Fran observabaaquellas
obras con
preocupación.
El descampado
de Atocha donde
tantas veceshabía visto
a aquel animal que tanto había captado su atención
—Bueno, Fran, no exageres—le dijo Carolina—. Siempre has dicho tú que con el buen
estaba completamente desbrozado, horadado y precintado. Aunque no tenía más
lazos con ese gato que verlo al pasar, para él era un animal especial.
aspecto que tenía debían cuidarlo los de la oficina de al lado, o sea que si es así ahora
lo habrán cobijado. —Pero con lo que le gustaba tirarse aquí y para que pongan esa mierda de tuberías que
no sé ni a dónde van ni lo que llevan está sin su sitio favorito. —A ver, se ha buscado su sitio y tiene quien le cuide. No te preocupes, que además
es un animal al que se le ve grande y fuerte. Fran estaba a punto de reanudar la marcha, cuando vio al gato salir del agujero que
había para las tuberías. Al parecer todo ese tiempo había estado en el mismo sitio
sin ningún problema. Carolina creyó que el asunto ya estaba terminado. —Bueno, ya no sufres por él, ¿no? ¿Nos podemos ir? —Parece que le gusta la zanja, cuando la suelden no sé qué hará. —Fran, de verdad, que ha vivido mucho tiempo con su descampado y su oficina y no
necesita nada más, déjalo estar. —Deberían cavarle otro agujero como ese. —Sí, irán los de las oficinas con picos y palos. Menos mal que no es tuyo el bicho
con lo que sufres.


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