lunes, 29 de junio de 2026

Colocarse en el trabajo

 


Fran seguía atento a su trabajo y sus tareas cuando aquel olor se hizo presente. Hacía algunas semanas se hubiera asustado por ese olor a cosméticos y productos de limpieza, pero ahora ya había interiorizado que cuando ocurría eso era porque la señora de la limpieza, muy eficaz y hacendosa, limpiaba el puesto de trabajo vecino.


Antes aquí esperaba para venir, pero desde que Ramírez teletrabaja hace su labor normalmente—explicó a nuestro personaje Jesús Sacristán, su superior.

Bueno, me da igual. Lo único es que los primeros días me asustaba que ese olor pudiera ser que hubiera algún escape o avería.

Si hay una avería ya me enteraré yo, que ese es mi trabajo.


Fran siguió tomando notas en su ordenador, aunque aquella ráfaga de olor como a esmalte se le había subido un poco a la cabeza y le mareaba para escribir. Incluso había cometido algunas faltas de ortografía normalmente impensables en él. Quien lea este documento, pensaba, va a creerse que soy un analfabeto. Sin embargo la misma mujer de la limpieza le sacó de sus pensamientos:


Avísame cuando acabes que le toca a esto un fregote por la pantalla.

Fran resolló y disimulando un gesto de contrariedad respondió:


Está bien, pero acaba rápido, por favor.


Mientras aquella mujer frotaba hacendosa pantalla y teclado, otro olor, en esta ocasión de goma quemada vino de otra zona de la oficina.


Ahora sí que se nos quemaba un ordenador, pero ya está controlado —dijo Sacristán.


Por lo menos, pensaba Fran, podría quemarse todo entero y librarnos de trabajar unos días. Cansarse y colocarse a la vez no debe ser bueno.



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