―Bueno, es la hora. ¡Por fin
me libro de ti! ―dijo aquel
encargado a nuestro protagonista. ―Muchas gracias. Has
sido muy amable todo el
día ―respondió con retintín Fran.Desde que se había levantado
nuestro protagonista había visto
que aquel trabajo, por alguna razón, parecía ir en desgracia. Empezando por una avería en el primer
metro que tuvo que coger... ¡Y otra más en el segundo! Luego el laberinto de calles hasta llegar al
local de trabajo, y para acabar de rematarlo el típico jefecillo que piensa que las cosas salen mejor
cuanto más moleste a los empleados. Todo el día se lo había pasado cambiando de herramientas
porque sí, corriendo sin necesidad, disculpándose por manchas naturales del trabajo... Y soportando
la voz estridente de aquel personajillo. Pero ahora todo había terminado. En el metro se sentía como
el triple de cansado de lo que solía dejarle una jornada como la que había tenido. Pensaba si era sólo
por aquel mequetrefe o también podía haber sido por las dificultades que le había reparado el llegar
hasta el local y salir de él. Pensaba nuestro protagonista en llegar a su casa, ponerse cómodo, leer
un poco, y todas las cosas que a él le relajaban tras sus días de trabajo. Pero al abrir la puerta y
dirigirse a su cuarto todo lo que había pensado se fue al garete. ¡Si había salido tan rápido por la
mañana que ni había podido hacer la cama ni ordenar su cuarto! La primera tarea en casa estaba
servida.
―Cuando el día empieza jodido, raro es que no siga así hasta el final ―dijo mientras buscaba las
sábanas. ―Y encima te ha fallado el metro por muy rápido que salieras ―le comentó Carolina ―Pues no sé, la próxima vez que trabajo habrá que levantarse a las cuatro o directamente no dormir
la noche anterior. ―Bueno, al menos hoy sí podrás descansar. ―Y sabrá mejor que nunca, créeme.
No hay comentarios:
Publicar un comentario