—Juan, ya sabes que
eso por la tarde es
muy difícil que te
lo traigan.Hacía varios días
que el hermano
mayor de nuestro
protagonista esperaba un pedido que había realizado. En este caso no eran comics ni libros, sino
algo mucho más simple: merchadising de los mismos. Chapas. Como las que se llevaban en otros
tiempos y ahora Fran sólo las veía en las chaquetas de los que le hacían entrevistas de trabajo con
el logotipo de las empresas.
—Pero es que llevo mes y medio que las pedí y no me llegan —respondía Juan. —Mira, yo no entiendo ni cómo puedes querer eso pero, si no llegan, igual debías volver a escribir a
quien te las remita. —Ya le he vuelto a escribir, dice que la semana que viene si no han llegado volverá a enviarlas.Juan pasó los siguientes días en un estado de nervios constante, siempre pendiente del telefonillo
de entrada, del buzón... De cualquier cosa que pudiera traerle noticias de su pedido. Todos en la
casa lo veían.
—Laverdadesqueesmuyantipáticocuandounoesperaalgoquenollegaamítambiénmehapasadoaveces peroparecesunpadreesperandoelnacimientodelniñotúestássegurodequeporinternetlesllegónosino escríbelesporcorreonormal...—comentaba Doña Marta Palacios —Mamá, no es por el internet. A ver si dejas de tener manías de esas de los años sesenta —respondía
Juan.Por fin, un día, en el buzón había un aviso de entrega. Juan debía pasar por la oficina de correos
a retirar el paquete. Cuando lo tuvo en sus manos no cabía en sí de gozo.
—Pareces un niño con el regalo de los reyes. De verdad que no entiendo por qué te hacía ilusión
eso —comentó Fran. —Pero míralas: chapas de Crumb, de Bukowski, de Watchmen... ¿Cuál quieres? —No quiero ninguna, Juan. Yo no veo atractivo a eso. —Pero las he esperado mucho, tienes que coger alguna. —Que no las quiero Juan. —¿Cómo no vas a querer? ¿Ni siquiera la de Snoopy?
Vaya, pensó para sí nuestro protagonista. Despues de la chapa de que no llegaban y la chapas
físicas que ya tiene, ahora me va a tocar la chapa de que coja una.
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