Tras unas cuantas horas de múltiples tareas de todo tipo nuestro protagonista se tomaba un
refrigerio en un banco de aquella plaza. Una bandada de palomas buscaba restos de migas de
pan o algún otro resto alimenticio que debía quedar en el suelo. De pronto una de ellas se
dirigió a picotear en un punto de la explanada y otra hizo un gesto de hostilidad hacia ella. Se
pusieron la una frente a la otra en actitud amenazante, sacudiendo la cabeza y erizando las
plumas. A Fran le sorprendió que aquellos animales pudieran adoptar pose amenazadora, pero
así fue. Y entonces se enzarzaron en un duelo a picotazos moviendo las alas, la cola, girando
sobre sí mismas, etc. Mientras todo esto ocurría otra paloma picoteó donde iban a hacerlo las
dos primera y estas se echaron sobre ella. Se enzarzaron en un tremendo duelo a picotazos,
aleteos, empujones... Fran se quedó muy impresionado porque las palomas eran el animal
que los humanos habían escogido desde hace mucho tiempo como símbolo de la paz. Un
matrimonio de mediana edad que cruzaba la plaza comentó:
—Las ratas del aire. Se pelean como ellas. Para que te peguen luego un picotazo. —Y se les ve a simple vista que han estado en sitios poco recomendables. Parece mentira
que haya quien les de comida y demás. —Una plaga es lo que son.Nuestro protagonista se quedó pensativo viendo la idea que mucha gente tenía de aquellas
aves y se preguntó cómo era posible que se hubieran relacionado con la providencia divina,
la paz, los buenas noticias y en general sucesos muy positivos. Desde luego aquellas tres que
había observado nuestro protagonista no parecían las palomas de la paz. Se preguntó Fran
qué harían aquellas que había visto de encontrar una rama de olivo.
—Momentos inexplicables de la humanidad —se dijo nuestro protagonista.


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