Fran tomó el primer bote de desodorante de los que había en aquella estantería. Estaba
vacío. Tomó el segundo y lo mismo. Así varias veces hasta que finalmente encontró uno
que podía usar para arreglarse antes de salir.
⸺Esto de Juan de comprar un botecito cada vez que sale y dejarlo allí con los demásdebe acabarse ⸺dijo nuestro protagonista. ⸺También podría tirar tú los botes vacíos ahora
⸺le contestó Carolina. ⸺Sí, y aguantar cómo se pone el tío cada vez que tocan algo suyo.Juan tenía verdadera obsesión con acudir a cualquier compromiso bien arreglado, lo
que, por supuesto, incluía llevar los sobacos en condiciones. Pero entre que perdía a
veces sus cosméticos o productos y que, en otras ocasiones, simplemente compraba
sin mirar, la casa de los Gordal Palacios tenía siempre problemas similares.
⸺Yo me voy a llevar los cristales, Fran. Voy a coger también los botes vacíos y queme eche la bronca si quiere ⸺habló Carolina. ⸺Yo te he avisado, pero si dices que la bronca la asumes tú...Pasó el día y los tres hermanos se volvieron a encontrar en la casa. Juan pareció no
haber notado nada hasta que se cambió las lentillas por las gafas y pasó frente a la
estantería de los botes:
⸺¡¿Quién ha tocado mis desodorantes!? ⸺gritó desencajado⸺. Sabéis queno puedo estar sin ellos. ⸺He sido yo, Juan ⸺respondió Carolina⸺. Era absurdo tener esos cristales vacíos
allí.Fran pensó que ahora sus dos hermanos se enzarzarían en una tremenda discusión, pero
no fue así. Juan se volvió hacia nuestro protagonista y preguntó:
⸺¡¿Y tú le has dejado?! ⸺No, yo le he dicho que no te iba a gustar pero se ha empeñado ⸺respondió nuestro
protagonista. ⸺¡Vamos, que le has dejado! De verdad que me sacas de quicio. En cuanto uno se
vuelve me la haces. ⸺Joder, al final me voy a llevar yo la bronca por lo que ha hecho Cárol. Ahora
entiendo por qué ella iba tan resuelta.

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