María
Cristina. En su mensaje decía: Mucha suerte, sobrino. Ni que decir tiene que a la entrevista
no se entra con gorros. Fran se río, pero para sus adentros pensó que tenía un problema. Ahora
habrá que tratar a la tía de paranoías obsesivas, se dijo.



miércoles, 27 de agosto de 2025

Caldo de petunias

 


Carolina y Fran Gordal se encontraban aquella tarde en casa de la tía María Cristina
que había salido unos días de la ciudad. Su anciana tía les había encargado que le
regaran las plantas de su terraza en su ausencia.

 —¿Tienes todo en la cabeza? Ya sabes que
 unas plantas necesitan más agua que 
otras—dijo Fran a su hermana.
 —Sí, a las crasas les basta con una gotita, 
las petunias necesitan más y el miniolivo 
tener la tierra mojada, 
 —¿Y es verdad que ludo te había prometido luego hacerte una vichyssoise o no sé qué?
 —Calla, ni lo nombres.
 —Pues podría usar ella el agua para regar. Según oí el agua de cocer la verdura es
 muy buena para regar porque tiene nutrientes.

Nuestro protagonista había oído este consejo en uno de esos programas cada vez más
abundantes sobre cómo disminuir el consumo de agua y aprovecharla al máximo, pero
Carolina pareció no entenderlo.

 —¿Regar con ella? ¿Para hacer también caldo de petunias y geranios?—dijo sorprendida.
 —Hombre, supongo que habrá que dejarla enfriar—aclaró Fran.
 —Pues mejor que sus cremas de verduras podría darme a mí el caldo y no echárselo a
 los floripondios.
 —Joder, Cárol. Te había visto tener manías raras con la comida. Pero de ahí a envidiar 
a unos vegetales...
 —O ya puestos que me de el caldo de petunias.
 —Cárol ya te he dicho que el agua esa se deja enfriar.
 —Mejor del olivo, que seguro que sabe mejor.
 —No, si cuando la tonta coge la linde...

viernes, 20 de junio de 2025

El regreso de las esponjas

 


—¿Pero qué
quiere ahora 
ésta? —dijo
 Carolina 
Gordal al 
volver a 
escuchar la 
alarma de
 mensajes 
de su móvil
 —¿Otra vez 
la Tía Maria Cristina? Si ha estado toda la tarde con nosotros —contestó 
nuestro protagonista.

La nueva matriarca del clan Gordal Palacios tenía una forma de escribir mensajes muy
característica, los mandaba en tandas de 12 que tenían el móvil de quien los recibiera sin
parar de sonar en varios minutos y además repitiéndose. Pero por otra parte aquella misma
tarde la anciana tía había estado en casa de nuestros protagonistas contando sus aventuras
y revolviendo en ciertos lugares de la casa.

 —¡Joder! Que dice que se ha fijado que gastamos mucho gel de ducha y que nos va a traer 
esponjas.
 —¡Pero si dejamos de usarlas porque vimos que eran un nido de gérmenes y te puedes frotar
 igual con las manos! Y gastar gel... ¡Llevamos con el fondo de una botella, que no se acaba
 ni pa Cristo ni se sabe de meses.
 —A mí ya me había dicho lo de las esponjas y traté de explicárselo, pero ella es de la generación
 que las metió en las casas.
 —Espera, que te manda más mensajes al móvil.

 Carolina miró la pantalla del teléfono  y se asombró más todavía.

 —Que quiere quedar conmigo para ir a por ellas.
 —Pues pon cualquier excusa y no vayas.
 —Ahora lo hago.

Entonces el móvil que empezó a sonar fue el de nuestro protagonista. Fran temió lo peor y
sus pensamientos se confirmaron al leer su móvil:

 —¡Ahora quiere que vaya yo!
 —Bueno, tú querías que me librar. Pues ya lo tienes —dijo Carolina riéndose.
 —Pero si es que no queremos esponjas.
 —Bueno, eso ya es asunto tuyo. A mí me ha dejado en paz —respondió Carolina y abandonó 
la habitación. 


miércoles, 19 de marzo de 2025

Tía María Cristina y los libros

 


—Pues yo cada vez que vengo aquí veo más tebeos y más libros y al final os van a comer.
Cuando tenéis muchos que no habéis leído y una biblioteca cerca —dijo la Tía María Cristina
al llegar a la casa de los Gordal Palacios.

 —Pues he aprendido a comprobar si las
 bibliotecas tienen libros antes de comprarlos,
 tía. Sólo los pillo ya cuando son muy
 difíciles de encontrar —contestó nuestro
 protagonista.
 —Y yo de cuando en cuando me deshago de algunos que no me interesan —Añadió Juan Gordal.

Últimamente el tema de los libros y la literatura era recurrente en las visitas de la tía a sus tres
sobrinos. La tía María Cristina concebía la idea de que sus sobrinos no eran potentados porque
se gastaban todo el dinero que ganaban en tebeos y libros.

 —Hay que ser austeros. Yo llevo toda mi vida midiendo mucho esto y a vosotros os veo siempre
 de juerga.
 —Tía, yo no me compro más que un tebeo o libro al mes. Y estoy intentando leerme todos lo
 que no me he leído. Parece mentira tal fobia en los libros en una profesora de literatura —dijo
 nuestro protagonista.
 —Pues mira, precisamente te he traído yo una recopilación de obras de teatro madrileñas del siglo
 XX para que no sigas con eso.

Fran se quedó estupefacto. Era, posiblemente, el último libro que cogería de cualquier biblioteca
o establecimiento. Una recopilación claramente pensada para alumnos de enseñanza secundaria

sobre un tema que no interesaba en absoluto a Fran. Además no estaba en muy buen estado.

 —Pero si se le caen las páginas, tía —dijo nuestro protagonista.
 —Porque lo he aprovechado muy bien, que es lo que debéis hacer vosotros.
 —Está bien, me lo leeré —dijo Fran, aunque en el tono se le notaba que no tenía la menor 
intención de hacerlo.
 —Aprended a usar lo que tenéis.
 —Está bien, tía. Nos desharemos de libros que nos interesan en perfectas condiciones para que
 tú puedas traernos libros de texto a los que se les caen las páginas sobre temas que nunca han 
sido de nuestros predilectos —sentenció Juan. 


viernes, 20 de diciembre de 2024

Navidad 2024

 


Aquella Nochebuena era especial para Fran, Carolina y Juan. Evidentemente esa noche
se iba a echar mucho en falta a las figuras familiares que otros años habían estado
a la mesa. La tía María Cristina les había invitado a celebrarlo con ellos.

 —No será lo mismo pero bueno, tendremos 
a la familia a la mesa y estaremos un año 
más —comentó Fran.
 —Papá y mamá hubieran estado muy 
contentos en esta celebración —dijo emocionada 
Carolina—. Nos acordaremos de ellos.
 —Y lo peor es que ya en casa no tenemos a nadie más mayor que nosotros. Nos hemos 
quedado para todo en primera línea —terció Juan.



Al llegar a casa de la tía María Cristina y ver el Belén los hermanos sintieron cierta melancolía,

pero sin embargo la mesa que los tíos tenían puesta les levantó el ánimo. Y también el tío
Paco con su botella de vino sobre la mesa:

 —¡¿Pero que no van a beber aquí mis sobrinos o qué?!
 —¡Pasa un poco! —dijo nuestro protagonista.
 —Os vais a emborrachar antes de la cena —comentó Juan.
 —Pasa tú también y ven aquí.

Y así mientras ponían sus puntos de vista en común, mientras cenaban marisco, pato,
varios deliciosos embutidos, le moral de los hermanos fue subiendo. Y más cuando
comenzaron a llegar mensajes a sus móviles: del primo Mario, de Marcelo, la Coralia...
Sí, aun ese año el calor de los suyos se dejaba sentir. La tía Maria Cristina volvió a recordar
en la cena a Doña Marta Palacios y todos los ausentes. Y Fran sentenció:

 —Disfrutemos muchos años, que es el mejor homenaje que podemos hacerles. Ellos querrían
 estar aquí. No lo estropeemos los que podemos. ¡Feliz Navidad, familia!
 —¡Feliz Navidad! —gritaron todos los presentes. 


miércoles, 25 de septiembre de 2024

Era una tarde tranquila...

 


Fran disfrutaba con calma de los últimos tebeos que había cogido de la biblioteca. Tenía una
provisión de tebeos y pronto jugaría el Atleti. Además disponía de refrescos y de varias opciones
de películas para ver en el ordenador. Toda vez que había pasado la mañana trabajando y la tarde
estaba desapacible, esa sesión de entretenimiento hogareño parecía lo mejor. No era el único
que pensaba eso:

 —La verdad es que está todo para quedarse en casa haciendo el vago —comentó Carolina Gordal—. 
Creo que yo me voy a pasar la tarde probándome ropas y mirando el espejo. 
 —Y yo escribiendo otro relato a ver si me lo premian —intervino Juan.
 —Me podría tirar así toda la semana. Ojalá nadie interrumpa.

Pero entonces sonó el teléfono. Después de una pequeña discusión entre los hermanos fue Fran
el que acudió a cogerlo. Al otro lado del mismo resonó la voz de la tía María Cristina:

 —Hola, Florito. Que he pensado que ya tenemos plan para esta tarde. Quiero que te vengas a ver
 una exposición de trajes del siglo XIX.
 —No puedo, tía —dijo apurado Fran, mientras pensaba una excusa—. Es que estamos limpiando 
en casa...

Fran titubeó viendo los gestos que le hacían sus hermanos. Cuando la tía María Cristina contestó
entendió a qué venían esos aspavientos:

 —Pues voy yo a llevaros un limpiador de baldosas que tengo que..
 —No, tía de verdad, que no nos hace falta.

Pero ya era tarde. La tía María Cristina se puso en camino y Fran comprendió que ahora no
iban a tener más remedio que atenderla. En media hora la tía María Cristina estuvo en el
hogar de los Gordal Palacios y se puso a dar lecciones de limpieza. Los hermanos no tuvieron
más remedio que atenderla.

 —Este tipo de azulejos se limpian con este producto y con un cepillo de dientes. Tendréis que 
dedicar toda la tarde —dijo la tía a nuestros protagonistas.
 —Yo me pongo con eso —comentó nuestro protagonista, intentando evitar tareas a sus hermanos.
 —Muy bien, pues Juan, Cárol y yo vamos a ordenar el cuarto de la niña.

Así, los hermanos ocuparon tres horas, hasta casi la noche, en tareas que no era necesario
hacer, pero con su tía mandando no les quedaba otra. Por fin tía María Cristina recogió sus
bártulos y se fue. A solas Carolina y Juan empezaron a abroncar a nuestro protagonista.

 —¡Anda que nos has jodido bien, por no ir a la exposicioncita! —le recriminó Juan.
 —¿Qué podría hacer? Haberte ido tú con ella.
 —¿Por qué no les has dicho simplemente que hoy no podías? —preguntó Carolina.
 —Hombre, ya la conoces. Si hago eso, mañana vuelve a llamar y así hasta que vaya.

Al decir esto nuestro protagonista observó que un mensaje llegaba a su móvil. Era de la
Tía Maria Cristina:

No se te olvide estar listo mañana a las 10:00 en la parada del metro de O´Donnel. Mañana
lo del traje no se nos escapa.


 Fran gritó horrorizado:

 —¡Joder! ¡Ni con esto me he librado! ¡Mañana otra vez!
 —Pues esta vez te comes la exposición tú solo —dijeron a la vez Juan y Cárol.
 —Desde luego, pero no me olvidaré de decirle a la tía que os busque quehaceres a vosotros
 —sentenció Fran.