—La verdad es que da otra impresión completamente distinta, ver tanta luz en tu cuarto y a veces llegando más lejos —comentó Carolina Gordal.
—Cuando hemos hecho los ejercicios parecía incfreíble esa cantidad de luz en ese pasillo —añadió Juan Gordal
—Pues todo el tiempo que hemos estado así con lo fácil que era subirla.
Fran había trasteado hacía algunos dias con la persiana de su cuarto, que llevaba un tiempo bajada, pues todos daban por sentado que con ese mecanismo roto no se podía subir. Pero nuestro protagonista había descubierto que haciendo un determinado movimiento era posible subir aquel dispositivo y desde hacía algunos días nunca se olvidaba de hacerlo al levantarse.
—Es luz, pero parece que es verdad que el sol la hace sentir como distinta. La casa parece como más viva—comentó Carolina.
—Y mi cuarto más amplio, con más sensación de libertad—añadó nuestro protagonista.
—Pues a ver si no os olvidáis de arreglar la persiana, que así y todo no está bien —comentó Juan.
Esta aseveración enfrió los ánkimos de nuestro protagonista, pues si no había recordado que vinieran arreglarla cuando creía no tener luz, parecia más difícil acordarse de aquello ahora que sí que la tenían.
—Bueno, he cobrado. A ver si los llamo—dijo Fran.
—Tiempo has tenido, pero luz y luces no —comentó Juan Gordal
—A mí la luz me da la vida, Fran —añadió Carolina—. Acuérdate porque si no a mí me da algo.
Nuestro protagonista asumió quenaquel arreglo era provisional y que faltaba que uno profesional arreglara de forma definitiva aquella persiana. Comenzaba el reto de acordarse de hacerlo. ¿Lo superaría?


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