—Míralo cómo ha crecido.
Y él sólo se ha enderezado
y busca el sol —dijo
Juan hablando del ficus
que había surgido de
los despojos de la
poda de su lugar de
trabajo.
—Algo tendrá que ver
lo que yo he hecho
—dijo Fran molesto
por sus olvidos.
Aquella planta estaba
convirtiéndose en un
arbusto sano y hermoso,
algo que nadie hubiera
creído posible cuando
Juan trajo aquellas dos ramas mustias de la poda en su lugar de trabajo y que Fran convirtió en
un esqueje. Le había buscado un lugar cerca de la ventana, lo regaba con frecuencia
manteniéndolo con la tierra húmeda, pero a petición de Juan no había puesto un tutor que
enderezara la curvatura que traía.
—Se ha enderezado sólo, buscando el sol. Es un superviviente.
—Espero que si Coralia te da un hijo estés la mitad de orgulloso... Y que no tenga que cuidarlo
y alimentarlo yo como ha pasado con el ficus.
—Fran, regarlo lo podía hacer cualquiera. Tu aportación ha sido poner un palitroque a sostenerlo
y no le ha hecho falta para nada.
—¡Podía haberlo hecho cualquiera, pero lo he hecho yo! Tu orgullo es una planta más de las
que yo he criado y cultivado.
—Míralo además cómo se gira al sol. Sabe perfectamente lo que necesita.
—Sí, pero el lugar en la ventana también se lo di yo
—Sólo necesitaba una oportunidad y yo se la proporcioné.
—De acuerdo, lo has hecho de maravilla. Si no fuera porque él no tiene la culpa dejaba de
regarlo mañana.
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