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lunes, 18 de mayo de 2026

Las americanas impasibles

 

 

¿Cuantho es
esta placa de
coca-colo?
—preguntó
esa chica con
un evidente
acento
nortemaericano.
Por guapas a
vosotras quince
euros—respondió
aquel tendedero
al que había entrado de forma muy evidente por los ojos aquel grupo de chicas.
Fran y Juan Gordal observaron la escena, con aquellas chavalas provenientes, según
le habían dicho al tendedero de Texas, de Colorado y de California. Debían estar
haciendo alguno de esos viajes por eEuropa que tantas veces hemos visto en las comedias
de esa nacionalidad. Desde luego eran llamativas y atractivas, pero algo llamó la atención
de los dos hermanos.
¡No me jodas! Venirse desde Texas a un mercadillo donde hay posters, cómics y un
montón de productos del sitio y se llevan un puñetero poster de coca-cola—dijo Juan.
No tienen noción del resto del mundo, Fran. Vienen aquí a hacer lo que podrían hacer
en Houston sólo que en otro sitio.
Si yo fuera a un mercadillo americano comparable al rastro pues buscaría cosas de
Miller, de Robert Crumb... Aquí tienen el Maki Navaja, a Ibáñez, a Carlos Giménez,
un montón de prendas, aparatos y enseres... ¡Y cojen un anuncio de la coca-cola!
Bueno, por lo menos parece que no se han traído las pistolas Y al vejete ese le han
alegrado el día. Vamos a seguir.
Más adelante los dos hermanos se pararon en otro puesto donde había un montón de
figuras y juguetes de otros tiempos. Don Nicanor tocando el tambor, figuras de series
de la televisión, madelmanes... Y se volvieron a encontrar a las chicas estadounidenses
aparecieron por medio.
Las deberíamos invitar a algo—dijo Fran.Yo con Coralia ni me lo planteo—respondió Juan—. Aunque por lo menos e han parado
aquí y...
Los hermanos observaron cómo entre todos los juguetes antiguos las chicas cogieron una
maqueta de un helicóptero de los marines, seguramente lo menos local de ese lugar.
Está claro que si las invitaras a algo no valdría una Mahou, Fran.Seguramente whisky y cerveza de ese que toman ellos
En fin, ya nos iremos nosotros a Los Ángeles a comer jamón.Si no nos vuelan la cabeza al llegar



lunes, 13 de abril de 2026

Los cables del apocalipsis

 


Fran buscaba una
nueva clavija para
colocar en la
antena de la
televisión. La que
había
se había abollado
y no se podía
conectar bien.
¿Dónde tienes
eso?—preguntó Juan—. ¿En
tu caja de herramientas?
No, eso lo tengo en un neceser aparte, con repuestos y demás para estos caso. Es este
gris que tengo a mi cabecera de la cama —respondió Fran.
Al abrir el neceser un montón de útiles para diversos aparatos, cargadores de hace dos
décadas de diferentes formas de toma, cables multicolores y baterías de aparatos que ya
ni se usaban salieron a la vista de los dos hermanos.
Todo esto si lo vendieras en un puesto en el rastro igual te daban como poco 30 euros
—dijo Juan.
Lo sé, pero es que tengo la idea de que aún van a ser útiles.Sí, útiles ocupándote la bolsa y no dejándote ver las clavijas. Bueno, ¿me las pasas?Ten, aquí están. Juan colocó la clavija, pues según él todo lo que había ocurrido era culpa de nuestro
hombre que no había sabido colocar la anterior y al acabar reanudó la conversación.
Me dirás para qué te es útil a estas alturas un cargador de batería para enchufes británicos.Pues eso precisamente creo que es de lo más útil. Si yo tirase algo serían esos cables de
colores.
Bueno, pues tíralos.¿Y si un día necesitamos cable eléctrico qué?¿No lo has necesitado desde que se usaban ese tipo de adaptadores y cargadores y lo
vas a necesitar ahora? Si no quieres tirarlo al menos llévalo al Rastro.
Que no, Juan, que vale la pena tener repuestos.De acuerdo, cuando nos invadan los marcianos será muy útil. A veces Fran se sentía tentado de hacer lo que le decía su hermano, pero algo le llevaba
a seguir manteniendo ese repuesto. ¿Llegaría el día en que lo usara?


miércoles, 11 de febrero de 2026

Ilusionista pobre

 


¡¿Pero dónde
estará mi 
paraguas?!—gritó
 nuestro 
protagonista—. Es
 increíble, recuerdo
 haberlo traído.

Aquel invierno

se estaba

distinguiendo

por una profusión de días lluviosos que
sobrepasaba lo usual en la ciudad de nuestro protagonista.. Y esa mañana no era
una excepción. Fran tenía que salir rápido y necesitaba el paraguas.

Yo te dejo el mío —dijo Carolina, que estaba a punto de ponerse a teletrabajar—. Pero
 tiene que se con vuelta, ¿eh?No quiero el tuyo, Cárol, quiero el mío. Bueno, si no salgo hasta la tarde y tú te vas ahora, me parece que lo lógico es que lo
 uses tú.

Fran era reacio a llevarse el paraguas de su hermana, pero lo cierto es que no había en
aquel momento una alternativa mejor. Resoplando y enfadado consigo mismo agarró el
paraguas de Carolina y salió por la puerta. Al volver lo dejó secándose en la bañera.

Cuando quieras puedes cogerlo, Carolina.Gracias, luego lo haré,

Pasó el día y hasta bien entrada la tarde no salió la hermana de nuestro protagonista,
que se llevó el paraguas aunque ya no llovía.

Bueno, lo importante es que tú lo tienes —respondió Fran.Sí, a ver si aparece el tuyo.Para mañana, ahora ya me voy a poner de casa.

 Fran reunió sus ropas de casa y se estaba vistiendo, pero de pronto...¡No puede ser! ¿Dónde he dejado yo la parte de arriba del pijama que me iba a poner?Joder, lo haces desaparecer todo —respondió Carolina. Mira a ver si está tras tu cama...Ya he mirado y no aparece.Igual deberías montar un número como David Copperfield—le dijo Carolina.Sí, para no ser desaparecedor y encima pobre.



miércoles, 22 de noviembre de 2023

Trío de capas

 


Carolina Gordal llevaba toda la tarde probándose una capa oscura que había conseguido en la
última visita de la Tía Maria Cristina. Por lo visto un familiar de Doña Marta Palacios y de ella
que casi ni conocían Cárolina, Fran y Juan había muerto y al repartir dus pertenencias la tía
había recuperado aquella prenda. Carolina llevaba horas posando ante el espejo de cuerpo entero
que había comprado en la tienda de chinos de enfrente de casa de los Gordal Palacios.

No te la coloques más ni nada de eso, Cárol. No te va, en
 serio —comentó nuestro protagonista.Pues yo creo que es aprovechable. Y tú también tienes una. Podríamos ir a un sitio que conozco 
yo con nuestras capas y...¿LatienesbienguardadaFran?QuenoseapolillelapuedesusarcuandoquierasyseguroquetúyCarolina
llegáisguapísimosalsitodondevayayperfectamenteconjuntadosquevaisaserlasensaciónyoquierovera
misdoshijosguapos...—comentó Doña Marta Palacios

Este comentario llegó a los oídos de Juan Gordal que de pronto se sintió excluido de los planes de
la familia.

¿Y yo? ¿Por no tener capa me quedo fuera?Bueno, Juan, no te pongas triste que mira lo mayor que hace a Carolina ese trapo.¿Cómo que mayor? Mira que te dejo aquí y no ves ni chicas ni nada —amenazó Carolina.

Los tres hermanos siguieron peleándose hasta que la riña llamó la atención de la matriarca de
la Familia. Doña Marta Palacios comenzó a perorar:

PuesyolecomprocuandoquieraaJuanunacapaquenoestábientenerdescontentoaunodeloshijos
aversinovaapoderirconsushermanosdondequieraesperoquelatengasluegocomoFranbienguardada
queduramuchosilacuidas...No mamá, que no hace falta. Hay muchas cosas que necesito más comoNodigastonteríasvemediciendodequécolorlaquieresquemihijomedianonosevaaquedardescapado
porvergüenzavasaestarguapísimoporqueyaloeresnotequedesconlasganasyyoyatengoganasdeira
comprartecosas... —dijo Doña Marta.No sé si querías una capa o no, Juan, pero de ella no te libras ya —sentenció Fran. 



jueves, 28 de julio de 2022

El relevo en la pandemia

 

 

No me lo puedo creer
—dijo nuestro protagonista 
viendo aquel informativo.Todavíaestabaaquíelbicho
asquerosoesteylamascarilla
queyoestabadeseando
quitarmeyquemenos
malquemelapuedoquitarenelparqueyenlacallequeenelsupermercadoaúntelahacenllevary
enotrossitios
igualquetienequevenirotracosaconestodelosmonosamolestaryyonoestoydispuesta...
 

Seguramente si el anuncio que estaban dando en las noticias lo hubieran hecho cinco años antes
todo el mundo se lo hubiera tomado a risa, pero es que sin haber acabado aún de irse la pandemia
que había afligido durante tanto tiempo el mundo donde vivían nuestros protagonistas, otra
enfermedad, la viruela de los simios, conocida popularmente como «viruela del mono» amenazaba
con volver a sumir dicho planeta en el caos. De momento la alerta no era tan grave como la del
primer virus, pero ya andaban haciendo recomendaciones, de momento dirigidas sobre todo a los
hombres homosexuales de que redujeran su número de parejas.

Parece de coña. Como si en nuestra familia hubiera algún homosexual, y como si pudiéramos
 follar menos de lo que lo hacemos —dijo nuestro protagonista.Se ve que los gays le dan al fornicio bien —comentó Juan—. Igual lo hacen por eso.AyhijosquécosastenéispuesyonotengoganasahoradeotracosaymiradelSIDAquetambiénempezaron
conquesiloshomosexualesyyaveishastadondellegóynohemossalidodeunayyaestamosenotranosécómo
podéisreiros...A mí ese tipo de alertas, como dice mamá, me recuerdan a los 90 y el SIDA —terció Carolina.Encima eso. Se cabrean los maricas con el anuncio —dijo nuestro protagonista.Y dicen que en Europa nadie tiene más casos que España —añadió Juan.Bueno, lo más normal es que esto se pase sin excesivos problemas. Pero parece mentira que no
 podamos estar tranquilos ni yéndose el COVID.


lunes, 16 de agosto de 2021

El calor y los aparatos.

 


El verano trajo una ola de calor a a la ciudad de nuestros protagonistas que evidenció la necesidad de un ventilador nuevo.

Joder, cualquier electrodoméstico de estos de clima aquí no dura más de un año —dijo Juan Gordal mientras intentaba montar las piezas del nuevo aparato —. Y encima estoy pasando un calor para montarlo que no es ni normal.

Ahora cuando lo conectemos nos quedaremos un rato al fresco.YolohubieratraidodelCorteInglésporqueahílascosastienengarantíasepuedendevolveryesmucho
mejorqueestoquehabéistraídoseguroqueyaveníamontadolopondríamosyyaestaríamosalfresco
tendríaisquehabermedejadotraerlo...—comentaba Doña Marta Palacios.Mamá, has tenido casi dos semanas de calorón —dijo nuestro protagonista mientras le buscaba a su 
hermano las herramientas. 

Por fin la operación de montaje terminó y la familia puso en marcha el ventilador. Sin embargo,

mientras se aliviaban un poco comprobaron que en el rincón donde se acumulaban trastos viejos tenían

el ventilador del año anterior, un calefactor que no sabían si iba bien o no, un mando de la tele que ya

funcionaba...

¿Y cómo cojones se ha acumulado todo esto aquí? —se preguntó nuestro protagonista.Nadahijoquelovamosdejandonuncanosacordamosperoyalollevaréyoalpuntolimpioquevienentodos
losluneshayquedejarloenesebancoquehayenlacalledearribanopodemosseguircontodoestoaquíaversi
mepongoylobajo...No, mamá, déjalo. Ya lo bajo yo —respondió nuestro protagonista mientras recogía sus herramientas
 y hacía un fardo con los trastos viejos.¿Pero estás seguro de ir ahora? Mira que da todo el sol —dijo Juan Gordal.

Ante la perspectiva de andar seis calles bajo el peor sol de agosto , nuestro protagonista optó por
servirse una bebida fría y dejar pasar un par de horas. El ventilador refrescaba el ambiente, pero solo
ver aquel montón de aparatos le provocaba un tremendo sofoco. Casi más que el de forcejear y buscar
herramientas para montarlo.

De momento, con el aparatito las he pasado más putas que en toda la ola de calor.Siempre cuesta un poco mejorar las condiciones de todos, Fran —respondió Juan.Será. Voy a darme una ducha fresca y a quedarme un cuarto de hora aquí tirado.

sábado, 12 de junio de 2021

La impresora de los Picapiedra.

 


Ayhijoaversime

imprimísesopor

quetenemosque

cibtestaralosde

esosrecibosy

luegotieneque

vermeel
médicolasrodillas

yhayqueavisar

alotrositiodelosdel

reciboquellevamosyatresdíassinimprimiresoque
parecequenomehacéiscaso...—peroraba histérica Doña Marta Palacios.
Mamá, ya sabes que necesitamos la tinta para la impresora —contestaba nuestro protagonista.


Conseguir ese cartucho estaba resultando mucho más difícil de lo que pensaba nuestro protagonista,
pero lo cierto es que habían recorrido todas las papelerías del barrio, preguntado en unos grandes
almacenes y buscado en una tienda de impresión recién abierta y no había encontrado cartuchos para
su impresora. Solo le quedaba dirigirse a un establecimiento de material de oficina que conocía en cierta
calle. Allí le dejaron de piedra con la respuesta que le dieron cuando preguntó por los cartuchos:


No tenemos, estos ya casi no se usan, pero los podemos pedir.

¡Pero bueno! ¿Tan antigua es mi impresora?

Bueno, aquí tenemos material un poco más viejo, mire alrededor.

Fran observó que en efecto aquella tienda vendía cajas registradoras del tipo de los años 90,
máquinas de escribir eléctricas, y cintas métricas. Parecía claro que aunque su impresora siguiera
dando buen resultado y siendo compatible con su actual material informático era un modelo que ya
no estaba en boga. Sorprendido, pero sin otra alternativa, respondió al dependiente:

Vale pídamelo.
De acuerdo, deme su nombre para el pedido.

De aquello habían pasado tres días y en el momento actual tocaba ir a recogerlo:

Nomedigasquenoeramuchomejorqueahoraquehayquesacarlotododelinternetynoteatiendeny

miralosjaleosquesuponetenerlamenorcopiadenadaytodosloslíosquenostraemosyhastenidoqueiratantos

sitiosysigosincartuchos...Eso es por tener material antiguo, no nuevo.

Puesseráperosiguessinpoderhacérmeloyestosiguesinhacerseymepidenmáscosasytengoquedarlo

yayenelmédicotambiénvoyatenerquellevarunacopiadeotracosaparaquemecitenynoestáimpreso
cuandoantessehacíatodoconesashojasquecopiaban...

Bueno, mamá, hoy lo haremos. De todas maneras mi impresora igual es de los Picapiedra, pero
tú eres de cuando se hicieron los Picapiedra, hablando de ir y de impresos al carboncillo.




viernes, 9 de agosto de 2019

¿Este pescado es así de verdad?



-Bueno, pues vamos a probar un pescado nuevo -dijo Juan Gordal sacando del paquete aquellas rodajas de congrio.
-Hombre, tampoco es una novedad total. Yo recuerdo haberlo comido otra vez -dijo nuestro protagonista-. Recuerdo que es mejor para guisar o cocer que para freir.




Doña Marta Palacios había vuelto a dejar a los dos hermanos, por primera vez en mucho tiempo ocuparse de la comida. Como solían hacer en esos casos, habían traido una carne para el mediodía y un pescado para la cena. Pero habñían decidido que no querían lo mismo de siempre, ni gallos, ni merluza, ni truchas. En la pescadería había un buen pedazo de congrio y eso les decidió. Además, Fran había visto en internet la receta de un plato de congrio a la cerveza que permitiría aprovechar una botella del mágico liquido de la cebada que se había quedado en la nevera.




-A ver: cebolla, pìmentón, cerveza... ¿Nos falta algo?
-Yo creo que no. Habrá que mirar bien la receta y no meter la pata, eso es todo.




La receta hablaba de hacer un sofrito de patatas y pimiento, sobre el cuál se cocería el pescado con cerveza y se aliñaría con el pimentón. Además meterían alguna verdura propia de guisos como judías verdes, zanahorias etc.




-Quizá haría falta un poco de caldo de pescado -dijo Fran
-No, así está bien. Tiene un color curioso para ser un pescado blanco cocido.
-Es la cerveza. Vamos a ver cómo sabe.
Nuestro protagonista cortó un trozo, y se lo llevó a la boca. Sorprendió lo que se encontró:
-No sabe a nada.
-¿Cómo que no sabe a nada? -dijo Juan.
-Lo que oyes, no sé si habrás metido la pata o será así.




Juan probó el plato, y comprobó que su hermano no le mentía. Pero no caía en cómo era posible.




-Lleva todo lo que ponía nla receta, no sabe ni a cerveza.
-Tendríamos que haber metido el caldo de pescado.
-No, tampoco es eso, porque no es que el pescado sepa poco, es que no sabe a nada.
-Podríamos repetir la receta...
-No, casi mejor no volvemos a traer el congrio y listos.
-Bueno, pero me cuesta creer que esto bien guisado saea así.

sábado, 21 de abril de 2018

Esto, por limpiar.

  Aquel día nuestro héroe se levantó decidido a hacer la limpieza a fondo que llevaba varios días pensando. Al principio, como siempre en esos casos, estaba resuelto y con ganas de realizar la tarea pensando en lo bien que se sentiría en unos diez minutos con la tarea terminada. Pero una vez se puso a ello y comenzaron a correr los minutos, y parecía no avanzar comenzó a ponerse nervioso. Por ejemplo, al ordenar los cajones descubría cómo se acumulaba en ellos el polvo, o cómo debajo de la ropa que veía bien ordenada y doblada aparecía otra con la que no contaba. Daba lo mismo, pensaba, antes o después había que ponerse a la tarea, se decía a sí mismo, y mirando lo que ya había ordenado se animaba. Por ejemplo los libros que empleaba en sus estudios y trabajos que ahora estaban perfectamente ordenados en las estanterías. Y así, pensando una y otra vez en los premios morales que daba la limpieza, de pronto en un cajón... No sabía cómo había aparecido ahí, pero había un antiguo libro de cuentos de España, que parecía extraviado de la colección que en tiempos fuera de Don Luis Gordal. Como medievalista que era, nuestro héroe apreció inmediatamente el hallazgo y deseó ponerse a leerlo. Pero aún había que acabar el trabajo de limpieza. Y pensar en lo que luego le daría aquel libro le animó a acabar su tarea. Y así, en un plazo más largo, pero también más llevadero de lo que pensó en un principio, la limpieza estaba acabada. Y tenía una joya con la que ni contaba en sus manos para leer.

-Pues al final -pensaba para sí nuestro protagonista-, va a ser necesario hacer una limpieza cada día para ver si encontramos tesoros de este calibre.


viernes, 25 de septiembre de 2015

La soja mágica.

Nuestro héroe observaba a su hermano en la comida: le estaba echando salsa de soja a las lentejas. No podía decirse que fuese extraño, Juan le echaba la famosa salsa a todo desde hacía algún tiempo. Pero las lentejas...

-A ver, Juan -dijo-, la soja es un condimento y va muy bien para algunos platos. Pero no es mágica. No va a volver todo bueno.
-No paras de quejarte de todo lo que hago: que si fumo, que si la soja...
-Mira, lo del fumar, ya lo retomaremos en otro momento. La comida... Tú has probado conmigo ancas de rana, caracoles, incluso chapulines en el mexicano. Sabes que no tengo remilgos. Pero es que le echar la soja hasta a la leche del desayuno.
-Yo no desayuno leche, hoy he desayunado una lata de berberechos.
-Sí, ya lo he visto. Con soja.
-Te está influyendo mucho el Chicote, ahora te da por los condimentos y su uso excesivo.
-Joder, Juan. No hay nada en la última semana a lo que no le hayas echado esa salsa: cocido, estofado, costillas de cerdo, filetes, pescado... Reconoce que es al menos llamativo.
-¡Con lo rica que está la comida de toda la vida y tienes que echarle eso! -intervino Doña Marta Palacios.
-¿Ves? -preguntó Juan-. La gente más remilgada piensa como tú.
-¡Pero si yo uso la soja en la pasta! Pero no se me ocurriría echársela a la merluza.
-Mira, hasta Diez come mejor con ella.
-Bueno, mira si ya metes hasta al perro qué te voy a decir. Hala con ella.

sábado, 22 de agosto de 2015

Prioridades al final del verano.

 
Aquel sábado nuestro protagonista se levantó y 
desayunó. Tenía tareas pendientes, y debía estudiar 
una hoja de apuntes para una última prueba selectiva
 en un puesto de trabajo que en aquellos momentos se
 ajustaba bastante a sus necesidades. Sin embargo lo
 primero en lo que reparó al levantarse era su bicicleta,
 que en aquel 22 de agosto solo podía recordarle un 
acontecimiento: sí, hoy empezaba la Vuelta Ciclista a
 España. Y no era una vuelta cualquiera: tenía el mejor
 cartel de las últimas ediciones, con todos los pesos 
pesados del pelotón apuntados, salvo uno, Contador. 
Además tenía un recorrido muy novedoso con pasos 
por zonas nunca vistas e innumerables etapas de montaña.
 Desde luego, era poco recomendable perdérsela. Pero no
 podía de ningún modo dejar de prestar atención a sus tareas, en ello iba el dinero para algún tiempo y
 acabar de una vez los estudios. Se dijo que tendría que hacerlo, y entonces reparó en que... ¡Este año
 esa supervuelta ciclista es simultánea del principio de la liga! ¡Y con el Atlético de Madrid jugando
 ese mismo sábado a las 20 :30! ¡No! ¡De ningún modo! Hay cosas prioritarias! El Atleti nunca se deja
 de ver. Faltaría más. Pero todas esas obligaciones acumuladas... Y la Vuelta... Y el 
Atleti... y sus tareas acumuladas... Solo una cosa cabía hacer y se la repitió para sí:

 -Aprovechemos bien la mañana, porque lo de la tarde hay que verlo, es solo hoy. Para seguir empollano 
aún hay tiempo.
 

miércoles, 15 de julio de 2015

Un enano negro en verano.

 - Está fundido el pobre. Ten en cuenta que a nosotros
 el calor nos molesta, pero él es pequeño negro
 y peludo -dijo Fran sobre Diez.
 -De todas maneras no creo que tu idea sea buena.

 Juan discutía una ocurrencia de su hermano, que se 
resumía en que Diez lo que necesitaba era una 
ducha fría. Después de salir con sus  lanas y todo el sol
 que había absorbido, Diez jadeaba como pocas
 veces y parecía incluso a punto de la hipertermia. 
Nuestro hombre había leído que se aconsejaba meteren agua fría hasta a los  niños pequeños en esos
 casos. Un animal tan pequeño lo necesitaría. Pero Diez no se dejaba coger.

 -Parece que está de acuerdo conmigo ¿eh? -dijo Juan.
 -Pues ya ves, solo con pensarlo se ha recuperado hasta el punto de poder revolverse para evitarlo.

 Fran puso al perro bajo la ducha, y lo mojó por todas partes con el chorro más frío que pudo. El perro
 se resistió, pero no obstante luego salío moviendo la cola y todo el cuerpo, parecía otro.

 -Ahora le pondré un bebedero con hielos bien frío.

 Diez se puso a beber frenéticamente y tenía cara de felicidad. Fran supuso que habría ganado ya la 
confrontación anterior, pero Juan no daba su brazo a torcer:

-De todas formas, no ha sido cómodo para él. Lo que hay que hacer es volver a esquilarle. -Pues se quejaba más de que lo esquilasen que de la ducha. 
Mañana mismo te quiero ver con la maquinilla y la tijera.
 -Pues seguro que eso hace más que tú ducha.
 -Bien, pero mira.

 Fran apareció con los útiles de esquilar a Diez y este 
empezó de nuevo a gruñir.

 -¡Lo que pasa es que tú eres un burro que le haces daño!
 -Tienes respuesta para todo, tú.