-¡Ay perdona! ¿Te da miedo? ¿Te ha molestado?
-¿Molestar? -dijo Juan sorprendidísimo de la pregunta mientras
acariciaba al perro-. En absoluto. Al contrario, me parece muy
gracioso?
-Menos mal. A veces la gente me ha dicho cosas terribles de mi
perro.
Entonces nuestro protagonista que estaba observando libros de
historia en otra estantería intervino.
-¿Qué gente? ¿Tantos gilipollas hay en el mundo?
-No, no, pero es que algunas veces ha ladrado y...
-Pero si es tan inofensivo y tan bonito que le han dejado entrar
aquí.
-Pues hay quien no le gusta.
Al acabar ambos hermanos reflexionaban sobre el incidente:
-Pero si no lo había ni visto, y no ha hecho el menor ruido.
Cuánto gilipollas -decía Juan Gordal.
-Y la pobre chica tan cortadita... Además era un estereotipò de
las que ahora llaman los cursis "no normativas". Ya te digo
yo: algún memo le montó un pollo que a ti o a mí no con Diez,
con Trece, que sí era enorme no nos montaban
-Pues no se me había ocurrido. Pero vamos, es un perro que hatsa
dejen entrar en la tienda.
-Bueno, igual porque la chica es familiar de los dueños de la
librería. Pero sí, hasta eso. Ya te digo yo que si al que le haya
protestado le ladra Idefix, por poner un ejemplo que todos
conozcamos, a Obélix no se atreve a montarle una bronca.
-Sí, más de uno y de dos que necesitan una buena manita de
hostias.
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