Aquel día Fran, Carolina y los tíos Paco y María Cristina acudieron al Retiro
y en concreto a los Jardines de Cecilio Rodríguez y observaron un espectáculo
curioso. Al parecer era la época del celo de los pavos reales y en el centro de
aquella explanada se amontonaban hasta cinco machos de esa especie extendiendo
la cola y haciendo la rueda.
—Una hembra para cinco machos y pasa de todos—dijo Fran. —Seguro que a ti te recuerda algo, ¿eh sobrino?—preguntó el tío Paco. —Aparte de todo hacen como un movimiento tembloroso y suena como una especie
de cascabel—añadió Carolina.Aún observaba nuestro protagonista el comportamiento que describía su hermana
cuando la tía Marian Cristina encontró algo curioso: un pavo visiblemente más joven
que todos los que le rodeaban intentando extender una cola que aún no le había crecido
del todo.
—Ese pobre quiere competir y no tiene ni la cuarta parte de herramientas—dijo la tía. —Este es como el crío que daba ternurita—observó Carolina. —Pues a base de esa lástima es el que al final se las lleva de calle—sentenció el tío Paco —Eso en el mundo humano sería pederastia—refirió nuestro protagonista. —Pero son animales, no me seas como los veganos esos que separan los gallos de las
gallinas para que no las violen—repuso Carolina —En todo caso, un documentalista medianamente hábil sacaría un episodio curioso de todo
esto—propuso nuestro personaje. —Bueno, parece que el pobre quinceañero no da más de sí y se retira —dijo la tía María Cristina. —Eso es al revés que en el mundo humano, sería el que cerraría el local —sentenció el tío Paco. —Y en su casa se la machacaría—concluyó Fran.

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