Carolina realizaba
aquella actividad
con goce y
fruición. Fran lo
observaba con asombro.
—Yo es que creía que mi móvil no podía hacer capturas. Lo que hiciste el otro dia me está
siendo muy útil para muchas cosas—explicaba Carolina riendo como un niño con zapato
s nuevos.
—¡Joder, Carol! Ni que fueras uno de los viejecillos que llaman al servicio donde trabajas.
—Estoy pudiendo enviar datos, imágenes... Me viene muy bien.
Hace algunos días, Carolina le había escrito a Fran por el móvil hablándole de cómo
rellenar un formulario. Cuando Fran le dijo que mejor le enviara una captura ella dijo
que no podía hacerlo, razón por la cuál Fran le pidió el móvil para hacerle una demostración.
Carolina desde entonces parecía haber descubierto la octava maravilla del mundo. Desde
entonces se había obsesionado tanto que le mandaba capturas hasta cuando no era necesario.
—Es que te ahorra todo. En lugar de explicar datos, procedimientos... Haces un pantallazo y
ya está —comentaba Carolina.
—Que sí, Cárol. Que yo llevo mucho tiempo haciendolo. De verdad, que no es nada
extraordinario.
—Es que mira. Estás tú pidiendo algo por internet y de pronto, puedes hacer una captura
de la página y ya te entienden del todo.
—Que si, Cárol, pero de verdad, que esto no da más de sí. Si quieres otro día te explico
cómo hacer fuego con dos piedras o que el agua moja.
—Es fascinante. ¿Y la tia Maria Cristina sabe esto?
—Explícaselo tú. Y aver si luego te empieza a mandar capturas hasta de su fondo de
pantalla y tienes que volver sobre ellos.
—¡No se me había ocurrido! Voy a hacer pantallazo de mis escritorios del móvil.
—Madre mía. Te has velto adicta al mópvil de la forma más absurda.


No hay comentarios:
Publicar un comentario