Fran buscaba una
nueva clavija para
colocar en la
antena de la
televisión. La que
había
se había abollado
y no se podía
conectar bien.
—¿Dónde tienes
eso?—preguntó Juan—. ¿En
tu caja de herramientas?
—No, eso lo tengo en un neceser aparte, con repuestos y demás para estos caso. Es este
gris que tengo a mi cabecera de la cama —respondió Fran.
Al abrir el neceser un montón de útiles para diversos aparatos, cargadores de hace dos
décadas de diferentes formas de toma, cables multicolores y baterías de aparatos que ya
ni se usaban salieron a la vista de los dos hermanos.
—Todo esto si lo vendieras en un puesto en el rastro igual te daban como poco 30 euros
—dijo Juan.
—Lo sé, pero es que tengo la idea de que aún van a ser útiles.
—Sí, útiles ocupándote la bolsa y no dejándote ver las clavijas. Bueno, ¿me las pasas?
—Ten, aquí están.
Juan colocó la clavija, pues según él todo lo que había ocurrido era culpa de nuestro
hombre que no había sabido colocar la anterior y al acabar reanudó la conversación.
—Me dirás para qué te es útil a estas alturas un cargador de batería para enchufes británicos.
—Pues eso precisamente creo que es de lo más útil. Si yo tirase algo serían esos cables de
colores.
—Bueno, pues tíralos.
—¿Y si un día necesitamos cable eléctrico qué?
—¿No lo has necesitado desde que se usaban ese tipo de adaptadores y cargadores y lo
vas a necesitar ahora? Si no quieres tirarlo al menos llévalo al Rastro.
—Que no, Juan, que vale la pena tener repuestos.
—De acuerdo, cuando nos invadan los marcianos será muy útil.
A veces Fran se sentía tentado de hacer lo que le decía su hermano, pero algo le llevaba
a seguir manteniendo ese repuesto. ¿Llegaría el día en que lo usara?
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