—Oiga, perdone estaba buscando... —dijo nuestro
protagonista a aquel dependiente.—Sí, sí, ahora le atiendo. Vaya mirando y luego
nos vemos,
que acabe con este caballero.
—Pero lo que yo le quiero preguntar...—intentó explicarFran pero ya se quedó con la palabra en la boca
mientras el dependiente se alejaba.
En la planta de caballeros de aquellos almacenes había ropa muy apetecible para quien tuviera o bien
mucho poder adquisitivo, o bien necesidad imperiosa de ir bien vestido por algún motivo. Pero nuestro
protagonista había entrado allí buscando otra cosa. Sabía que debía estar más esquinada no en el centro
de aquel piso lleno de trajes, prendas Hugo Boss y similares y calzones pero de 80 euros el par. Llevaba
como diez minutos buscándolo y no había manera de encontrarlo. Por fin vio el símbolo en el pasillo
que llevaba a los ascensores, pero no fue capaz de abrir la puerta. Desde entonces vagaba por aquella
planta intentando preguntar a alguien. Pero todos los dependientes respondían como se ha visto.
—¿Puedo ayudarle en algo? —le dijo al cabo de un rato otro trabajador del almacén.—¡Hombre ! —gritó nuestro protagonista—. Y era hora mire buscaba el servicio
—No lo hay —dijo el dependiente—¿Desea algo más?
—¡Cómo que no lo hay! He visto el simbolito por la escalera, por los pasillos, pero llego a la puerta y no
se abre.
—Si, se lo estaba diciendo. El otro día se rompió una cañería general y están arreglándolo.
—¿Y dónde puedo ir?
—Bueno, hay uno en el edificio de enfrente.
Nuestro protagonista bajó a todo correr y en el
edificio de enfrente, también propiedad deaquella cadena de almacenes repitió toda
la operación. Llegó a la planta que indicaban
los carteles, en ese caso la de tecnología y
comenzó a dar vueltas.
—¿Qué busca usted? —le preguntó una chica—.
Tenemos una buena oferta en ordenadoresportátiles...
Al final, pensó nuestro protagonista, me la voy a sacar aquí y voy a pegar a alguien. Y encima comoesta es una chica quedaría muy mal.
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