jueves, 27 de enero de 2022

El tesoro más codiciado

 


Nuestro protagonista había acudido a la farmacia a comprarse pomada para una quemadura
consecuencia de su trabajo. Tras pagar por ella recibió una sorprendente oferta de la
farmacéutica:

¿Quiere un test de antígenos de la Comunidad?
Fran tardó unos tres segundos en procesar t
an insólito ofrecimiento, pero con lo codiciado y 
difícil de conseguir que se había vuelto tal artículo su respuesta fue obvia:

Este... sí.


En la nueva ola de la pandemia que castigaba el mundo donde vivía nuestro protagonista 

buena parte de la población se angustiaba pensando en la cercanía que hubieran podido

 tener con los infectados y deseaban saber si habían contraído el virus. Eso, unido a 

unas autoridades sanitarias bastante inoperantes para distribuir estos artículos de 

primera necesidad, había provocado largas colas y avalanchas de gente que preguntaban por

 ellos en las farmacias y puestos de atención médica. Nuestro protagonista no acaba de sentir 

esa urgencia, pero también en su trabajo había habido dos positivos. Si una vez llegadas las 

pruebas de diagnóstico se las ofrecían era bueno tenerlas. Cuando llegó a casa su familia recibió de diversos modos ese artículo.


Ayhijopuesyonoloabriríaporquenosabemosusarloslaspruebasbuenassonlasquehacenlos

médicosysiellosnomelahacennomefíonoséparaquéhastraídoesosinosabesusarloyademásme

inquietapensarqueeljodíobichoentreencasa...—comenzó a decir Doña Marta Palacios.

Es un artículo de lujo. Bien traído, Fran —terció Juan Gordal

¿Y sabes usarlo? —preguntó Carolina.


Esta pregunta fue la que más efecto tuvo en nuestro protagonista. De pronto cayó en que no tenía ni pajolera idea del procedimiento a seguir con tal adminículo. Lo miró un rato sin entender bien los dibujos.


Fran, déjalo por si alguien necesita una prueba, ahora guárdalo y ya averiguaremos su uso —le traquilizó Juan

Yoesperoquenoseanecesarioutilizarloporqueesosignificaría quealgunonosponemosmalosporqué

hastenidoquetraerlosinolosabemosusaryademásnonosvaaprotegerdeberiastirarloaverquéservicionos

haceaquí...—objetó Doña Marta Palacios.

No, ¿estáis locos? ¿Cómo va a desechar algo tan valioso?


Nuestro protagonista pensó que de momento, tan ansiado objeto, no había servido más que para traer divisiones a su casa. Lo guardó y decidió hacerse una prueba si se pnía malo. Pero entre tanto, su familia se echaría los tratos a la cabeza.




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