miércoles, 12 de febrero de 2020

Ayuda profesional.

Juan y Fran Gordal se apartaron para dejar paso a aquel operario. Estaba cargado con un enorme mueble que transportaba con dificultades desde un camión de mudanzas hasta un poeçrtal con la puerta abierta. De camino se le cayó una herramienta, unas tenazas. Juan se las reogió y se las entregó.

¿Y quiere usted que..? —comenzó a preguntar.
No, gracias, es mi trabajo —dijo el hombre con una sonrisa adivinando lo que iba a preguntar Juan Gordal.

Cuando ambos hermanos se quedaron solo comentaron el incidente.

Una cosa es no quedar como Robert Mitchum al principio de El Cabo del Miedo, que queda caracterizado como un canalla por ignorar a una señora a la que se le cae al suelo un objeto —dijo nuestro protagonista —, y otra hacerle su trabajo a un tío de mudanzas.
Sí, pero entiéndelo, uno ve a un tío cargado y le sale de dentro ayudar.
A lo mejor en este caso lo entorpeces más que lo ayudas —prosiguió Fran
No sé cómo.

Al decir esto, otro operario de la empresa de mudanzas apreció y dijo a los hermanos:

Perdonen. ¿Pueden dejar este tramo de la acera libre?
Sí, ahora mismo —dijo nuestro protagonista, y después se volvió hacia su hermano—. ¿Ves, Juan? Meterse en el trabajo de otro, aunque no te lo creas es algo que casi nunca ayuda.
Sí, tienes razón, pero a veces parece la típica excusa que se busca la gente para pasar de todo sin remordimientos.
No, es muy sencillo: echa una mano a quien lo pida o a quien no esté en su trabajo. Es simple. 
 

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