jueves, 22 de diciembre de 2016

Llega la navidad donde más falta hacía.

Una vez más, nuestro protagonista aún se lamentaba de no haber conseguido ningún premio en la popular lotería de navidad. Sin embargo, como de costumbre, esos días apreciaba el tener salud y encontrarse en casa. Cada año más que Doña Marta Palacios le hacía aquella peetición se sentía afortunado:

- ¿Me has hecho ya la lista de la compra?
- Sí, mamá, estan los mariscos, el champán , la sidra, el relleno del pavo, el coñac, el pan y los navos para preparar el pavo...
- Y por supuesto el pavo, ¿verdad?
- No, eso no, pero me prece tan obvio...
- Apúntalo que lo que parec obvio es lo que tiende a olvidarse.

Después de acompañar a su madre a por las compras, nuestro héroe se distrajo contemplando el Belén de su casa. Nunca entendía nuestro protagonista cómo aquí había gente que podía preferir los árboles a los belenes, auténticas obras de arte. Contemplar la cena preparándose también era un gusto. Al sacar a Diez, notó cómo toda la escalera olía a las salsas caseras que los vecinos preparaban aquel día. Pero justo antes de la cena vio algo en el ordenador que hacía aún mejor aquella navidad. En un lejano país castigado por cinco años de guerra, en una ciudad destrozada, personas de varias creencias y tradiciones celebraban juntos aquel día especial. Y entonces se dijo así mismo que sí, que la navidad podía llevar la alegría a todo el mundo. Y cuando se sentó a la cena llegó el momento culminante:

-Se cha de menos a Carolna y Alvarito, ¿verdad? -dijo Juan Gordal
-Pero vendrán een año nuevo. Piensa en todos los que echarán de menos en Aleppo.
-A ellos dedicará mis oraciones -sentenció Doña Marta.

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