miércoles, 26 de febrero de 2025

Una compra necesaria

 

 

Pues yo veo muy
evidente que 
necesitamos 
sartenes 
nuevas—dijo
 nuestro 
protagonista
 cuando Carolina y Juan Gordal hablaban de lo que podía comprarse con el dinero que 
les quedaba.
Yo no lo veo necesario —contestó Carolina—. Nos apañamos siempre con las que tenemos 
y el dinero es poco.Yo prefiero comprarme unas zapatillas—intervino Juan.Unas sartenes no es un gasto desorbitado y comeremos mejor —razonó Fran.Nada, déjate de tonterías, que aún no nos hacen falta.Como queráis. Voy a preparar el salmón de la comida.Eso, ponte a ello.


Y nuestro personaje cogió aquella sartén que ya había perdido el mango y cuyo fondo era
irregular, pero donde aún podía a veces freír carnes y pescados. Al darle la vuela a aquellas
rodajas de salmón les vio una mancha negra muy poco agradable. Cuando las sacó al plato
vio varios restos de carbonilla. Intentó sacarlo, pero no se notó. Llegó con esa fuente a la mesa.

Aquí tenéis el salmón. Espero que sea de vuestro gusto.Podrías haber puesto aceite limpio—dijo Juan Viendo la carbonilla.Lo he hecho, pero esa sartén no da más de sí—respondió nuestro protagonista.Seguro que está bueno. Voy a probarlo—terció Carolina.

 Cuando la mayor de los tres hermanos se metió aquella tenedorada en la boca su gesto se 
cambió completamente. Arrugando toda la cara comentó:Esto sabe a humo y productos químicos.¿A ver? —dijeron casi al mismo tiempo Fran y Juan Gordal

Los dos hermanos probaron y se quedaron horrorizados. Juan, que en cuestión de comidas
siempre era mucho más expresivo que sus hermanos casi no pudo tenerlo en la boca.

Esto debe ser hasta malo para la salud —comentó.Entonces, ¿sartén nueva?—preguntó nuestro protagonista.Más bien —asumieron sus dos hermanos. 


Una obra personal

 


Bueno, ¿qué
opinas? —preguntó
 Juan Gordal 
mostrando
 el arreglo 
que con 
pegamento
 y celo había hecho de uno de los posters que tapizaban su cuarto—. ¿Ha quedado bien o
 no?

Fran no se atrevía a decir la verdad, pero era evidente que aquel cartel de Solaris había
quedado completamente inutilizado. Optó por otra solución:

¿No preferirías un  cartel con otro tema u otra película? Ya lo ves cuando estamos en las
 tiendas, hay mucho donde elegir.¿Pero no lo ves? Es que se le había caído u  trozo y todo y lo he dejado como nuevo. No 
puedo cambiarlo. Estoy orgullosísimo y querrás tú poner cualquier mierda de la Marvel.No, Óscar, pero por ejemplo posters de pelis de acción de las que me gustan a mí de antes
 o de Van Damme podrías poner.Déjate de esas tonterías. El héroe de verdad soy yo después de haber arreglado esto.

Nuestro protagonista vio que había algo más que un simple asunto con la decoración del
cuarto. Aquella «reparación» era un motivo de orgullo para Juan que no podía ser
despreciado. Le propuso otra cosa:

Podrías hacerte tú una foto con tu obra y convertirla en un póster.Eso sería absurdo, cuando ya tengo aquí mi obra expuesta y a la vista de todos.Bueno, pues enséñale a la Coralia tu reparación, si quieres. Desde luego te has fabricado
 algo completamente personal que nadie más tendrá.Exactamente, porque merchandising industrial cualquiera puede conseguirlo. Esto lo he
 hecho yo mismo.Eso es verdad. Es tan personal que no tienes ni por qué enseñárselo a nadie más que a ti
 mismo. 


jueves, 20 de febrero de 2025

Un olvido inexplicable

 


Fran llegó de la compra y deshizo todo el paquete y las bolsas que había traído guardando
cada artículo en su sitio. Sin embargo tenía en la cabeza la noción de que se le había olvidado
algo. Se sentó y deambuló por la casa unos minutos a ver si lograba recordar qué era. No le
vino a la cabeza, con lo cuál decidió preparar la comida para cuando llegasen sus hermanos.
Mientras cortaba y sofría las verduras y doraba aquella carne seguía con su olvido muy presente
en la cabeza. Al acabar y recoger lo que había ensuciado en la cocina, a pesar del estado cada
vez más lamentable de la bayeta con la que limpiaba no era capaz de recordar nada. Puso la
mesa y esperó hasta que Carolina volvió de sus tareas.

Hola, Cárol. Bueno, te he preparado filetes con un poco de pisto.Gracias, Fran. Si no has comido comeremos juntos.

En la comida nuestro protagonista le habló a su hermana den su situación, de las tareas
que había realizado, los nuevos trabajos que se le presentaban, etc, etc. También le dijo
que sabía que había olvidado algo en la compra pero que no recordaba que era.

Pues no sería tan importante, Fran —dijo riendo Carolina—. Ahora voy a fregar yo, que tú 
ya has hecho mucho de casa hoy.

Y cuando Carolina se encaminó a la pila se hizo la luz para Fran, pero con gran disgusto de
su hermana:

¡Fran! Te dije que compraras bayetas nuevas, que estas están asquerosas. No se te puede 
confiar nada.

Nuestro héroe sintió de pronto una vergüenza colosal. Eso era lo que había olvidado. Y no
había sido capaz de recordarlo ni cuando él mismo había intentado fregar con aquella bayeta
lamentable.

Lo siento, voy ahora mismo a por ella.Vas ahora, pero yo ya friego con esto.


Mientras hacía ese recado, Fran, pensó cómo era posible no que se le hubiera olvidado, que
eso podía ocurrir, sino cómo no se dio cuenta al fregar el mismo con aquellas bayetas. No estaba
a lo que tenía que estar, pensaba.

Bueno, déjame, fregaré yo para reparar mi falta —propuso nuestro protagonista al llegar.No, esto ya está, pero tienes que estar más pendiente de lo que estás.Supongo que si empiezo a fregar yo me fijaré más en estas cosas.Bueno, no pasa nada, pero piénsalo, que esto es un foco de infecciones que no podemos asumir. Lo pensaré. 

La entrada a Fraggle Rock

 


Fran entró al baño a hacer lo propio de aquel lugar y se encontró una sorpresa: un raja que
protegía uno de los conductos de ventilación del baño se había caído. Recogió la reja y limpió
el suelo y luego lo comunicó a Juan y Carolina Gordal en cuanto estos llegaron.

Será cuestión de comprar silicona y volverlo 
a pegar —afirmó Juan. Espero que sepáis hacerlo —contestó 
Carolina—. Por cierto, esta tarde viene a
 visitarnos la tía Maria Cristina.
¡Bueno! Pues no le digáis nada, que es capaz
 de darnos una charla increíble —dijo nuestro
 protagonista—. Lo mejor es que pase rápido y no lo vea.

Los tres hermanos convinieron en la idea de Fran, y cuando llegó la tía la recibieron con toda
la naturalidad del mundo.

¡Hola, tía! ¿Cómo te va?Hola, floritos. Había venido a traeros el programa de la muestra gratuita de cine del banco y
 a hablar un poco de lo que tenéis en la nevera. ¿Puedo pasar al baño?

Aquí los tres hermanos se quedaron cortados sin saber qué hacer. Pero Fran recordó, lo principal
era actuar con naturalidad. La dejaron ir sin decir nada, pero la tía era capaz de reconocer
cualquier detalle del que pudiera sacar un reproche:

Oye, que no tenéis la reja de esta ventilación.Ya lo sé, tía. Estaba precisamente hablando de ir a por silicona a taparlo —dijo Juan pensando
 que lo mejor era abordarlo y quitárselo de encima.No, no lo hagáis vosotros, que esto requiere unos conocimientos y un saber. Esta semana os 
traeré una lista de albañiles que conozco para que os lo hagan. Pero tenéis que taparlo, que por 
aquí pueden entrar ratas o cosas peores. Lo haremos, tía, pero tranquila que esto no da al infierno ni nada por el estilo.Mirad, habrá nidos de insectos, de ratas, arañas... Dios sabe lo que puede entraros por ahí. 
Tenéis que taparlo. Pero tía, que de verdad que no... —comenzó a decir nuestro héroe.

La tarde devino en una tremenda charla de la tía a los tres hermanos sobre plagas, enfermedades
infecciosas y otras calamidades, hasta que por fin matriarca decidió que su visita estaba
cumplida. Los tres hermanos se quedaron asombrados.

Nos ha hablado hasta de culebras —dijo con asombro Carolina.Igual se cree que el conducto ese conecta con el inframundo —añadió Juan.No, yo creo que da a Fraggle Rock —sentenció nuestro protagonista.Entonces la tía nos empezaría a dar la brasa con lo malos que son los Fraggles —comentó Juan.



viernes, 14 de febrero de 2025

La casa

 

 

Es una forma
original de 
abordar el
 tema familiar
 y de hacer 
un homenaje
 al padre 
desaparecido
—comentó Fran—. Paco Roca siempre es capaz de dar una vuelta de tuerca
 a las cosas más cercanas.Curioso además en un autor que también es capaz de sacar grandes narraciones épicas 
como Los Surcos del Azar.
 

La Casa, aparecida en 2015, nos cuenta la vida y las anécdotas del padre del autor, aunque
el personaje que usa no es exactamente su progenitor, sino un trasunto de éste, a través
de su vida en una casa de verano que poseía y donde se iba siempre que tenía tiempo
porque según él, en esa casa siempre había cosas que hacer. El cómic arranca con la vuelta
de sus tres hijos a esa casa un año después de su muerte, con intención de venderla y
desprenderse de ella, pero donde van aflorando los recuerdos de infancia, de vida familiar, etc.

Me parece curioso, porque es agradable de leer aunque la visión que da no sé si es 
optimista del todo, hablando de los problemas de la vejez, la vida familiar, la 
incomprensión... —comentó Fran.Es que es capaz de tratarlo de forma muy amena, sin caer tampoco en el drama ni el
 morbo—respondió Juan.Luego está el punto de vivencia personal que tiene esta historia, aunque Paco Roca dice
 que en cierto modo eso ocurre en toda su obra.A mí también me da la impresión de que su estilo de dibujo, siendo el mismo, parece 
aquí como más personal, como más centrado en sí mismo.En todo caso, para mí, lo que define la obra de Paco Roca es un sentido del realismo, en
 todas sus facetas muy personal y muy bien llevado.Y que se nota que se implica.En fin otro cómic muy recomendable, especialmente para quien busque una historia de
 cercanía y cotidianidad.Y un autor español que es conocido y respetado por algo. 

Ficha del cómic, aquí.

Leve mejoría

 


Pues ya sabemos
 lo que van a 
poner en este 
local—dijo 
nuestro 
protagonista
 al doblar aquella esquina.
Yo creo que hemos salido ganando.Bueno, tampoco es que este sea ahora el mejor lugar del mundo.

No hacía mucho que ese espacio lo ocupaba una oficina bancaria de esas que tras años de
intentar engatusar a ancianos y población desinformada habían echado el cierre. Ahora la iba
a ocupar una cadena de Supermercados. Los dos hermanos convenían en que al menos los
supermercados te dejaban comprar lo que necesitaras y no se basaban en engañar gente
vulnerable, pero aun así Fran tenía sus dudas.

A ver, que una cosa es que el Súper no intente robarles la cuenta y su casa a los ancianos,
 pero suben los precios en cuanto pueden, se conocen casos de abusos a trabajadores...—explicaba
 nuestro protagonista.Sí, pero la prueba de que son mejores es que mientras el banco está cerrando y dejando 
sólo oficinas de esas de atención centradas en lo digital y el oscurantismo para engañar
 viejecitos, el súper se está expandiendo.Desde luego, sin duda, yo me fío más de un reponedor o cajero de supermercado que de
 un oficinista de esos con cargos rimbombantes con una palabra en ingles de un banco. Pero
 que desde luego, me gustaban más los negocios familiares que había aquí antes.Pero esos ya no quedan.Y aunque quedaran este local es muy grande, no sé yo si aquí podría instalarse algo 
que no sea una gran cadena comercial.Convenimos entonces que de las posibilidades que hay es la mejor ¿no?Bueno, al menos que nos alegramos de que cierre un banco. 

miércoles, 5 de febrero de 2025

Alarma nocturna

 


Fran se despertó sobresaltado. Todavía era de noche, noche cerrada y debía en buena lógica
seguir durmiendo unas horas más. Pero aquella alarma se disparó y le despertó. Era la de
unas obras de acondicionamiento de la fachada de la casa de enfrente. Se asomó nuestro
protagonista a la ventana y observó que nadie había penetrado en aquel andamio. Juan
Gordal llegó junto a él.

¿Qué pasa? ¿Nadie va a apagar eso?No lo sé, Juan. Desde luego aquí no hay quien 
pueda dormir —respondió nuestro hombre.¿Y nadie más lo oye? Los de la casa de enfrente no se mueve ninguno. Ya, pero nosotros tenemos un sueño más ligero, se ve.

Carolina Gordal también se despertó. Llegó a donde estaban sus hermanos y les habló de
posibles reacciones al estruendo.

¿Y qué podemos hacer? ¿Llamar a la policía?No tengo ni idea, pero ya os decía que no me gustaba ese andamio allí.

Lo más insólito de todo es que como comentaban los dos hermanos nadie más parecía
haberse percatado de que esa alarma estaba sonando. Tras hablar con la policía municipal
y nacional pareció que por fin un coche se dejaba caer por la casa de enfrente. Tras hablar
por el telefonillo no vieron los hermanos qué había ocurrido pero la alarma cesó.

Bueno, a ver si todavía podemos dormir —dijo Juan.Y a ver si quitan ese andamio, porque ahora no me va a dejar pensar en otra cosa —habló 
nuestro protagonista.¿Y cómo nadie más ha oído nada? —preguntó Carolina.Yo que sé, igual eran fantasmas —respondió Juan.Eso, lo que me faltaba para alegrarme la noche —sentenció Fran. 


El cántico continúa

 

 

No me acostumbro
 a que ese cántico
 no sea para el 
Cholo —comentó 
Fran viendo aquel
 partido por la tele.Por lo menos se 
lo merece, ha 
cuajado tanto 
como él 
—respondió 
Juan Gordal.Nadie podrá decir que este esté allí por ser hijo de su papá, eso es cierto.

Nuestro protagonista asistía en los últimos tiempos a la irrupción de una nueva estrella
emergente del Atlético de Madrid, un seguidor de la saga familiar del entrenador y en su día
grandísimo y aguerrido jugador, Diego Pablo Simeone. Recordaba nuestro héroe el cántico
que primero el Calderón y luego el Metropolitano solían dedicar a tan ilustre miembro de
la historia rojiblanca: Ole, ole, ole, Cholo Simeone. Fran, que, desde luego, tenía al Cholo
como su figura predilecta de su relación con el Atlético de Madrid había coreado y gritado
mil veces ese cántico. Pero ahora el Metropolitano se lo dedicaba a Giuliano Simeone, tercer
hijo de aquella gran figura. Eso chirriaba a nuestro protagonista.

No quieres ponerlo al mismo nivel que su padre ¿verdad?Aún no, para mí como el Cholo no puede haber otro.Pero corre, marca goles... Es un digno hijo de su padre.Sí, y también es verdad que pase lo que pase le van a mirar comparándolo con él. Desde 
luego es mucho más que otros «hijísimos» que hemos visto. Me lo vas a comparar
 con Julio César Chávez Junior, por ejemplo. O con Fernando Sanz, o Jordi Cruyff...
Pero el cántico sigue siendo de su padre ¿verdad?Es que aún hay clases. Y ojalá llegue a merecerlo.Bueno, al paso que va llegará a merecerlo.Pero como el Cholo no puede haber otro. En fin, como decían los mexicanos con el 
Chávez Junior, la leyenda continúa. 
Sí. Y el cántico también.