—¡Joder las moscas!
—dijo nuestro protagonista mientras volvía a espantar a otra de un manotazo—. Hemos mirado bien que no hubiera nada raro aquí ¿verdad? —No, no había nada. Yo creo que es simplemente que es verano.
Los dos hermanos habían salido al parque a leer aquel día tan bueno en esa extensión de
hierba. Desde que llegaron, por alguna razón, un enjambre de moscas los merodeaba. Fran
casi no había podido pasar una página sin que esos insectos lo molestaran.
—Me gustaría tener un rabo de vaca para espantarlas —dijo Juan. —No parece muy efectivo. Las vacas siempre están rodeadas de moscas. Claro que no
paran de cagar y revolcarse. —Pero por lo menos ellas están allí comiendo hierbas y a su bola sin inmutarse por nada. —Yo creo que tienen tantas que ya ni les prestan atención.En aquel momento Fran observó cómo aquellos insectos se acercaban a una lata de
coca-cola abandonada en el parque.
—Les debe atraer el azúcar —comentó nuestro protagonista. —Pues a ver si nos dejan en paz y se van allí. —Podríamos también comprarles una coca-cola en los chinos de enfrente y a ver si así
nos dejan en paz. —Bueno, ya se morirán al acabar el verano. —O buscarán refugio en casa. —Pero entonces podremos echarles insecticida.


No hay comentarios:
Publicar un comentario