—Bueno, te lo estás
pasando bien, pero si lo piensas bien es un poco deprimente—dijo Juan Gordal oyendo las carcajadas de Fran. —La verdad es que
es un cambio de tercio increíble. Yuna demostración de estilo y capacidad de dibujo muy peculiar. —Ya ves, lo hizo en una época de depresión y de hartazgo de todo el mundo. —A veces los artistas que más sufren son los que parecen más alegres —Sí, pero aquí Franquin es más sarcástico que alegre.Los dos hermanos hablaban de las Ideas Negras de André Franquin, una serie
que comenzó el gran autor belga, creador de Spirou y tantos personajes
blancos y edulcorados a finales de los 70. A la depresión que Juan había
comentado se añadía su frustración por la obligación que le imponía la
editorial de que sus historietas debían ser infantiles y de un humor
excesivamente blanco. En el semanario adulto Le trombone Ilustré que él
mismo fundó comenzó a publicas una serie de humor negro donde retrataba
la hipocresía y la vacuidad de la época que vivía. Unas historietas en
las que siempre alguien salía mal parado por los temas más variopintos,
de la religión a la industria alimentaria. Además para reforzar el concepto
de humor negro lo realizó dibujando como en contraluz, aunque su estilo se
reconocía en las sombras que protagonizaban sus historietas.
—La del ingeniero que acaba muriendo como las gallinas de la industria alimentariaes tremenda—comentó Fran. —Sí, aunque el mismo Franquin decía “pero hay que reconocer que si no fuera por
esa industria hoy no comeríamos”. —Y todos los de guillotinas y pena de muerte, que muere hasta el apuntador. —Es que prácticamente de cualquier tema incluye algo, como el del precio de la
gasolina y el tío que se quema a lo bonzo. —Y luego esos versos que intreducen cada historieta. —Sí, sin duda es un cómic a leer por su originalidad y por mostrar una
cara muy poco conocida del autor. —Y con un estilo único. Ahora, no para almas sensibles.
Ficha del cómic, aquí.



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