miércoles, 6 de marzo de 2024

La selva en casa

 


Fran entró en el portal después de hacer aquel recado. El portero le llamó un momento la
atención. Nuestro protagonista lo siguió intrigado:

Creo que esto es para tu hermana, Fran. Dicen de la
 floristería que se lo envía un admirador.

 Nuestro protagonista observó perplejo el enorme 
ramo de flores que ocupaba casi  todo el 
hueco de una escalera en el portal.Sí, parecía que el nuevo novio de Carolina estaba detrás.Lo he metido ahí comohe podido —explicó el portero—. Si no esto en medio del vestíbulo no
 dejaba sitio para nadie. Es para ella ¿verdad? Sí, aquí lo pone —dijo nuestro protagonistaleyendo la nota de la dediatoria.Pues súbelo, por favor, que aquí se va a estropear.

Nuestro protagonista pensó en el mejor modo de llevarse aquel jarrón lleno de azucenas y lirios
que a duras penas podía abarcar. Por la escalera no parecía factible, ya que entre el peso y lo que
ocupaba no veía los escalones. Se dirigió al ascenso y se las vio y deseó para meter y sacar de ahí
el ramo. Una vez dentro Juan Gordal, tan sorprendido como él, le propuso una idea.

Déjaselo en su cuarto y que lo descubra.Pues ayúdame, que con ello ni veo por donde voy.

Los dos hermanos lo acomodaron en la habitación de Carolina y se quedaron boquiabiertos
observando su obra.

Parece un puto jardín. ¿Pero cómo cojones se le ocurre esto a ese tipo, que es ya talludito?
—preguntó nuestro protagonista.Me recuerda al cabezón de los olmecas que les regalaba Burns a los Simpson.

Por fin entraron en casa Doña Marta y Carolina. Lo cierto es que les gustó, pero no dejaron de
asombrarse de las dimensiones del ramo:

¡Pero este hombre está loco, si no puedo ni moverlo! —exclamó Carolina.¡Ayhijaquemaravillallévaloalsalónsiparecedeestodelosdocumentalescuandotesacanlasfloresde
laselvaquesonenormesmeencantadalemuchasgraciasalchicoeseyoestoaquícasinuncalohabíavisto
esunamaravillatraeloalsalón...!—peroró Doña Marta.¿Y cómo lo llevo?—preguntó CarolinaYa me ocupo yo, que llevo toda la mañana con el floripondio —contestó Fran—. Pero bueno, 
parece que vamos a tener una casa de esas en comunión con la selva.


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