Cuando nuestro protagonista llegó a la última página de aquel tebeo sintió una extraña
emoción pensando que era el último Superlópez, al menos mientras Jan, el creador de
dicho superhéroe tuviera la palabra. Desde pequeño había crecido leyendo a ese personaje,
le había visto enfrentarse a bandas criminales organizadas, a seres mitológicos, viajar
por múltiples escenarios, rodearse de secundarios magistrales... No podía creer que todo
ello tuviera un final.
―Encima es una historieta como que no tienen nada
que ver con el personaje ni hace
nada especial. No puedo creerme que esto acabe de
este modo tras más de cuatro
décadas ―comentó. ―Bueno, mira también a Carlos Giménez que está resolviendo ya toda su producción y
cerrando como puede sus sagas ―le respondió Juan Gordal. ―Pero precisamente, las está cerrando y dándoles un final bueno. No es lo que ocurre aquí. ―Pero quizás por eso Jan pueda reanudar en algún momento su trabajo y Giménez no. ―No sé, Jan dijo que tenía pesar de que lo seguíamos leyendo los que lo descubrimos de
pequeños pero que no había logrado atraer a los críos de ahora.En este punto nuestro protagonista se puso a recordar cosas que él había compartido con
Superlópez desde crío: comentarios en recreos, meriendas leyendo, gastar pesetas en tiendas
desaparecidas comprando tomos del mismo... Sí, parecía que definitivamente otro de los pocos
rastros que le quedaban de su infancia desaparecía. Al depositar definitivamente el último
Superlópez en la estantería de donde lo había cogido cayó en que a su lado estaba otro resto de
aquella época: el tomo de Mortadelo y Filemón dedicado al mundial actual.
―Curiosamente, aunque me siga riendo, Mortadelo y Filemón me parecen más obsoletos que
Superlópez, pero el que de momento ha anunciado su final es éste. Y además Ibáñez ha dicho
ya que no le importa que otro siga Mortadelo. ―Fran, hay que aceptarlo. Con Carlos Giménez, con Jan, con Ibáñez... Es el final de una era. ―Por suerte ahora hay mucho más cómic que cuando empezaron.
―También es verdad.
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