—Toca ponerse a ello. No
hay otro momento mejor
—dijo Juan Gordal a Fran. —Ahora me arremango,
pero yo contaba con salir
ya de casa.
Aquella tarea no sepodía planificar. Cuando
surgía surgía. Limpiar
la nevera era una cosa
que no apetecía hacernunca y, por lógica,
sólo podía llevarse a cabo cuando se quedara
—Aquí están las baldas de la puerta, que voy a fregarlas en la pila—explicó Fran a su hermano. —Y yo a limpiar entre las rendijas de las bandejas y a frotar la pared del fondo.
vacía. Sacar bolsas, paquetes y tuppers de modo habitual para después desmontar la nevera
y frotar era demasiado complicado y estropeaba a veces la comida. Si los Gordal Palacios
descubrían la nevera vacía, sí, o sí, se ponían a limpiarla.Al cabo de un buen rato de frotar y recoger, toda la nevera parecía como nueva. Sólo quedaba
—Bueno, pues ya está hecho. Qué pesadez hacer esto—comentó Juan—. Nos habrá llevado
barrer el suelo, que había quedado cubierto de los restos de la limpieza y fregarla por fuera.
unos tres cuartos de hora, ¿no? Nuestro protagonista miró su reloj y se sorprendió. Una vez más el realizar una labor
que no gusta hacer había hecho parecer el avance del tiempo mucho más lento de lo
que había sido en realidad. —Nos ha llevado diez minutos, Juan. —¿De verdad? Entonces aún estamos a tiempo de hacer una compra y volverla a llenar. —Qué bien, qué alegría ver nuestra labor deshacerse tan rápido. —Cuando toca toca, Fran.


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