—¡Joder!—dijo
nuestro protagonista—. Parece mentira los años quevoy cumpliendo. —Bueno, no te
quejes, que siguessiendo el más joven aquí —le contestó Carolina. —Y además también esta edad tiene sus ventajas. Tienes dinero, puedes tomar
decisiones...—respondió Juan.Aquel año, como siempre, los Gordal Palacios estaban reunidos para celebrar tan
importante ocasión. Fran hacía balance de lo que había conseguido a su edad.
—El Marcelo tiene una niña y una casa, Julián está en México... Bueno, yo trabajo y tengocasa, pero sigo sin cumplir mis ilusiones. —Bueno, pero sigues aquí para perseguirlas —dijo Carolina—. Además vas a recibir todos
los regalos que querías. —Y por lo menos ahora, con una fuente de ingresos, puedes comer y tener una base para
intentar desarrollar tus fantasías.En ese momento llamaron a la puerta. Juan abrió con mucha alegría. Era Coralia, que
traía un regalo muy especial a nuestro protagonista:
—¡Pero si es una tarta tres leches! —dijo este. —Era lo que querías y yo no fallo—respondió ésta. —¡Joder, Juan, ya puedes cuidar a esta mujer! —Y tú conseguirte una. —Vale, tarea pendiente para antes del próximo cumpleaños. Pero bueno, ya veo que unos
han llegado, otros se han ido... Pero los cumpleaños se siguen celebrando. —Para eso están y peor si no se celebran, Fran —sentencio Carolina.


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