Mientras realizaba una limpieza en su cuarto, nuestro protagonista pensaba en los diversos enseres
que, como siempre que realizaba ese tipo de tareas, aparecían en los rincones más
inverosímiles. Algunos parecían lógicos, como bolígrafos, monedas, u otros objetos que uno
lleva en los bolsillos y a los que no presta atención. Siempre aparecían monedas, a veces en
cantidades que te arreglaban alguna compra menor. Fran pensaba que podría hacer un mapa
de su cuarto como si fuera una suerte de isla del tesoro. La verdad es que los hallazgos seguían
una cierta lógica: bolígrafos y lapiceros solían aparecer bajo la mesa de trabajo. Las monedas
entre la cama y la pared, dónde nuestro protagonista solía echarse para leer o descansar. Las
prendas de ropa con las que ya no contaba en lugares recónditos de los cajones. Pensaba que
debería poner en su imaginado mapa las distancias, los procedimientos y alguna especie de
trampa para disuadir a los intrusos. Y luego esconder bien el mapa para que nadie pudiera
dar con él. En un momento dado se puso a dibujarlo pero luego pensó que, de todas
formas allí donde lo tenía, en su cabeza, era el mejor lugar para esconderlo. Además todo
aquello le estaba distrayendo de su tarea. Se puso a la «búsqueda del tesoro» y reanudó su
limpieza. Luego también habría que hacer una lista de herramientas y armas necesarias
para poder emprender la búsqueda. En vez de palas y picos haría que llevar una escoba y
un recogedor. Y tener cuidado de dónde se dejaban los enseres para no cubrir nada que se
estuviera buscando. Con todo esto pensaba que le faltaba también un escondite para un
cargamento de ron de especial calidad. Y entonces en un reducto del hueco de la pared y
la estantería apareció lo que jamás hubiera esperado encontrar: una botella de medio litro
de coca-cola sin abrir. Seguramente se la habría llevado allí su hermano Juan en algunas
de las sesiones de lectura y merienda que solía darse. El caso es que gracias a ello, Fran
había completado su fantasía y podía decir que ya tenía terminado su rudimentario
mapa del tesoro.
⸺Bueno, una botella de ron centenario tiene más glamour, aura, o como quieran llamarlo, pero para un pirata de baratillo como soy yo esto ya vale.


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