Después de ducharse y secarse Fran comenzó a vestirse. Se fue a su cuarto y cogió la ropa que
había dejado preparada de antemano. La camiseta de un sólo color, la sudadera, pantalones...
Se puso todas las prendas y llefó a un curioso momento que siempre le fascinaba cundo lo
afrontaba. Un momento al vestirse en el que está uno con toda la ropa puesta pero sigue descalzo
y sin calcetines. Aquel contraste no tenía nada de particular, pero siempre llamaba la atención
de nuestro protagonista cuando llegaba a aquel paso necesario en la tarea de vestirse. A veces se
quedaba absorto mirando sus pies aún al aire.
—¿Qué haces? —preguntó Carolina Gordal al verle?—. ¿Te has vuelto tarumba? —No, Carolina, me estaba vistiendo. Ahora sigo.
Nuestro protagonista cogió los calcetines y las botas y acabó con ese momento. Ahora se sentía
como si estuviera en un estado concreto de los muchos por los que pasaba el día. El curioso
momento de vestido sin calzar le daba una impresión como de tierra de nadie que no se
correspondía con nada. A lo mejor, pensó, habría que buscar algo que se pudiera hacer en ese
estado, pero sólo se le ocurría caminar sin hacer demasiado ruido, y eso no era necesario en
aquel momento. Pensó en otras cosas, como realizar su tabla de ejercicios diaria, pero esta la
realizaba con calcetines. Calcetines especiales que quedaban destrozados tras cierto tiempo de
uso. Carolina volvió a notar que nuestro protagonista estaba pensativo e intervino:
—Fran, ¿te pasa algo? —No, ahora estoy en plena disposición para ponerme a hacer cosas. —Ni siquiera tus respuestas tienen pies y cabeza. Ya te ha dado con una de tus neuras.Fran cayó en la expresión «ni pies ni cabeza» y en efecto se acercaba bastante a sus
pensamientos. Parecía que sí, que había llegado el momento de dejarlo. Pero al vestirse al
día siguiente volvería a pasar por el estado que le había sumido en esas elucubraciones. Habría
que controlarlo, sentenció para sí.
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