viernes, 6 de noviembre de 2026

La verdad de la maceta rota

 

 

Fran vio aquella
maceta rota y
desparramada
por el el suelo
y pensó de
dónde podía
haber caído.
Miró hacia arriba
y vio el balcón
de esa casa
lleno de tiestos,
con un
hueco muy elocuente.
Observó también
que no había
nadie por la
calle. Sintió un
estremecimiento
grande al pensar cómo podía haber acabado eso de haber alguien
pasando cuando cayó el tiesto. Y que él mismo de haber pasado por allí podría
haber resultado descalabrado. Porque parecía obvio que si los de aquella casa aún
no habían visto que habían perdido ese tiesto no podía hacer mucho de aquello.
Pensó en tiodas las veces que en películas y cómics había visto situaciones similares
y que en La tentación vive arriba el personaje de Tom Ewell conocía a Marilyn
Monroe en un suceso parecido. Y por qué no baja ahora una rubia despampanante y
prendo la hebra con ella, se lamentaba nuestro protagonista. Entonces pasó detrás
de él una mujer de mediana edad con un carro de la compra:
—El tarado del tercero ya ha vuelto a romper una de sus plantas. Un día vamos a
tener un disgusto de verdad.
—¿No es la primera vez?—preguntó nuestro protagonista. —Para nada. Y así va a seguir hasta que le parta la crisma a alguien, porque
hemos avisado muchas veces de este problema y nadie nos hace caso.

Entonces Fran cayó en la cuenta de que, como suele ocurrir, tras una situación de
película cómica en la vida real no hay risas, no hay glamour, no hay una chica
despampanante a la que conquistar. Sólo hay el peligro de resultar descalabrado y
riñas de vecinos. Bueno, pensó, cuando llegue yo a casa voy a revisar mis
macetas no vaya a ser yo el que rompa la cabeza a nadie.



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