Fran
y Juan Gordal observaban la ciudad, y la muchedumbre de patinetes
eléctricos y otros aditamentos que últimamente copaban las
esquinas de las aceras.
⸺Ya
ves, Fran. El futuro no era de coches voladores, sino de patinestes y
bicis.
⸺Parece
que la gente tira más a no contaminar que a la velocidad, pero yo no
entiendo a los que usan el patinete en las aceras qué les costaría
andar.
⸺Bueno,
eso habría que hablarlo con ellos, pero todo lo que sea menos
riesgos de accidentes y contaminación está bien.
⸺Yo
el patinete nunca lo usaría, pero es que ni con bici me atrevo a ir
por donde los coches, si no hay carril bici separado prefiero
desmontar y llevarla a rastras. Algo que ellos no hacen.
⸺Vamos,
Fran, ¿qué daño puede hacer un patinete?
Pareció
que algún hado o ser superior oyó la pregunta de Juan. En aquel
momento, un individuo que parecía jugar a lanzarse entre la gente
con el dicho aditamento casi se le hecha encima a Fran. Se escapó
dando un salto y un quiebro con su primitivo vehículo e intentando
una serie de cabriolas chorras. Fran se contuvo, ya que su primer
impulso era agresivo hacia este individuo y habló:
⸺Pues
aquí lo tienes, otro instrumento para tocar las pelotas, les han
dado a los gilipollas.
⸺Y
el tío ni se disculpa, ni se para ni nada.
⸺De
verdad, me hubiera gustado que me diera el golpe, porque así se
hubiera quedado quieto, y lo muelo a hostias.
⸺No
te pierdas, Fran, que eres un hombre pacífico.
⸺Y
encima era talludito ya, el subnormal, nada de un crío descarriado
⸺Bueno,
gilipollas han existido siempre.
⸺Pero
ahora tienen todo un arsenal para joderte en la misma acera.
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