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lunes, 16 de marzo de 2026

¿Cerveza o colonia?

 

 

—¿Quieres la
çcerveza de
romero, de
tomillo, o de
lavanda?
—preguntó
Rafael a nuestro
protagonista.
—La... lavanda,
por favor—dijo
nuestro
protagonista
dando vueltas
en su cabeza a
aquellas cervezas aromatizadas.


Carolina y Rafael habían llevado a nuestro protagonista de vistita a aquel bar, que se
decía medieval, aunque como casi todos los lugares y eventos que se ponen esa etiqueta
estaba lleno de errores históricos y de detalles de mundos de fantasía. Pero servían una
buenas cervezas, aunque aromatizadas. Pero Fran no dejaba de darle vueltas a una cosa:

—La lavanda huele muy bien y es una hierba aromática agradable, pero nunca había
visto consumirla como comida o bebida—dijo nuestro protagonista.
—Pues se suele usar en repostería y en otras cosas. Además tú no has dudado en
pedirla—le dijo Carolina.
—Sí, me ha llamado la atención, pero me parece más un ingrediente de colonia que de
cerveza—comentó nuestro protagonista

Se la sirvieron en la mesa y lo primero que se le ocurrió a nuestro protagonista fue oler
aquella cerveza.
aquella cerveza.

—Bueno, por lo menos parece que no es colonia, vamos a ver. Los tres protagonistas de nuestra historia tomaron sus cervezas, que había pedido cada
uno de una hierba. La mesa olía a campo florido.
—Bueno, a colonia no sabe, pero a cerveza tampoco—dijo nuestro protagonista. —¿Quieres probar las nuestras?—preguntó Carolina —Está bien. Pero que no llamen a esto cerveza—sentenció nuestro protagonista.


jueves, 6 de octubre de 2022

Comic y cerveza

 

 

Después de varios meses,

nuestro protagonista se

encaminó al nuevo

emplazamiento de
aquella tienda de comics,

y observó una novedad en

el nuevo local. Una

particularidad
que al principio era excepcional en aquellos lugares y ahora estaba cada vez más
presente, sobre todo en las más grandes y comerciales: había una barra de cervezas.
Uno podía tomarse un refrigerio viendo las últimas novedades en comic.


—¿De dónde habrán podido sacarse que al público del cómic le va la cerverza? —dijo con toda la
çironía Juan.
 —Nunca ha funcionado, ¿verdad? Nadie habla de cómic con cerveza —le respondió Juan.
 —Vamos a tomar una ¿vale? 

 Los dos hermanos se encaminaron a la barra y pideron una. El «barman», si así podía llamarse a 
aquel orondo personaje, que no tenía pinta de tener ni la más remota idea de cervezas les hizo una 
advertencia:

 —¿Por favor, no entréis en esta zona con comics de la tienda, que les pueden caer cosas.

Nuestros protagonistas obedecieron. Era una petición lógica, pero tras esa advertencia ya iba uno
con algo de corte.

 —Pues ponnos dos tercios —dijo nuestro personaje.
 —¿Cuáles? Tenemos de Batman, de  Green Arrow...
 —¿No hay una simple Mahou? —preguntó Fran.
 —No, tenemos todas las de Marvel y DC.
 —Bueno, pues ponnos dos de Wonderwoman —sentenció Juan.

Los dos hermanos tomaron aquella cerveza comentando lo que veían y decidiendo sobre cuál de
aquellos teneos merecía un sitio en su colección. Mientras también comentaban que la cerveza no
era de las mejores que habían tomado, tenía el regusto de las artesanales pero de mala calidad.
Una vez decidieron pidieron la cuenta.

 —Diez euros —dijo el barman.
 —¿Diez? ¿Cinco el puto tercio? —preguntó Fran.

Lógicamente no tuvieron más remedio que pagar. Pero la conclusión era muy clara para los dos
hermanos:

 —Cerveza mala, cara, y sin poder llevar tebeos en una tienda de tebeos —comentó nuestro
 protagonista.
 —Vamos, que joden los tebeos y la cerveza —le comentó Juan.
 —Sí, hay cosas que son muy buenas, pero mejor por separado —sentenció definitivamente nuestro
 personaje. 


miércoles, 29 de septiembre de 2021

Agria

 

 

―Pues qué bien entra 
una cerveza después 
de tantos días de curro
 sin poder salir ―dijo
 complacido 
Juan Gordal
 ―Siempre entra bien,
 pero encima cuando se coge después de cumplir uno con sus obligaciones es 
la leche ―sentenció Fran.
 

Por primera vez en mucho tiempo los dos hermanos tenían ocupaciones remuneradas. Además
sus horarios hacían difícil que coincidieran con tiempo y posibilidades de pasar algo de tiempo juntos.
Teniendo dinero ganado en el bolsillo, nuestro protagonista quiso invitar a su hermano. Cuando la
camarera les dejó la cerveza en la mesa, los Gordal Palacios pensaron que estaban viviendo la
felicidad plena. Hasta que Fran probó su vaso:
 

 ―Juan ¿esta cerveza no está como agria?
 ―No sé, yo todavía no la he probado. Voy a ello y te digo.
 
 Juan pegó un largo trago a su vaso y confirmó las aseveraciones de su hermano.
 
 ―¡Coño! Parece que fuera con limón. La he pedido normal
 ―Voy a preguntar a la camarera.
 

En aquel bar siempre habían servido bien a nuestros protagonistas. Había confianza con el
personal. Fran preguntó y a camarera dijo muy extrañada:

 

 ―No me he equivocado. Os la he puesto normal.
 

El menor de los Gordal Palacios vio que su hermano torcía el gesto , mientras la dependiente
miraba la cañería de la cerveza. Pasado un rato dijo:

 

 ―Pues es verdad que sabe raro. Voy a ver si puedo arreglarlo. ¿Os la cambio por otra cosa?
 ―No, déjalo ―contestaron los hermanos.
 

No era cosa de montar un escándalo. En aquel local, a lo largo de años, los dos hermanos habían
pasado muchos ratos muy buenos y bebido muchas cervezas. Sabían que aquel incidente era algo
raro. Pero ya les había jodido el rato de esparcimiento que habían tenido en 10 días.
 

 ―No puedo dejarlo así, Juan. ¿Vamos al de más abajo a tomar una?
 ―Habrá que hacerlo. A este momento no es tan fácil renunciar.
 ―Por supuesto que no, pero ya no va a ser tan alegre ni tan reparador. 

 

lunes, 25 de enero de 2021

La pinta sucumbe a la gilipollez

 

 


—Bueno, Fran, pues hoy que hemos venido por aquí y que hay tiempo, ¿Quieres de una vez una pinta de Guinness?

 —Hombre, ya era hora. Que desde antes de las navidades llevábamos con ello y que no lo hacíamos.


 En efecto, Fran se había pasado fácilmente el último mes y medio proponiendo a su hermano consumir una medida de la célebre cerveza irlandesa, ya que aunque ahora intentaban beber el jugo de la cebada sin alcohol para adelgazar, las navidades eran una época de excesos donde parecía justificado volver a disfrutar de ese placer.


 —Es que eso es de lo que no debe desaparecer ni cambiar jamás —dijo Juan mientras observaba un curioso anuncio en la puerta del local donde ambos hermanos se disponían a tomarla.

 —Yo también lo creo, espero que esto no signifique lo que creo que significa —añadió nuestro héroe observando el anuncio donde se advertía que se podían hacer dibujos en la espuma.

 —Tranquilízate, Fran, la Guinness siempre se ha servido con un trébol dibujado en la espuma.

 —Pero esto dice que te la personalizan.

 —Hombre, será si algún tontolo quiere, pasa y pide.


 De modo que los dos hermanos ganaron el interior del local, y se sentaron en una mesa. Fran oteaba aún en las televisiones del establecimiento los resultados de fútbol, cuando vino su hermano con las dos pintas: una tenía dibujado un logotipo de la Guinnes y la otra una especie de tapete. Según habían oído lo hacía una impresora con tinta comestible, echa del extracto de la malta, un ingrediente muy cervecero. El sabor no cambiaba, pero nuestro protagonista montó en cólera:


 —¿Pero qué pijada es esta? —gritó.

 —Joder, me parece una tontería inadmisible. Me dan ganas de levantarme y largarme.

 —No, eso no, nos la tomaremos, pero para esto mejor pillar cualquier gilipollez en un bar de diseño.

 —Esto yo lo esperaba de alguna cervecera yanqui, pero de la Guinness.

 —Ya no se respeta nada. Nos comen los gilipollas.

 —Al final no existe valor cultural. La empresas privadas quieren vender y punto.

 —Pues tendrán que dejar de vender. Yo no volvería a pillar una Guinness hasta que recapaciten.



jueves, 5 de septiembre de 2019

Gente que sabe de cervezas.



-Bueno, esta tostada no está mal -dijo Juan Gordal-, pero luego me va a dar un pelotazo a la cabeza...
-Joder, pues no la pidas. Tenías un huevo más de cervezas para pedir.



Los dos hermanos habían salido a comprar comics aquella tarde, aunque no habían encontrado de su agrado. Acabando pronto la salida y con dinero en los bolsillos decidieron ir a aquella cervecería que había aparecido en su camino y probar cervezas de una enorme variedad que no conocían. Observaron, además, que varios clientes de aquel establecimiento exhibían, de forma pedante y afectada conocimientos sobre cervezas que en muchos casos no eran tales.



-Tampoco se van a morir por reconocer que no tienen ni puta idea -dijo nuestro protagonista-. Yo no la tengo y no me importa reconocerlo.
-Ya ves, un notas ahí intentando hablar de taninos y de rubias, y no sabe distinguir una sin de una Heineken.
-Carolina y Alvarito disfrutarían mucho aquí. Ellos sí que saben un poco de esto. No mucho, pero algo.
-Joder, Fran, te caes rendido ante cualquier gilipollez que te digan. Mira, lo que tienes que hacer es aprender tú si te interesa, que aquí vienen tontolos de todas parte y presumen.



Mientras su hermano decía esto, Fran quedó cautivado por las dos últimas personas que hubiera esperado encontrar ahí. Como queriendo confirmar las palabras de Juan, dos jóvenes musulmanas veladas entraron ahí.


-Pues tienes razón, viene de todas partes.
-No me digas que esas saben de cervezas más que nosotros.



Los dos hermanos no eran los únicos que habían reparado en ellas, las miradas de casi todo el local se dirigieron a aquellas chicas. Y ambos hermanos observaron que les servían una botella verde semejante a la Heineken.



-Pues no saben tanto si aquí piden eso -dijo Juan
-Menos aún, es un Sprite, no una Heineken.
-Bueno, daño no han hecho a nadie.
-No, y allá ellas y sus costumbres.



lunes, 3 de julio de 2017

Un último y vergonzoso secreto.

-La verdad, que aquí se está muy bien, no me extraña que vengamos siempre -dijo Fran pegándole un trago a su cerveza.
-Y ponen buenas tapas, se ve todo bien, hay chicas...

Sin duda aquel bar llamado Los Hurones era un buen lugar de paso en las correrías de ambos hermanos en sus salidas nocturnas por la ciudad. Sin embargo tenían la duda de si iban a él demasiado a menudo perdiéndose otros lugares.

-Bueno también está que la última vez que intentamos ir a otro sitio nos llevamos un sablazo enorme.
-Pero yo correría el riesgo -dijo Juan-. Nos conocemos hasta el último recoveco de este local. Los decorados de los azulejos, ese grupito de chicas del rincón, que tienen una virgen del rocío...
-Sí, bueno, ahora salimos más arriba en esta calle. Yo voy un momento al baño.

De camino al baño nuestro protagonista observó la mencionada virgen, dos bicicletas antiguas que adornaban el local y pensaba que sí, que allí no les quedaba ninguna sorpresa. Una vez acabó en el baño se lavó las manos y al salir se encontró de frente con una chica.

-Me parece que te has equivocado -le dijo ésta
-No -contestó sorprendido nuestro héroe llevo años viniendo aquí y...

La chica le mostró el símbolo de la puerta y... ¡sí! ¡Aquel al que Fran había ido siempre que entró en Los Hurones era el baño de mujeres! Fran salió cabizbajo y avergonzado y habló con los de la barra.

-No eres el único. Los símbolos de los baños se calleron y hasta ahora se nos olvidó pegarlos.
-Vaya, Fran, pues esto aún tenía un secrto para ti.
-Sí, bueno, vámonos a otro lado -dijo Fran con el color subido y la cara pegada al suelo.

sábado, 4 de octubre de 2014

Dos mongolos en remojo (2ª parte)


-Tío, es que había unos munipas a la puerta de los chinos y era muy cantoso –se disculpaba Julián.
-¡Me estoy cabreando que no veas!
-Tranquilízate. No te pongas como aquel día en Jerez.


Abrieron las tónicas. Su sabor no disgustaba a Fran, pero no había comparación posible con el milagroso fermento de la cebada. Así pasó media hora de gran aburrimiento. Gordal rompió el silencio con una pregunta:
-¿Y qué le vas a decir cuando la veas? Porque no supongo que se le haga el chocho pepsicola con sólo verte.
-Pues yo había pensado...
En éste momento un relámpago seguido de un trueno ensordecedor cortó los pensamientos de los dos amigos. Poco después comenzó a chispear y en pocos minutos caía sobre ellos un aguacero de los que no se olvidan
-Bueno, pues ahora te garantizo que se pondrá húmeda al verte –dijo Fran con evidente irritación
-¡Pero no podemos irnos ahora! ¡Todo lo que hemos hecho habría sido inútil!
-No podemos seguir así. Nos vamos a empapar.
-¡Eres un egoísta! ¿No te compadeces del amor que expreso?
-Tú cuando estás en celo te pones de un gilipollas...
-¿Qué me dices de la Miren? Le diste su nombre a un personaje de... -De Atrox Galaxy. Pero no es comparable a esperar bajo la lluvia.
-¡Pues si no lo haces por mí hazlo por el Ranma!
Y de nuevo Gordal se ablandó ante tal promesa. Tiritando, Julián le preguntó:
-¿Qué te parece la Macarena?
-Por lo menos no es una niña de trece años ni un dibujo animado ni ninguna de las aberraciones que te suelen gustar. Pero después de cómo nos estamos poniendo más te vale que te folle bien.
Pasó media hora bajo aquella lluvia. Gordal no podía evitar pensar que estaba haciendo la de Charlie Brown con la pelirroja.
-¿Cuánto más piensas seguir aquí? –preguntó .
-¡No aguantas nada! ¡No me extraña que no metas ni pa Cristo!
En aquel momento una chica con un casco salió del portal y arrancó una moto que había al lado. Salió a velocidad de la nave Enterprise
y cuando pasó detrás de nuestros protagonistas Julián dijo:
-¡Es ella! ¡Corre Fran!
Las botas de Fran resbalaron sobre el suelo mojado y se dio un buen golpe. Julián se fue tras la moto. Bueno, pensó Fran, me he ganado los Ranmas. Pero poco después un Julián casi lloroso apareció y dijo:
-¡Se ha ido, Fran!
-¡Yo te mato! ¡Hemos pasado las de Caín, hemos esperado horas, nos hemos empapado y todo para...!
-¡Vente al Street a tomar un tercio, yo invito!
Y Gordal con una sonrisa de oreja a oreja dijo:
-De acuerdo, vamos.



















































10 momentos de placer.

 (Publicado originalmente en La Coctelera el 28 de Noviembre de 2006)

Carolina llegó del trabajo muy histérica. Amenazaba con abrirse las venas. Para nuestro hombre todos esos sofocos de su hermana eran muy difícilmente comprensibles. -¿Qué cojones te pasa ahora? –preguntó Fran. -¡Estoy que me mato! -Eso ya lo he oído las otras cuatro veces que lo has dicho. ¿Qué cojones te pasa?, repito. -¡Que todos me odian en el trabajo. -Antes no tenías trabajo y lloriqueabas sin descanso. Ahora lo tienes y sigues lloriqueando. ¡¿Qué necesitas tú?!¡Qué!¡Qué!¡Quéeeeeeeeeeeeeeeeeeeeee! -¡Todo lo bueno de la vida no me compensa el sufrimiento! -Ya me sé eso también. -Pues ayúdame a compensar mi sufrimiento. A la manera de maestro Jedi, nuestro protagonista intentó buscar momentos de disfrute para aquella Britget Jones en perpetua crisis. Debía convencerla de que la vida merece la pena. -A ver si eres capaz de convencerme. Dame una razón para levantarme mañana. -No una. te voy a dar diez. -Pues empieza. -Bien. 10 momentos de goce casi místico: 1. El gol de vieri. Nadie que lo viese podrá olvidarlo 2.Una buena caña con una ración de jamón serrano. Se siente a medida que la tomas como todo lo malo desaparece. 3.Una pinta de Guinness bién tirada. Con trébol dibujado en la espuma y todo. 4.Un buen duelo cinematográfico, como en La muerte tenía un precio. 5.Viajes. ¿Has olvidado cuando estuvimos en Túnez y decías que era lo más maravilloso que había? ¡Y porque no viniste conmigo a Londres! ¡Es una ciudad increíble! 6.Acabar una buena colección de tebeos. Aunque a la vez se siente un vacío cuando no te quedan más Asterix o Blueberrys o Cortos maltes por pillar. 7.Encontrar dvds y material de series que añorabas. ¡Cómo odié y odio a Mª Teresa Campos por su estúpida cruzada contra las series manga! Pero hoy esa mala puta menopáusica me toca las pelotas. 8.Un buen combate de boxeo. O bajo cualquier forma, que dostíos fuertes se partan la crisma. 9.Una gran historia épica como en Star Wars. A un viaje iniciático, ¿quién se resiste? 10.El pressing catch, con combates como el del enterrador contra el gran Khali, con la premisa de que sólo acababa con uno de los dos contendientes en el suelo sin poder levantarse. Cuando el Enterrador ganó, tendrías que ver la ovación que le dieron mientras hacía su celebración clásica. Aunque yo no entiendo lo de la lengua. -Pero todo eso sólo te mola a tí ¿A quién coño le importa el Pressing catch? ¡Estoy que me mato! -¡No me jodas! ¡En Túnez estabas tú!¡Y encima tú follas, cosa que yo no! -Por favor, invítame a una caña. -Está bien Y carolina sonrió feliz de lograr su objetivo.

viernes, 3 de octubre de 2014

Tensa noche de cervezas.

 (Publicado originalmente en La Coctelera el 2 de octubre de 2006)


 Nuestro protagonista disfrutó como un enano viendo el episodio de "Perdidos". Desde el principio de aquella magistral serie, Locke por su misticismo, Kate por razones obvias y Hurley porque le consideraba el más próximo a él, habían sido sus personajes favoritos de la serie. De los dos primeros ya sabía su historia y por tanto, esperaba el capítulo que contemplase a Hurley como protagonista con ansiedad. Una vez que lo había visto se sentía como si hubiese cumplido una misión y además se lo había pasado en grande. Pero también le había dejado el capítulo una inquietud que no había tenido hasta ese momento: le asustaba pensar que el día del triunfo de "Atrox Galaxy" (que nadie dudase que tal fecha llegaría) le ocurriese algo que le impidiese disfrutar de su dinero como le había ocurrido en la serie a su querido Hurley. No, no puede ser que después de todo el esfuerzo y la ilusión que he puesto no pueda estar tirado en una playa paradisíaca con una tía  como Kate y con papá en la Gomera tranquilo y bien cuidado, se decía a sí mismo una y otra vez aterrorizado ante tal posibilidad. Se sobrecogía aún de esos pensamientos cuando llamó por teléfono su amigo Julián:

-¿Qué te cuentas, Fran? ¿Te vienes al “Dos” a tomar algo?
- De mil amores –dijo Gordal deseoso de alejar como fuese sus negros pensamientos acerca de su dinero- pero no tengo un euro para salir.
- No te preocupes por eso, no saldremos porque el “Grelos” y Abadía pasan de venir conmigo.
-¿Otra vez les has cabreado? ¿Qué has hecho esta vez?
-Nada, es que les molesta todo lo que hago –explicó Julián al tiempo que un horrible y estridente sonido que Gordal no identificó pero que creía haber oído otras veces resonó al fondo.
-Bueno, ahora lo hablamos.

Nuestro héroe salió a la calle y se dirigió al “Dos”, su nuevo punto de reunión con su gente desde que el más tradicional pub “Parla” había dejado de ser un lugar agradable y reconfortante para convertirse en un oscuro y triste local  repleto de maníacos depresivos, degeneración paralela a la de Carmen, la dueña del garito, que de ser una chica físicamente agradable y cordial había dado en un pellejo que hacía pensar en un yonqui y con un carácter insoportable. El “Dos”,  por el contrario tenía todo lo que les resultaba deseable: Josemi, un dueño simpático y agradable, una diana y cerveza, mucha cerveza. Durante los diez minutos de trayecto, Gordal no dejaba de pensar en la remota posibilidad de no disfrutar de su dinero y en el sonido chirriante que había oído por el teléfono. Y cuando entró en el bar comprendió con horror lo que había oído: la risa de Carmencita, la insoportable chica asturiana que Julián estaba empeñado en tirarse. Ahora estaba claro porque Abadía y el “Grelos” habían decidido no salir.

-¿Qué hace aquí este cebón? –fue el saludo de la ovetense.
-Buenas noches para ti también –replicó nuestro sujeto.
-Gracias por venir –intervino Julián.
-Sí dame las gracias porque a fuerza de engañarme soy el único que va a soportar a tu puerco.
-¡No te ha mentido en nada! –volvió a chirriar la insufrible voz de la asturiana.
-Hablo con el dueño del circo, no con el orangután. Y por omisión sí me ha mentido
-¡Cómo te gusta repetir frases! –dijo Julián.
-Sí, pero ¿no te extraña que nadie vaya contigo si viene ésta?

En aquel momento Josemi se acercó y preguntó:
-¿Tres cervezas?
-Si está aquí este cebón yo me niego a quedarme –dijo Carmencita

Va ser una noche muy tensa, pensó para sí Gordal.