Iba a ser espectacular. Abadía, el más fuerte y tenaz del grupo, se iba a medir al nórdico con la sonrisa en los labios. Nuestro sujeto comentaba así el duelo: -A la izquierda, con una altura de algo más de 1,80, y un peso de 90 kilos... -¿Cómo que 90? –preguntó indignado Abadía. - Está bien. 90 kilos tirando por lo alto a ojo, pero mucho más pesado si se lo propone, Roberto, “hombre de plomo” Abadía. -¿A qué viene ahora eso? Yo no doy la brasa si nadie se mete conmigo. -Pero es que cualquier movimiento que nadie haga te toca la fibra. Y a la derecha, con una altura similar y un peso de... de...un peso que no soy capaz de calcular, Mika “Nosferatu” Kankkunen. ¡Que empiece! -Cuando acabe esto voy a por ti –dijo Abadía a nuestro hombre con su sonrisa característica, un gesto que expresado en palabras vendría a decir “esta noche te la vas a pasar soportando una persecución de varias horas".
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sábado, 4 de octubre de 2014
¡Vienen Abadía y el "Nécora"! 3ª parte: duelo de titanes.
(Publicado originalmente en La Coctelera el 21 de Enero de 2007)
Iba a ser espectacular. Abadía, el más fuerte y tenaz del grupo, se iba a medir al nórdico con la sonrisa en los labios. Nuestro sujeto comentaba así el duelo: -A la izquierda, con una altura de algo más de 1,80, y un peso de 90 kilos... -¿Cómo que 90? –preguntó indignado Abadía. - Está bien. 90 kilos tirando por lo alto a ojo, pero mucho más pesado si se lo propone, Roberto, “hombre de plomo” Abadía. -¿A qué viene ahora eso? Yo no doy la brasa si nadie se mete conmigo. -Pero es que cualquier movimiento que nadie haga te toca la fibra. Y a la derecha, con una altura similar y un peso de... de...un peso que no soy capaz de calcular, Mika “Nosferatu” Kankkunen. ¡Que empiece! -Cuando acabe esto voy a por ti –dijo Abadía a nuestro hombre con su sonrisa característica, un gesto que expresado en palabras vendría a decir “esta noche te la vas a pasar soportando una persecución de varias horas".
Los dos empezaron a forcejear. El nórdico parecía tener dificultades, pero sorprendentemente sacó fuerzas de flaqueza y Abadía perdió. Todos conocemos a Abadía. Era incapaz de sufrir una derrota, de modo que reclamó la revancha. El Nécora rió y le pegó un buen trago a su cubata. Luego se encaminó a pedir otro
-Pídeme uno, Nécora –dijo Abadía
-¡Cómo no!
El Grelos apostaba con nuestro protagonista:
-Un cubata a que ahora gana Abadía
-Va a ganar. No apuesto.
En efecto Abadía ganó y el finés se sorprendió.
-Ahora te toca a ti, Fran.
De mala gana nuestro protagonista se acercó a la mesa, y se dejó ganar para acbar cuanto antes. Pero le salió el tiro por la culata.
-Me he dado cuenta. Tú no te vas hasta no echarme un pulso en serio.
Todos rieron, hasta Mika cuando el Nécora se lo explicó. Gordal de nuevo se encaminó a la mesa y fue derrotado por Abadía, esta vez de verdad. Pero Abadía insistía en echar otro.
-No tengo más ganas –decía Fran.
-Pero yo sí, y sabes lo pesado que puedo ser cuando quiero algo.
-Yo lo hago –dijo entre risas el Nécora, que no fue rival para Abadía.
Y entre risas y comentarios salieron a la calle borrachos, tanto que Mika vomitó en un árbol en las mismísimas narices de unos policías municipales, que por suerte pasaron de largo. El Nécora decidió que lo mejor era que el y el finés volviesen a casa. Abadía, el “Grelos” y nuestro hombre se fueron al “Street”
Una vez allí, Julián llamó.
-Ha sido una buena noche, a pesar de todo -ledijo por el móvil nuestro hombre.
Iba a ser espectacular. Abadía, el más fuerte y tenaz del grupo, se iba a medir al nórdico con la sonrisa en los labios. Nuestro sujeto comentaba así el duelo: -A la izquierda, con una altura de algo más de 1,80, y un peso de 90 kilos... -¿Cómo que 90? –preguntó indignado Abadía. - Está bien. 90 kilos tirando por lo alto a ojo, pero mucho más pesado si se lo propone, Roberto, “hombre de plomo” Abadía. -¿A qué viene ahora eso? Yo no doy la brasa si nadie se mete conmigo. -Pero es que cualquier movimiento que nadie haga te toca la fibra. Y a la derecha, con una altura similar y un peso de... de...un peso que no soy capaz de calcular, Mika “Nosferatu” Kankkunen. ¡Que empiece! -Cuando acabe esto voy a por ti –dijo Abadía a nuestro hombre con su sonrisa característica, un gesto que expresado en palabras vendría a decir “esta noche te la vas a pasar soportando una persecución de varias horas".
¡Vienen Abadía y el "Nécora"! (2ª parte)
(Publicado originalmente en La Coctelera el 16 de Enero de 2007)
Quizá pelea no fuese la palabra más adecuada. Ni Abadía ni el Nécora estaban de acuerdo con esto. Por ello mejor llamémosla discusión entre caballeros. Sin embargo, mientras esa discusión tenía lugar, el Nécora se ponía tan colorado como su apodo sugería, mientras a Abadía se le hinchaban las venas del cuello. Parecía a punto de llegar al estado de Tetsuo al final de la película Akira. . La razón de tal discusión era Carmen, uno de los varios cientos de miles de Cármenes que parecían existir, que antaño había sido la novia del Nécora hasta su aventura finesa. No es labor de este narrador juzgar quien tenía razón entre ellos, pero la cita que habían tenido una vez Abadía y la citada Carmen no había sido del agrado del Nécora. El Grelos intentaba mediar entre ellos con toda la mano izquierda que le caracterizaba. Gordal y Mika permanecían al margen mientras el nórdico explicaba como buenamente podía las condiciones de alquiler, vida y estudios en Finlandia, al tiempo que aprendía palabras de brindis en español. Pasado un rato, nuestro héroe también intentó que enterrasen el hacha de guerra.
Sin embargo nuestro hombre no había nacido para ser diplomático:
-Bueno Abadía, no te lo tomes tan en serio.
- Tú no te metas. ¿Crees que puede llamarme la atención por mi comportamiento esta perra? –dijo un indignado Abadía con sus ojos, ya de por sí saltones a punto de salirse de sus órbitas.
-Bueno, todos sabemos que el Nécora es una perra traidora, pero...
-¡Te vas a ir a insultar a tu puta madre!
-Tú también, aunque Abadía sea una llorona tremendista....
En este punto el Grelos intervino:
-Déjalo, que lo estás liando. –Y con una dulzura casi femenina sacó a nuestro héroe de allí.
Mientras Mika no hacía más que beber y decidió echar un pulso a Gordal. Nuestro protagonista nunca rehusaba un pulso, aunque el nórdico ya había dado pruebas de ser más fuerte de lo que parecía en la calle, siendo capaz de arrastrar en una lucha grecorromana a dos personas, bien es cierto que no muy voluminosas, el Nécora y el Grelos. Como era de esperar, el finés ganó. Y el Grelos tuvo una idea para separar al Nécora y Abadía:
-Abadía , ¿por qué no pruebas tú?
Quizá pelea no fuese la palabra más adecuada. Ni Abadía ni el Nécora estaban de acuerdo con esto. Por ello mejor llamémosla discusión entre caballeros. Sin embargo, mientras esa discusión tenía lugar, el Nécora se ponía tan colorado como su apodo sugería, mientras a Abadía se le hinchaban las venas del cuello. Parecía a punto de llegar al estado de Tetsuo al final de la película Akira. . La razón de tal discusión era Carmen, uno de los varios cientos de miles de Cármenes que parecían existir, que antaño había sido la novia del Nécora hasta su aventura finesa. No es labor de este narrador juzgar quien tenía razón entre ellos, pero la cita que habían tenido una vez Abadía y la citada Carmen no había sido del agrado del Nécora. El Grelos intentaba mediar entre ellos con toda la mano izquierda que le caracterizaba. Gordal y Mika permanecían al margen mientras el nórdico explicaba como buenamente podía las condiciones de alquiler, vida y estudios en Finlandia, al tiempo que aprendía palabras de brindis en español. Pasado un rato, nuestro héroe también intentó que enterrasen el hacha de guerra.
viernes, 3 de octubre de 2014
Tensa noche de cervezas.
(Publicado originalmente en La Coctelera el 2 de octubre de 2006)
Nuestro protagonista disfrutó como un enano viendo el episodio de "Perdidos". Desde el principio de aquella magistral serie, Locke por su misticismo, Kate por razones obvias y Hurley porque le consideraba el más próximo a él, habían sido sus personajes favoritos de la serie. De los dos primeros ya sabía su historia y por tanto, esperaba el capítulo que contemplase a Hurley como protagonista con ansiedad. Una vez que lo había visto se sentía como si hubiese cumplido una misión y además se lo había pasado en grande. Pero también le había dejado el capítulo una inquietud que no había tenido hasta ese momento: le asustaba pensar que el día del triunfo de "Atrox Galaxy" (que nadie dudase que tal fecha llegaría) le ocurriese algo que le impidiese disfrutar de su dinero como le había ocurrido en la serie a su querido Hurley. No, no puede ser que después de todo el esfuerzo y la ilusión que he puesto no pueda estar tirado en una playa paradisíaca con una tía como Kate y con papá en la Gomera tranquilo y bien cuidado, se decía a sí mismo una y otra vez aterrorizado ante tal posibilidad. Se sobrecogía aún de esos pensamientos cuando llamó por teléfono su amigo Julián:
-¿Qué te cuentas, Fran? ¿Te vienes al “Dos” a tomar algo?
- De mil amores –dijo Gordal deseoso de alejar como fuese sus negros pensamientos acerca de su dinero- pero no tengo un euro para salir.
- No te preocupes por eso, no saldremos porque el “Grelos” y Abadía pasan de venir conmigo.
-¿Otra vez les has cabreado? ¿Qué has hecho esta vez?
-Nada, es que les molesta todo lo que hago –explicó Julián al tiempo que un horrible y estridente sonido que Gordal no identificó pero que creía haber oído otras veces resonó al fondo.
-Bueno, ahora lo hablamos.
Nuestro héroe salió a la calle y se dirigió al “Dos”, su nuevo punto de reunión con su gente desde que el más tradicional pub “Parla” había dejado de ser un lugar agradable y reconfortante para convertirse en un oscuro y triste local repleto de maníacos depresivos, degeneración paralela a la de Carmen, la dueña del garito, que de ser una chica físicamente agradable y cordial había dado en un pellejo que hacía pensar en un yonqui y con un carácter insoportable. El “Dos”, por el contrario tenía todo lo que les resultaba deseable: Josemi, un dueño simpático y agradable, una diana y cerveza, mucha cerveza. Durante los diez minutos de trayecto, Gordal no dejaba de pensar en la remota posibilidad de no disfrutar de su dinero y en el sonido chirriante que había oído por el teléfono. Y cuando entró en el bar comprendió con horror lo que había oído: la risa de Carmencita, la insoportable chica asturiana que Julián estaba empeñado en tirarse. Ahora estaba claro porque Abadía y el “Grelos” habían decidido no salir.
-¿Qué hace aquí este cebón? –fue el saludo de la ovetense.
-Buenas noches para ti también –replicó nuestro sujeto.
-Gracias por venir –intervino Julián.
-Sí dame las gracias porque a fuerza de engañarme soy el único que va a soportar a tu puerco.
-¡No te ha mentido en nada! –volvió a chirriar la insufrible voz de la asturiana.
-Hablo con el dueño del circo, no con el orangután. Y por omisión sí me ha mentido
-¡Cómo te gusta repetir frases! –dijo Julián.
-Sí, pero ¿no te extraña que nadie vaya contigo si viene ésta?
En aquel momento Josemi se acercó y preguntó:
-¿Tres cervezas?
-Si está aquí este cebón yo me niego a quedarme –dijo Carmencita
Va ser una noche muy tensa, pensó para sí Gordal.
Nuestro protagonista disfrutó como un enano viendo el episodio de "Perdidos". Desde el principio de aquella magistral serie, Locke por su misticismo, Kate por razones obvias y Hurley porque le consideraba el más próximo a él, habían sido sus personajes favoritos de la serie. De los dos primeros ya sabía su historia y por tanto, esperaba el capítulo que contemplase a Hurley como protagonista con ansiedad. Una vez que lo había visto se sentía como si hubiese cumplido una misión y además se lo había pasado en grande. Pero también le había dejado el capítulo una inquietud que no había tenido hasta ese momento: le asustaba pensar que el día del triunfo de "Atrox Galaxy" (que nadie dudase que tal fecha llegaría) le ocurriese algo que le impidiese disfrutar de su dinero como le había ocurrido en la serie a su querido Hurley. No, no puede ser que después de todo el esfuerzo y la ilusión que he puesto no pueda estar tirado en una playa paradisíaca con una tía como Kate y con papá en la Gomera tranquilo y bien cuidado, se decía a sí mismo una y otra vez aterrorizado ante tal posibilidad. Se sobrecogía aún de esos pensamientos cuando llamó por teléfono su amigo Julián:
-¿Qué te cuentas, Fran? ¿Te vienes al “Dos” a tomar algo?
- De mil amores –dijo Gordal deseoso de alejar como fuese sus negros pensamientos acerca de su dinero- pero no tengo un euro para salir.
- No te preocupes por eso, no saldremos porque el “Grelos” y Abadía pasan de venir conmigo.
-¿Otra vez les has cabreado? ¿Qué has hecho esta vez?
-Nada, es que les molesta todo lo que hago –explicó Julián al tiempo que un horrible y estridente sonido que Gordal no identificó pero que creía haber oído otras veces resonó al fondo.
-Bueno, ahora lo hablamos.
Nuestro héroe salió a la calle y se dirigió al “Dos”, su nuevo punto de reunión con su gente desde que el más tradicional pub “Parla” había dejado de ser un lugar agradable y reconfortante para convertirse en un oscuro y triste local repleto de maníacos depresivos, degeneración paralela a la de Carmen, la dueña del garito, que de ser una chica físicamente agradable y cordial había dado en un pellejo que hacía pensar en un yonqui y con un carácter insoportable. El “Dos”, por el contrario tenía todo lo que les resultaba deseable: Josemi, un dueño simpático y agradable, una diana y cerveza, mucha cerveza. Durante los diez minutos de trayecto, Gordal no dejaba de pensar en la remota posibilidad de no disfrutar de su dinero y en el sonido chirriante que había oído por el teléfono. Y cuando entró en el bar comprendió con horror lo que había oído: la risa de Carmencita, la insoportable chica asturiana que Julián estaba empeñado en tirarse. Ahora estaba claro porque Abadía y el “Grelos” habían decidido no salir.
-¿Qué hace aquí este cebón? –fue el saludo de la ovetense.
-Buenas noches para ti también –replicó nuestro sujeto.
-Gracias por venir –intervino Julián.
-Sí dame las gracias porque a fuerza de engañarme soy el único que va a soportar a tu puerco.
-¡No te ha mentido en nada! –volvió a chirriar la insufrible voz de la asturiana.
-Hablo con el dueño del circo, no con el orangután. Y por omisión sí me ha mentido
-¡Cómo te gusta repetir frases! –dijo Julián.
-Sí, pero ¿no te extraña que nadie vaya contigo si viene ésta?
En aquel momento Josemi se acercó y preguntó:
-¿Tres cervezas?
-Si está aquí este cebón yo me niego a quedarme –dijo Carmencita
Va ser una noche muy tensa, pensó para sí Gordal.
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