navideñas que a esas alturas asomaban ya por los portales. Hasta los comercios de
ultramarionos y similares de los chinos parecían angalanarse para esta fiesta. Fran
observaba cómo la decoración navideña resaltaba la impresión general que cada
comercio o local transmitiera. Los bares engalanados parecían más alegres en general,
pero los que siempre estaban sucios o parecían poco confortables daban una impresión
aún más triste de esa guisa. Los supermercados parecían aún más centrados en hacer
dinero y en engañar a la gente para fomentar sus ansias consumistas, mientras que en
los portales la impresión de hogar acogedor se fortalecía cuando lucían un árbol de
navidad o un belén. De modo que nuestro protagonista empezó a sonreír para sí
pensando en lo lamentable que ahora luciría cierto local de su calle. Porque en
ese lugar siempre había pensado nuestro protagonista que se reunían los perdedores
y fracasados mas lamentables. De modo que con alguna hilera de espumillón o figurita
navideña desvencijada debía lucir aún más lamentable. Pero ese garito siempre
encontraba el modo de superar para mal las espectativas de nuestro protagonista y
aquella ocasión no iba a ser menos. Fran no podía creer lo que veían sus ojos al
çllegar a aquel establecimiento: ¡Seguía con los adornos de halloween puestos! Casi
un mes después no habían quitado los aditamentos de la anterior fiesta. Nuestro
protagonista observaba a tres personas reunidas ante las puertas del rincón y
parecían departir sobre hacer una fiesta de año nuevo cuando llegara el momento.
—Tendremos que traer espumosos, no sólo wiskazos —dijo uno de ellos.—Y algo que picar, además de poner esto que den ganas de gastar unos 50 pavos como poco. —Yo me voy a imprimir las entradas —sentenció el tercero.Ni se les ha ocurrido actualizar la decoración y ponerse al día, pensaba nuestro protagonista.La verdad es que no se me ocurriría cómo joderme más la navidad que viniendo a una fiesta aquí.
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