—¡Pues menos
mal que
cerraron aquel
día el Retiro!
—decían los
transeúntes
viendo aquel
enorme árbol
caído. —La tormenta
debió sr algo
digno de verse.Aquel paseo por el Retiro de Fran y Carolina Gordal les estaba permitiendo ver los efectos
—Por una vez parece que cuando cerraron el parque tenían motivos para ello—dijo Carolina. —El boquete que ha dejado, porque todas las raíces del árbol está por los aires es tremendo. —Por lo menos no había nadie debajo. —Y ahora habrá que esperar varios meses a que lo dejen en condiciones
de los últimos temporales de viento y frío sobre la ciudad. Con gran estupefacción
observaron la caída de aquel roble, que tal creía Fran que era el árbol, y los trabajos para
levantarlos.—Tantos palos que le han dado al alcalde por cerrarlo, tenía toda la razón.
Fran repasaba mentalmente todo lo que aquello suponía: los daños personales, los más
importantes, por suerte, se habían evitado. Los daños materiales parecían estar en vías
de solución. De modo que aquel incidente parecía haberse resuelto sin problemas.
Pero entonces oyó a uno de los viandantes insistir:Aquí Fran se estremeció. Porque si bien era suerte que en aquella ocasión en concreto el
cierre del parque era motivado, no olvidaba nuestro protagonista que el Retiro había
cerrado al público con motivo del calor, del frío, de la lluvia... Así continuamente fuera
cual fuera el tiempo que hacía. El día de aquella ventisca nadie se hubiera quejado. Pero
ahora resulta que los responsables del parque podían exhibir un acierto que habían tenido
como justificación de todo. Fran volvió a oír a más paseantes insistir en aquella idea. Pues
esto, pensó, se creerán millonarios en cuanto acierten una en la quiniela.


No hay comentarios:
Publicar un comentario