jueves, 30 de mayo de 2024

El niño

 

 

Pues hacía falta una
película así. Esta es
 de las que venden
 los americanos a 
kilos pero muy 
cercana —dijo nuestro
 protagonista al
 acabar de visionar
 aquella película
 en su ordenador.
Es que los narcos 
y la policía están en todo el mundo, no sólo en USA.

El Niño había sido seguramente la gran sorpresa del cine español en 2014. Cuenta cómo
en el momento de pla crisis que imposibilita ganarse la vida honradamente, dos veinteañeros
deciden hacer dinero en el peligroso negocio del narcotráfico a través del estrecho. Obviamente
la trama va complicándose apareciendo el contrabando de Gibraltar, la policía y las complicaciones
que derivan del diferente nivel de vida y renta en España y Marruecos.

Lo más impactante de esta película es que los dos chavales acaban metidos en eso por 
circunstancias muy comunes, que cualquiera podría sufrir —dijo nuestro protagonista.Y los actores están muy bien escogidos. Por cierto, el chico ese, Jesús Castro, que algunos
 llegaron a compararlo por su interpretación y su aspecto a Paul Newman no sé yo si volvió a hacer algo después.Sí, pero con muchísimo menos éxito.Y aquí creo yo que Daniel Monzón se ganó ya el derecho a cierta consideración.Las escenas de acción también eran de lo mejor que se ha visto en España.Luis Tosar como el policía honrado también es un punto importante.Pero ese ya yo creo que está consolidadísimo.Quizás el mejor actor español del momento.¿Y la película dirías que de las mejores del siglo XXI?En España no lo dudo. 
 

Ficha de la película, aquí.

La crítica de compras

 


Estaban Fran y Juan Gordal haciendo las compras en aquel establecimiento y se pararon
delante del pescado. A nuestro protagonista le llamó la atención en la pescadería el
bacalao:

Lo pondría rebozado con unos pimientos y 
estaría de maravilla ¿No crees, Juan?

El mayor de los hermanos asintió, pero alguien más se unió a la conversación. Una mujer de
mediana edad que rondaba también la pescadería.

A mí ese bacalao no me gusta porque no da el sabor del salado de toda la vida.Yo estaba por llevar salmón —respondió Juan.Tampoco tiene buen sabor. Ahora viene sabiendo a cieno.

Entrecortados los dos hermanos llegaron a su turno y recogieron el pescado. Luego salieron
por el resto del supermercado. En los congelados nuestro protagonista propuso llevar unas
cuantas verduras.

La verdura es para llevarla fresca, porque así pierde propiedades —dijo una voz a sus espaladas. 

 De nuevo era la mujer de la pescadería la que se entrometía en las conversaciones de los hermanos. Juan preguntó:¿Tú conoces de algo a esa señora?Sí, de haberla visto en la pescadería.Vamos a alejarnos lo más posible. No me apetece verla.

Así los dos hermanos recorrieron el supermercado y por fin nuestro protagonista recordó algo
que necesitaban en casa:

Hay que llevar bolsas de basura de las amarillas. No nos quedan.Pues esas que vais a llevar se rompen y no me gustan —aseveró de nuevo una voz ya familiar.

Fran se volvió y sí, ahí estaba de nuevo la misma mujer que les había cortado en cada cosa que
decían los dos hermanos.

Gracias, señora —dijo nuestro protagonista disimulando ya cierto tono de fastidio.Lo hago para que aprendáis —sentenció aquella fémina.

 Mientras los dos hermanos pagaban y recogían su paquete, Juan hizo una broma:Cuidado no venga ahora y te diga que los billetes son malos.Parece que ya se ha ido. Pero desde luego esa señora nació para crítica. Se habrá ido a criticar 
por escrito —concluyó nuestro protagonista. 

miércoles, 22 de mayo de 2024

Lo importante está en el interior

 


Nuestro protagonista miró su cartera. Recordó aquel diálogo que tuvo en el puesto del Rastro
donde la compró con el vendedor:

Durará tiempo ¿no? Es que la última que
 tuve, que la compré porque me pareció 
barata se ha quedado en nada —dijo 
en aquella ocasión Fran.
Claro. Y además cuando vayas 
usándola notarás que se pone negra, 
no te creas que va a
 tener siempre ese color —respondió 
el vendedor.Si a mí me gusta este color. Pero bueno, tampoco pasa nada porque se ponga negra. Y 
esperemos que haya uso porque significará que tengo pasta.

Pues bien, aquel momento había llegado. Cuando Fran cambió del bolsillo de los pantalones aquella
cartera aquel día, observó que ya tenía el color que el vendedor había previsto. No le disgustaba,
pero a veces le gustaría que su cartera no fuera del clásico color negro.

Bueno, Fran, eso yo creo que es inevitable —le dijo Juan Gordal.No veo yo por qué el dinero tiene que ir siempre de lujo. Por lo menos sigue siendo útil. La que 
tuve antes no paraba de soltar porquerías y pelotillas.Mira, las carteras un poco recias son de colores oscuros.No debería ser así. No veo que  eso ayude en nada.Fran, las carteras buenas son negras o se ponen. Esta tuya está perfecta salvo por el color.Bueno, habrá que aceptarlo. Pero hasta los bordados que tenía el cuero se han desdibujado.

Nuestro protagonista observó el monedero e intento seguir las siluetas de plantas que adornaban
su cartera. Se dijo que no tenía mucho sentido adornarlo así si la idea era que se oscureciera con
el tiempo.

Bueno, —sentenció—, por lo menos es cierto que la estoy usando.Eso es, Fran —añadió Juan—. En las carteras siempre lo importante está en el interior. 


Maratón cinematográfico intempestivo

 


Aquella tarde nuestro protagonista chequeó la programación de la televisión. Por la noche iban a
emitir por La 2 Rocky, una película que siempre le había gustado y que le alegraba ver, pero al día
siguiente madrugaba. Se resignó a ello.

Bueno, también es verdad que la tengo más que vista 
—comentó nuestro protagonista.Sí, yo vería mejor Las leyes de la frontera, que la 
ponen en otra cadena —respondió Juan Gordal.¡Joder!¡Esa me hubiera encantando!¡Me acuerdo
 que cuando la estrenaron tenía muchísimas
 ganas de verla y me quedé con las ganas.¿Cualeraesa?Unadelnarcotráficooalgoasí¿no?porque
aldirectorDanielMonzónlohevistovariasvecesysiemoprehacegéneronegroaquíenEspañaysíes
muybuenoperosepasamalviendosuspelículasporquehaymuchaviolenciaytal...—intervino Doña Marta.Sí, de un chaval que se junta con unos delincuentes en la Cataluña de los 90 y va metiéndose ahí. 
Tenía muchas ganas de verla pero en su momento no pude y hoy tampoco voy a poder —comentó 
con fastidio nuestro protagonista.Bueno, ahora puedes verla cuando quieras. También ponían en otra cadena Apocalypto —añadió
 Carolina Gordal¡Esa también me hubiera gustado! Bueno, mira, me voy a la cama que cuanto más lo piense más
 rabia me va a dar.Que descanses. Yo creo que me quedaré con Terminator 2 que también la ponen —le respondió 
Juan Gordal.Pues mañana Ladrones de Trenes, con John Wayne — anunció Carolina.

 Nuestro protagonista estalló al oír esto. Parecía hecho específicamente para fastidiarle. En la 
puerta de su habitación exclamó:¿Pero es que han esperado a que yo no pueda ver la televisión para poner todas las películas 
que me gustan? —gritó.Bueno, vete a dormir. Y no grites tanto que no nos dejas ver Apocalypto —sentenció Carolina.


sábado, 18 de mayo de 2024

El desparrame de Doña Marta

 


¿Habeisacabado?
porqueahoravoy
yoavestirmeque
despuésdela
misahe
quedadocon
mihermanaàrair
alazarzuelaque
teníamuchasganasdesaliryhoydomingoeraelmejordíaqueyateníamuchasganasporque
hacíamuchoquenoiba...—comenzó a decir Doña Marta.¡¿Otra vez?!—eclamó Juan Gordal al oír aquello—. Últimamente has ido con tus amigos a comer, a recibier a la sevillana aquella que te vino a ver, al cine..Buenohijoesqueahorasejuntanmuchascosasquequeríahacerhacertiempoyquenohabíapodidotú
tambiénhayvecesenqueeresmásactivoyonoibaaquedarmesiempreencasacuandofuerahacemejor
tiempoysepuedeytademásdecíasqueteníaquehacercosas...

 En eso tenía razón Doña Marta. Fran recordaba perfectamente que desde aquella afección que había hecho que su progenitora acabara en el hospital, nuestro héroe estaba preocupado de que no se atreviera a ir más lejos. Pero ahora que lo hacía, sin embargo, no terminaba Fran de sentirse a gusto viendo el nivel de actividad y esfuerzo de su progenitora.En fin, ahí tienes toda la ropa, para que vayas elegante. Espero que lo disfrutes —indicó nuestro protagonista.
´—Ayhijosiyomepongomuybienparaestononecesitoquemeguíesyovoyalossitioscuandohayalgoque
verquemeapeteceyahoraeselmomentonosufrastantoquenovoyairsolaademásquevantuTíaMaria
CristinayeltíoPaco...Joder, los viejuner se van de parranda.Quenovaapasarnadayaveráscómomelopasomuybiencomoestuveenlacomidademisamigosycomo
melopasomejorenlazarzuelaporuénotevienesseguroqueteencantayademásvigilasasíquenomepase
nada...Bueno, si te cansas o algo avisa y te buscamos.Quenomevoyacansarhijosieslomásbonitoquehaynoentiendoporquénoteanimascomocuandola
semanasantaquecreoquefuelaúltimavezqueestuvetanactivayquemellenódeenergíasparatodoasíqueyo
voyallíapasarlobien...Bueno, antes había una Semana Santa y ahora levas como cuatro. Bueno, e fin, que lo disfrutes. 



El mejor metro del mundo

 


Un día más nuestro protagonista se dirigía a sus quehaceres habituales utilizando el Metro de Madrid.
Esperaba que por lo menos ese día el servicio se prestara con normalidad, algo que entre cortes de
energía, retrasos y averías comenzaba a ser una rareza. Cuando bajó al andén lo encontró lleno hasta
los topes de gente. Como seguramente conozca cualquier usuario del metro de Madrid, eso debía ser
producto de alguno de los inconvenientes antes mencionados que había provocado que se juntaran en
aquel pasillo los pasajeros de varias tandas de metro. Nuestro protagonista caminó por el borde de
la zona de espera evitando como podía a los usuarios allí reunidos. Se sentía incómodo entre tanta
gente y avanzó buscando un lugar más confortable en algún punto, aunque eso le obligó a moverse
caminando casi sobre un alambre en la zona del borde de las vías. Observando los carteles
electrónicos que anunciaban la llegada de un tren dentro de un minuto tener que moverse por
allí resultaba inquietante. Cuando las luces del convoy aparecieron en la estación nuestro
protagonista se internó como pudo en una zona del andén más alejada de las vías y se acomodó
a esperarlo. Se disculpó con otros pasajeros por haberlos empujado o rozado, pero era necesario
dado el evidente peligro de permaneces en su situción primigenia. Cuando por fin se encontró
metido en el vagón como una sardina en lata pensaba que eso ya era el colmo de lo que podía
tolerarse. Coger el metro en Madrid ya no era incómodo, sino hasta peligroso. Supuso que eso
tendría a todos los usuarios tan indignados como él, pero la conversación de algunos de sus
compañeros de vagón embutidos como ganado le sacó del engaño:

Pues suerte de esto, que el metro de Madrid es el mejor del mundo.


Nuestro protagonista discrepaba de tal afirmación. Es cierto que su experiencia en Londres ya
estaba lejana, pero el Metro de Madrid lo utilizaba a diario y tampoco lo recordaba en tal situación
de incomodidad. Sin embargo la opinión de esos usuarios estaba muy extendida. ¿Sería producto
de la publicidad o conocían de verdad otros suburbanos del mundo? En cualquier caso, la opinión
de Fran sobre el metro de Madrid no era en absoluto aquella que tanto repetían sus conciudadanos.



lunes, 13 de mayo de 2024

Manny Pacquiao Yordenis Ugás: un adiós deslucido.

 "No entiendo cómo uno de los rivales más fáciles que tenido me hizo eso"

(Manny Pacquiao, sobre su pelea con el cubano Yordenis Ugás) 

 

No tendría que haberse retirado de
este modo —comentó Juan Gordal
 viendo la que a la postre
 fue última pelea de Manny 
Pacquiao, la gran estrella filipina 
de los últimos tiempos del boxeo—. Ha
 sido de los mejores y se fue dando una impresión muy mala ante un tipo que luego ha demostrado 
que tampoco era ninguna maravilla.No me extraña que al Ugás este le llamen 54 milagros, porque tuvo una época en que todo le salió 
de cara —dijo nuestro protagonista.


Yordenis Ugás era uno

más de los magníficos

boxeadores que crea

la escuela cubana,

que había
desertado y acabado

en los Estados Unidos,

donde su carrera se

había mezclado en temas políticos
en la larga lucha entre su país natal y la gran potencia vecina. Ugás había acabado en la cárcel y
pasado muchas penalidades, pero una vez en suelo americano desarrolló una carrera aceptable, pero
tampoco nada del otro mundo. Sin embargo el cinturón WBA del peso welter llegó a sus manos al
perderlo Manny Pacquiao por pasar demasiado tiempo sin defenderlo en el ring. De modo que el
22 de agosto de 2021, ambos se subieron para zanjar la impresión generalizada de los aficionados
de que Ugás era un campeón como mínimo extraño. Pero en la pelea el cubano demostró su
superioridad ante un Pacquiao que dejó la sensación de que los años ya le pesaban. A base
simplemente de control y distancias, Ugás se llevó la pelea por decisión unánime y retuvo el
cinturón, que ahora nadie podía negarle haber ganado en el cuadrilátero.

A este lo cogieron los mafiosos del exilio de Miami y le hicieron una carrera, pero no era
 nadie. Aburre a las ovejas —dijo Juan GordalTodo lo contrario que Pacquiao, que casi siempre te hacía vibrar —comentó nuestro
 protagonista.Bueno, lo que más me duele, te digo, es que un boxeador de la talla de Pacquiao pierda con
 este bluff.Y luego no demostró tampoco mucho más.

Como siempre, este blog les ofrece la pelea entera para que la vean y saquen sus conclusiones.
¿Con quién les hubiera gustado ver retirarse al filipino?


Récord de Manny Pacquiao, aquí.

Récord, hasta la fecha, de Yordenis Ugás, aquí.


sábado, 11 de mayo de 2024

Un butronero llamado Francisco Gordal

 


Otra vez había llegado el momento. Renovar sus pantalones era una de las cosas que más
temía nuestro protagonista, ya que era incómodo y caro. Tocaba una tarde de ir a su
establecimiento de confianza a probarse pantalones y sacar unos 150 euros de su cuenta
para renovar su vestuario.

A lo mejor si no esperaras hasta que revienten todos no
 tendrías que hacer estos gastos —le
 recriminó Carolina Gordal.Pero es que ir a probarse pantalones es de lo que menos
 me gusta hacer. Ya sé que las mujeres
 no lo concebís, que a vosotras os gusta probaros ropa,
 pero a mí me causa una ansiedad e incomodidad que no alcanzo ni a explicar con palabras.

Por lo menos aquella vez el dinero lo había ganado el propio Fran, que recordaba la terrible
vergüenza que suponía pedir a otros miembros de su familia esa cantidad de billetes. Y sí, parecía
que estaba más delgado de lo que había estado hacía poco tiempo, por lo que la situación tenía
una pinta algo mejor que en otras ocasiones. Mientras bajó de sus casa pensaba nuestro
protagonista en si era realmente necesario y notando que aquellos pantalones, los
penúltimos que le quedaban empezaban a agujerearse por esa zona donde se rozan y suelen
reventar, pues sí, la respuesta era obvia. Con ese ánimo se encaminó al cajero y vio
el bajón que de una vez pegó en su cuenta, que tanto le costaba alimentar, al extraer
esa cantidad. Notaba ya los sudores fríos de la ansiedad que esa tarea le provocaba
siempre que la realizaba cuando empezó a animarse al acercarse a su establecimiento,
pensando que ya estaba hecho, y cuanto antes acabara antes se libraría de aquello. Sin
embargo al llegar le esperaba una mala sorpresa. La verja del establecimiento estaba
bajada y un cartel decía algo terrible para nuestro protagonista:

CERRADO POR TRASPASO
Nuestro protagonista empezó a hiperventilar penando dónde podría realizar esa tarea en adelante.
Parecía, se dijo, que no se trata de buscar pantalones, sino de buscar tienda. Y solo de pensarlo 
se sintió tan mal que volvió a casa sin los pantalones.Volver sin hacer las cosas es lamentable lo mires como lo mires —le dijo Juan Gordal.Pero... pero... pero... ¿Tú te das cuenta de lo que me espera? Buscar por toda la ciudad, guardar
 la pasta, volver...Creo que voy a asaltar el local a ver si todavía hay allí pantalones.Venga, te vas convertir en delincuente sólo para no buscar tienda.Pues asesino quizás no, pero butronero, me valdría la pena. 


miércoles, 1 de mayo de 2024

El día de la olla

 


Bajó nuestro protagonista a la calle con aquella enorme olla express vieja en inservible de la que
quería deshacerse. Llevaba una bolsa grande que iba arrastrando por todo el barrio y dándose con
ella en esquinas y coches aparcados.

Llévala con más cuidado —le decía Juan 
Gordal.Ya lo hago. A ver si llegamos al punto limpio 
y me deshago de ella.

Por la zona cercana a la boca de metro la calle

se estrechaba y se llenaba de gente. Nuestro
protagonista se las vio y se las deseó para no

dar un ollazo a nadie en tan reducido espacio.
Mientras otras dudas iban llegado a su cabeza:

Esto no es un electrodoméstico propiamente dicho pero irá en ese agujero del punto limpio
 ¿no?—preguntó.Yo creo que sí —le respondió Juan.Y cabrá por la abertura, porque es muy grande. No las tengo todas conmigo.Bueno, ya lo veremos. Tú céntrate en llevarlo bien.

Así llegaron los dos hermanos al parque, donde unos niños jugando a la pelota eran el último
obstáculo para llevar al contenedor aquel armatoste. Afortunadamente cupo por la apertura y Fran
respiró aliviado.

Bueno, hemos cumplido como buenos ciudadanos.Ha sido más complicado de lo que parecía.


Y cuando ambos hermanos ya se disponían a volver, apareció otro inconveniente. Una señora de
estas que no tienen nada que hacer se puso a hablarles:

No os toméis tanto trabajo, jóvenes. Yo he visto que luego ellos lo meten todo en el mismo sitio.
Uno va haciendo el trabajo de separar y reciclar y luego las autoridades se lo tiran. Y mirad vosotros
el tute que os habéis dado...

Fran aceleró para perder de vista a aquella mujer. Juan, por contra, pareció querer escucharla
por educación. No podía dejar así a su hermano. Tras diez minutos de cháchara pudieron escapar.

Bueno, creo que encima un “señoraexplaining” de estos era lo que nos faltaba para acabar la 
aventura —dijo nuestro protagonista.Yo sólo sé que como esta señora tenga razón, es para pegar a los del ayuntamiento —sentenció Juan.Bueno, pero otro día que hoy ya le he dedicado suficiente tiempo a esa olla. 


El trámite

 


Había llegado el momento decisivo. Aquel momento había sido esperado, pero también muy
temido por nuestro protagonista. Preparó la bolsa con el equipaje que iba a llevar a
esa misión, por llamarla de alguna manera. Mientras bajaba las escaleras de su casa
vinieron a su cabeza miles de pensamientos y arrepentimientos. No debió dejar que se
produjera aquella caída. Debió cuidar mejor aquel préstamo. No debió agarrarlo de esa
forma. No debería haber tardado tanto en afrontar las consecuencias... Pensamientos
que se iban intensificando a medida que se acercaba a su destino, donde todo había
empezado. Ahora debería encarar el castigo ante aquellas autoridades. Tampoco esperaba
sufrir ningún daño ni castigo grave, pero sí una reprimenda y una humillación molesta de
encajar. Al llegar a su punto de destino decidió que antes de encarar algo tan
desagradable se tomaría un trago al menos y bajó a aquel chino a por una tónica. Mientras
se la tomaba pensaba en lo agradable que era el sabor levemente amargo de aquella bebida
y lo desapacible que iba a ser el amargor de su castigo. Observó por última vez el
paquete que llevaba. Que si debía haber tenido más cuidado, que si debía haberlo agarrado
de otra forma. Los pensamientos que volvían una y otra vez en su cabeza. En la
escalinata de aquel edificio público la gente pasaba a llevar sus préstamos y a hacer
sus trámites. Todos lo realizaban de forma rápida y sin parar. Fran observó que algunos
ya miraban hacia él, y pensó que sería porque su comportamiento era ya extraño. No
quedaba otra, había que armarse de valor y entrar. Así que Fran subió las escaleras
del vestíbulo de la biblioteca con aquel cómic que se le había caído y consecuentemente
se le había medio desprendido una tapa. Lo entregó con una mezcla de vergüenza y
arrepentimiento, esperando una reprimenda desagradable. Pero el bibliotecario pasó el
libro por el scanner y simplemente le dijo:

Ya está devuelto, muchas gracias.

Fran respiró aliviado, preguntándose si realmente al bibliotecario no le había importado aquel
desperfecto en el cómic o ni había reparado en él. En todo caso había cumplido, y no dejaba de
haber pasado su penitencia por aquel accidente con todos los pensamientos rumiativos que hemos
descrito. Se prometió que no volvería a ocurrir y que si ocurría arreglaría el fallo como pudiera.
Porque vale la pena cuidar lo público.