Aquella noche, nuestro protagonista
descubrió que se había fundido la bombilla del flexo de su cuarto.
Le asustó la perspectiva de pasar una noche sin poder alumbrarse,
según recordaba no tenía ninguna de repuesto para cambiarla. Pero
miró en el cajón y halló una. Lo malo es que no era de las nuevas
bombillas LED. Era una antigua que sin duda se había quedado en el
cajón de las herramientas y repuestos cuando las retiraron. "Mejor
esto que nada", pensó nuestro protagonista. La enróscó y al
encender la luz nottó de inmediato un efecto diferente con la luz
blanquecina a la cuál ya se había acostumbrado. Era una luz un poco
más amarillenta, pero que serrvía para su propósito.. Casi se
había olvidado después de empezar a leer el libro qiue tenía a
medias, pero entonces Juan Gordal entró en su cuarto:
-¿Qué has puesto? Esa bombilla luce
más que el Sol
-Pues es una bombilla antigua. No es
halógena.
-Pues a ver si eso también va a ser
una de las famosas "peoras"... Yo no veía con tanta
claridad desde hace un huevo.
-Bueno, la ventaja de las bombillas
LED teóricamente es que duran más y consumen menos.
-Claro, alumbrando menos cómo no van
a consumir menos.
-Que no, Juan, no te ralles. Las
bombillas LED alumbran perfectamente.
-Pues yo voy a edir que vuelvan a
hacer las halógenas visto esto.
-Juan, que te digo yo que son mejores.
-Una leche, deberíamos volver a
ellas.
Juan dió entonces un traspiés con el
flexo y este cayó al suelo. La bombilla ya no se encendía después
del golpe. Allí, en tan poco espacio de tiempo, ambos tipos de
bombillas probaban frente a frenete su eficacia y durabilidad.
-Joder, Juan. Para gustarte tanto las
halógenas has acabado con su especie.
-Pues habrá que recrearlas.
-Eso, para que te las cargues y nos
dejes a oscuras.
-Bueno, habrá que tener más cuidado,
pero está claro que eran mejores.
-Joder, Juan, si aun así no has visto
la luz, nunca mejor dicho...
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