jueves, 17 de julio de 2025

El cómic incunable

 


Juan Gordal parecía un niño abriendo sus regalos el día de los reyes. Por su
cumpleaños se había comprado con dinero de la Tía María Cristina un ejemplar
de Los ojos del gato, el tebeo fantástico de edición limitada que Jodorowsky
y Moebius habían imaginado tras algunos reveses.

Tengo entendido que hacen un juego muy particular 
con  las viñetas y usan tácticas
 narrativas insólitas ¿no?—preguntó Fran.
Cógelo si quieres y léelo, que se lee en dos minutos.
 Pero por favor, mucho cuidado,
 ni lo dobles, ni te sientes sobre él...—dijo Juan.
Sí, ya sé que es difícil de encontrar, pero tendré 
cuidado—respondió nuestro 
personaje y se encaminó a la estantería a coger el cómic.

Juan pegó un grito estridente cuando Fran comenzó a sacar el tomo de la estantería.
Nuestro héroe casi se cayó al suelo del susto.

¡¡¿Qué pasa?!!—preguntó Fran.
Que estás forcejeando para sacarlo—respondió Juan—. ¡Quita! Ya lo saco yo.

Cuando Fran tuvo el tomo en sus manos se echó en el sillón y Juan volvió a poner el
grito en el cielo.

¡¿Qué?! —preguntó nuestro protagonista.
No puedes leerlo ahí porque se te va a doblar. Siéntate a la mesa.

Nuestro héroe se sentó a la mesa comenzando a lamentar el haberse interesado por ese
tebeo. Pero obedeció. Y al pasar la primera página Juan volvió a gritar.

¿Pero qué coño haces? ¿Quieres romper las páginas?
No —replicó Fran—. Mejor voy a ver si consigo un incunable del siglo XV, que será más 
fácil de leer.

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