Aquel día, Doña Marta
había faltado al trabajo por primera vez en años. Una repentina
infección de la garganta que la tuvo tres días en la cama fue el
detonante. Por suerte, aquella semana había un puente, por lo que
solo faltó un día. No era nada grave pero debía justificar su
ausencia en el trabajo ante sus superiores.
-Bueno, tienes el
justificante médico, no será un problema -dijo nuestro
protagonista.
-No sé, yo no sé cómo
va esto -respondió Doña Marta.
-Joder -añadió Juan-,
en todos estos años ni siquiera ha tenido que hacerlo. No sabe ni el
proceso.
Los dos hermanos, pues,
pasaron la mañana confiados y cuando llegó Doña Marta tenían la
comida preparada. Pero al parecer, Doña Marta venía preocupada.
-¿Qué ha pasado?
-preguntaron los hermanos.
-Que me dicen que cambie
la fecha de reincorporación, porque si digo que solo he faltado el
viernes, dicen que me descuentan todo el puente. Y el propio director
dice que ponga que también he faltado hoy.
-¿Pero cómo pueden
hacer eso?
-Pues por lo visto es
así, ha habido caambio de normas, y se guardan mucho de avisarlo
para ver si alguno mete la pata y le descuentan.
Ambos hermanos no podían
creer ese cambio con nocturnidad y alevosía y es traición a una
persona que solo había faltado muy raras veces en treinta y pico
años de profesión, y que solo se había puesto enferma una vez.
Cierto era que no había caído, que había dejado el justificante,
pero ¿cuántos profesores despitados se olvidarán de ello y no
caerán? ¿Y cuántos días dejará de pagar la administración?
-Esto lo que demuestra
es que organizan todo para no gastarse pasta -dijo Juan.
-Y yo que quiero ser
funcionario tendré que tener cuidado, porque este cambio ha sido sin
avisar, si me descudo pagaré por trabajar.
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