—Aymíralaquémonaquécontenta
estáconsupatinetequeesmásgran
dequeellaperomiraconquéilusión lollevayademásloaparcaesmuy
chiquitinanilehasalidoelpelitodel
todoperoestácontentísimaylolleva casimejorqueandaellasola... —dijo
Doña Marta Palacios viendo a
aquella niña de muy corta edad
con el adminículo que en aquellas
fechas cabía suponer que era un regalo
de los Reyes Magos. —Sí, mamá, le hace mucha ilusión.
La matriarca de los Gordal Palacios había bajado con Carolina y Fran a ver el parque después de
unos días en que por motivos muy específicos no había podido salir del domicilio. Aquella pequeña
le había tocado el corazón, por el hecho de que casi dando sus primeros pasos daba muestras de estar
muy feliz con aquel dispositivo.
—Pues mira, ahora que son
los adultos los que más
están usando el patinete
tiene con quién fijarse —comentó Carolina. —Yo espero que esta
generación aprenda mejor
que la nuestra a usar eso,
porque los dejan por ahí
en mal sitio, se meten con
ellos por la carretera...
—intervino Fran. —Yyoveomuchosdeestospobresrepartidoresexplotadosdeahoraquevanconeljodíopatineteylosveo comotúdicesporlacarreteramedanmuchapenaporquenocreoquenadiehiceraesetrabajosinoespor extremanecesidad... —explicó Doña Marta Palacios —No sé yo si me gusta un mundo donde los adultos van con juguetes de críos —le cortó nuestro
protagonista. —Pues como tú con la bicicleta, Fran —añadió Carolina.
Entonces un tonto l´ haba se metió entre el grupo de la familia de nuestro protagonista y pasó a
toda velocidad rozando casi a Doña Marta.
—¿Veis lo que os decía? —comentó Fran —, Lo críos con este adminículo dan risa. Los gilipollas no.
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