sábado, 14 de septiembre de 2024

El villano Hackman

 

 

¡Menudo gángster
hijo de puta! 
―exclamó nuestro 
protagonista 
observando el
 papel de 
Gene Hackman 
como alguacil 
en Sin Perdón.Y el otro día ponían aquella con Sharon Stone, Rápida y Mortal, donde también era un
cacique poco recomendable ―le recordó Juan Gordal.

Aquella aportación de su hermano hizo a nuestro héroe reparar en una curiosidad sobre este
veterano actor: Fran siempre había considerado que tenía aspecto bonachón y apacible, pero
sin embargo, Gene Hackman había hecho muchos papeles de villano y, dadas sus capacidades,
los había representado bastante bien.

También era el Lex Luthor de las películas de Superman de Christopher Reeve ―le dijo 
Juan Gordal.Joder, es curioso. Porque la verdad es que no chirría en ninguno de esos papeles.Es que ese hombre lleva desde los 60 y conoce el oficio.Pues yo lo pondría más de vejete simpaticón, o algo así.Bueno, también lo has visto de predicador y hombre de fe en La aventura del Poseidón.Pero incluso allí no es un predicador típico es un hombre de acción y líder.Al menos no es un hijo de puta.Bueno, la verdad es que en eso consiste en ser actor. ¿Habrá otro caso parecido?

Juan Gordal no dudó:

Mira a Humphrey Bogart en El tesoro de Sierra Madre, haciendo de villano, cuando estamos
 acostumbrados a verlo de héroe.Tienes razón, pero yo a Bogart sólo le conozco ese papel como villano. En fin, Gene Hackman 
me sorprende por eso.Pues en eso consiste la actuación. 


miércoles, 4 de septiembre de 2024

Dos semanas más con ellos

 


¡Venga, vamos!
Tenemos que
 sacarlo cuanto
 antes —dijo 
Juan Gordal 
empujando 
aquel viejo 
armario que
 los hermanos
 querían dejar en la calle tras las últimas obras y limpiezas que habían hecho en la casa.
Hago lo que puedo, pero no es fácil sacar este armatoste por la puerta.


Los dos hermanos se preguntaban cómo había podido entrar aquel mueble en la casa en otro
tiempo cuando claramente no pasaba ese trozo del pasillo.

Está claro, Juan: lo montaron en tu cuarto —comentó Fran Gordal mientras lo empujaba y forcejeaba.Pues ahora que lo dices debió ser así. Corre, trae el destornillador y vamos a desmontarlo.

Nuestro protagonista obedeció de mala gana, sobre todo pensando en la hora que ya era para
ponerse a hacer un trabajo como aquel. Pero con el destornillador y un serrucho lograron
desmontarlo tras un buen rato de trabajar, girar, aserrar... Al final el armario quedó reducido
a un montón de tablones que cabrían por la puerta. Pero justo entonces llegó de la calle el sonido
del camión de recogida de muebles viejos, que se llevaba lo que había en la acera. Los dos
hermanos no pudieron pillarlo.

Pues la próxima recogida es en dos semanas. Nos va a quedar un montón de maderas al
 retortero—sentenció Fran.Bueno, pero dentro de dos semanas ya estará todo hecho. Venga, vamos a ver cómo podemos
 guardar estas piezas —dijo Juan.
¡Venga, vamos! Tenemos que sacarlo cuanto antes —dijo Juan Gordal empujando aquel viejo 
armario que los hermanos querían dejar en la calle tras las últimas obras y limpiezas que habían 
hecho en la casa.Hago lo que puedo, pero no es fácil sacar este armatoste por la puerta.

Los dos hermanos se preguntaban cómo había podido entrar aquel mueble en la casa en otro
tiempo cuando claramente no pasaba ese trozo del pasillo.

Está claro, Juan: lo montaron en tu cuarto —comentó Fran Gordal mientras lo empujaba y
 forcejeaba.Pues ahora que lo dices debió ser así. Corre, trae el destornillador y vamos a desmontarlo.

Nuestro protagonista obedeció de mala gana, sobre todo pensando en la hora que ya era para
ponerse a hacer un trabajo como aquel. Pero con el destornillador y un serrucho lograron
desmontarlo tras un buen rato de trabajar, girar, aserrar... Al final el armario quedó reducido
a un montón de tablones que cabrían por la puerta. Pero justo entonces llegó de la calle el sonido
del camión de recogida de muebles viejos, que se llevaba lo que había en la acera. Los dos
hermanos no pudieron pillarlo.

Pues la próxima recogida es en dos semanas. Nos va a quedar un montón de maderas al 
retortero—sentenció Fran.Bueno, pero dentro de dos semanas ya estará todo hecho. Venga, vamos a ver cómo podemos
 guardar estas piezas —dijo Juan.
—Vamos a dormir de puta madre durante dos semanas. 

Supervivientes del Manzanares

 


Nuestro protagonista disfrutaba de aquel paseo como pocas cosas en su ciudad. El río
Manzanares, antaño una especie de cloaca, había sido, hacía varios años ya,
renaturalizado y ahora ofrecía un trozo de verdadera naturaleza en plena ciudad. La
fauna del río natural había vuelto y ahora era posible ver en pleno casco urbano peces,
galápagos, aves de todo tipo desde los patos más comunes hasta garzas reales—, y se
intuían, aunque Fran aún no las había visto en aquel emplazamiento, batracios. Pero también
de vez en cuando aparecía un animal menos agradable: en efecto, lo que nuestro protagonista
vio en aquella isla en medio de la corriente era una rata. Lo cierto es que si esos roedores
proliferaban en cualquier lugar no había razón para que no lo hicieran en un río que, por otra
parte, tampoco pillaba demasiado lejos de su habitual despensa humana de la ciudad. Bueno,
pensaba nuestro protagonista. Mejor ratas de río que de alcantarilla. Pero entonces vio a sus
pies un hueco que conectaba la valla de la calle donde él se situaba con el talud del río. Es
decir, sin duda aquellos roedores podían pasar de la acera al río sin ninguna posibilidad.
Nuestro protagonista se estremeció pensando en encontrarse alguno de aquellos animales
correteando por sus pies, y más aún cuando vio en una de las islas de tierra y vegetación que
se habían formado en el río a una de aquellas criatura rodeada de cinco urracas en un extraño
proceder: las urracas la rodeaban, parecía que con intención de acorralarla, pero sin ir
decididamente a por ella. La rata acometía de vez en cuando a alguna de aquellas aves, que
esquivaba el ataque para volver a ocupar su sitio. Fran se preguntó si alguna de aquellas
criaturas quería cazar a la otra o competían por algún alimento, hasta que la rata se echó al
agua del río. Fran sintió una enorme angustia viéndola patalear y arrastrada por la corriente, pero
pareció muy pronto que la rata sabía lo que quería: en seguida alcanzó otra isla llena de juncos
y sin urracas y nuestro protagonista la vio adentrarse en la vegetación y perderse definitivamente
de su vista.

En efecto —pensó nuestro protagonista—, sobreviven a lo que sea. Ha corrido por agua,
tierra, ha sido perseguida por pájaros y ha llegado a un lugar mejor. No quiero ni pensar en
encontrarlas a mis pies.



jueves, 29 de agosto de 2024

Resaca

 


Pues es muy divertido.
No sé si ella realmente
 se vería así ―dijo 
nuestro protagonista 
al acabar 
de leer el cómic 
Resaca, de Mamen Moreu.Lo curioso es que 
salvo por detalles
 muy específicos 
derivados del 
hecho de que la protagonista 
es una chica y nosotros tíos, nos reconocemos bastante en ella.Bueno, yo no las monté tan descomunales.

Resaca era uno de os primeros trabajos largos de una de las nuevas caras del cómic español, la
aragonesa Mamen Moreu. En este cómic una chica que ya se aproxima a la treintena se siente un
poco angustiada por su percepción y la de su entorno de que va cumpliendo años sin avanzar en
su vida... Por lo que decide seguir yéndose de fiesta y desparrame incluso con gente más joven,
con la que en realidad se identifica más. Toda una comedia de borracheras, líos amorosos y
problemas para estable se desarrolla ante los ojos del lector, pero logrando sacar muchos buenos
ratos de un tema tan tratado.

Creo que debemos admitir que a nosotros nos sorprende más porque esto lo hemos visto mil 
veces con protagonistas masculinos, pero no tanto femeninos.A mí me gusta mucho el mundo onírico que despliega la Moreu, con esos Pequeños Ponys 
haciendo de Pepitos Grillos.Y los chistes de borracheras. El del retrete místico es muy bueno.Aunque me amarga un poco que esta protagonista se supone que ya está en trance de dejar de ser
 joven y somos mucho mayores que ella.Y no hemos conseguido mucho más. 

Ficha del cómic, aquí.

El otro ahorro

 

 

Pues bueno, ya tengo
 mi camiseta y una 
mochila nueva aparte
 de todos los tebeos, 
pero el dinero 
que había ganado 
se ha reducido a 
la mitad ―dijo 
Juan Gordal tras
 pagar por esos
 dos artículos.Bueno, el dinero se disfruta gastándolo, Juan ―respondió nuestro protagonista―. Ya has pasado 
suficiente tiempo dando el callo.Sí, y a ver ahora si tengo pronto otro trabajo. Porque me estoy dando cuenta de que es muy 
caro estar ocioso. No sólo por no tener pasta sino porque gastas la que tienes.

Esta última afirmación dejó pensativo a nuestro protagonista. ¿Cuánto se había gastado él en los
dos últimos días? Veamos, unas cervezas, dos cómics, libros de historia... Pues al final salían 40
euros. Eso le daba la mitad de un sueldo mínimo para poder llevar adelante todos sus deseos y
caprichos.

Yo me he gastado hoy treinta. Son 900 al mes. Y suerte que la mayoría de los días los pasamos
 en los trabajos, donde hasta la comida te la sirven ―continuó Juan.Es verdad, es raro que un día de curro te gaste más de 10 euros ―asumió Fran.Y si tienes la tarjeta de transporte ni eso. Pues sí, va a ser verdad que necesitamos el curro para ganar y no gastar.Ese es el otro ahorro.

Entonces Fran vio aquel pub donde tantas cervezas se habían bebido los dos hermanos y propuso:

¿Quieres una? Esto tampoco lo tomarás un día de curro.Bueno, pero ahora gastas tú ―respondió Juan―. Que normalmente tampoco lo haces.




domingo, 25 de agosto de 2024

El dios de los grandes almacenes

 


Fran se dirigía a hacer unas compras a aquellos grandes almacenes. Se dispuso a atravesar las puertas
del mismo y cuando ya pensaba en empujarlas observó que se abrían con una célula fotoeléctrica.
Pero ese vestíbulo no daba directamente a los almacenes, sino que había una segunda puerta que
debían atravesar los visitantes. También se abrió, y aún tras un largo pasillo pareció una más.
Nuestro protagonista tuvo una extraña sensación entre el hartazgo y sentirse en cierto modo poderoso,
casi sobrenatural cuando las barreras cedían a su paso. Dejándose llevar por un deseo casi infantil
volvió hacia atrás y volvió a pasar esa puerta. Se sentía casi un dios hasta que otro usuario le dijo:

¿Pero sale usted o entra? Que me está poniendo nervioso.
 

Nuestro protagonista se avergonzó viendo el espectáculo que estaba dando y se sonrojó, aunque
más tarde pensó que poner nervioso a otros usuarios también era un superpoder. Aún se ufanaba
de esto cuando otro usuario le advirtió:

Me está obstruyendo el paso. ¿Quiere comportarse de una vez como un adulto?

La segunda vez que un transeúnte te amonesta ya es un aviso serio de que no es precisamente
un dios ni un jefe lo que pareces. Fran se rehizo y entró en los grandes almacenes. Se dirigió a
la librería y cogió un libro de un estante. Comenzó a ojearlo y observó cómo una página se rajó.
Parecía que aquel día no iba a tener ninguna experiencia buena en ese establecimiento. Pero es
porque soy un ser poderoso, poderoso como Galactus pensó para sí.




 

Ediciones

 

 

¿Cuántas veces has
 hecho ya la colección
 de Corto Maltés? 
—preguntó nuestro
 protagonista a 
Juan Gordal al 
verlo cambiar el 
ejemplar que
 tenía de La Casa
 Dorada de Samarkanda
 por aquel 
nuevo tomo a color y en buena edición.Pues Corto Maltés sólo dos, pero he renovado muchos tebeos y colecciones según salían 
mejores ediciones y se quedaban ajadas las que tenía —respondió Juan.Pues yo no entiendo mucho eso. Si me siguen valiendo las colecciones yo no las cambiaría.Yo en cambio si fuera tú me desharía de esos Astérix y Tintín que tienes porque las colecciones
 hay que tenerlas bien.


Fran puso cara de incredulidad mientras observaba sus dos colecciones. ¿Hacer otra vez todo
ese gasto? Con la de tebeos maravillosos que había para comprar. Sólo si quedarán realmente
destruidos haría Fran ese esfuerzo. Pero la observación de su hermano le dejó pensativo:

Es que yo ahora voy a las tiendas de tebeos y me deprimo con lo que veo. Tengo casi todo lo 
que hay que tener y prefiero tenerlo bien.Bueno —dijo Fran sorprendido—, pero aún tenemos tebeos mi buenos que nos faltan. Fíjate
 que no tenemos aún nuestra colección completa de Carlitos.Pues prepárate, porque ya he visto una nueva edición después de la que tú estabas haciendo.

 Fran se quedó estupefacto. Esperaba que Juan no estuviera diciendo lo que creía que estaba
 insinuando:¿Dices que lo cambie antes de tener la colección completa?No, hombre, si tu edición es mejor. Pero el problema ya aparece ahí para el futuro.Pues mira, todos los que tengo están perfectos y el resto llegarán nuevos. Que esperen un poco 
con la nueva edición.Lo comprendo, pero antes o después caerás.

 Esta advertencia resonó en la cabeza de nuestro protagonista que se negaba a caer en ese defecto. 
Al final dijo para sí mismo para zanjar el asunto:

De hecho pondré los Carlitos entre los Astérix y los Tintines.