Fran
y Juan Gordal hacían la compra y, considerando ya cubiertas las
necesidades más importantes que tenían pensaban si con el dinero
que habían sacado de casa tendrían para algún caprichito.
Observaron, y no eran malos, un montón de postres y dulces. Pero
nuestros protagonistas siempre habían sido más de salado que de
dulce y lo que les entró por los ojos fueron los embutidos. Y Fran
Gordal se fijó en un chorizo:
⸺¿Te
gusta? Tiene muy buena pinta, es verdad, pero es picante ⸺ le
indicó Juan.
⸺A
mí me gusta el picante, Juan.
⸺Pero
tambiñen está mamá, coje mejor el dulce.
Fran
se sorprendió de la decisión de su hermano, pero lo cierto es que
era razonable. Se volvió y lo que le entró por los ojos era una
panna cotta. Pero de nuevo intervino la voz de su hermanno:
⸺¿No
habías dicho que postres no?
⸺Pero
tú me has convencido de que los dulces eran mejores.
Entonces
Juan empezó a reir. Rió con una fuerza que a nuestro protagonista
le sorprendió y durante un intervalo de tiempo mucho más largo de
lo que solía. Nuestro protagonista le cortó sumamente extrañado:
⸺¿Qué
te pasa Juan? ¿Me estás tomando el pelo?
⸺Fran,
mira lo que pone en el paquete del chorizo no picante.
Entonces
Fran comprendió. También le hizo gracia, pero no tanto como a su
hermano. No tenía más que una sonrisa leve en los labios cuando
dijo:
⸺Sí,
pone chorizo dulce.
⸺Venga,
cógelo.
⸺Pues
no sé, podrían ponerle otra palabra. Lo de dulce con un chorizo
tampoco me convence.
⸺Venga,
no da para más discusión.
⸺Joder,
es que dulce... como si fuera un pastel...
⸺Que
no le des más vueltas, venga. Pasa por caja.
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