—Bueno, pues
en diez minutos que nos hemos puesto, lo hemos hecho—comentó Juan Gordal viendo los tupperwares que habían desechado él y nuestro protagonistapara tener ordenada la nevera. —¡Y menuda cantidad de plástico!—exclamó Fran—. Todo esto lo teníamos aquí
sin usar. Espero que los de los contenedores lo reciclen bien.Los dos hermanos llevaban días pensando en que habían pasado de no tener
absolutamente nada para guardar los restos de comida en la nevera a un exceso
de contenedores plásticos que no había manera de organizar. Aquella mañana
se pusieron a ello y dejaron sólo los envases necesarios y que pudieran manejar.
—No te rayes con los plásticos, Fran —dijo Juan Gordal—, que precisamente la idea de esto es para gastar menos en agua, plásticos, etc. —Sí, bueno, mejor aquí que sobre la nevera po caídos. —Y a varios de los que hemos rescatado habrá que darles un buen fregote. —Ya me pongo yo a eso. Mientras fregaba nuestro héroe pensaba en Carolina Gordal y su costumbre de
guardar la comida en la misma fuente donde la hubieran servido. Habría que explicarle los cambios que habían hecho ambos hermanos en la cocina. —Pero si no los usáis nunca —dijo Carolina al oír aquello—. Luego me toca a mí
recogerlos de detrás de la nevera y ordenarlos bien si se puede. —Hoy hemos arreglado eso, Cárol—respondió Juan. —Nos hemos deshecho de una burrada de plásticos y ahora hay exactamente los
que necesitamos—añadió Fran. —No quiero volver a ver nada en la nevera en fuente o en plato. A partir de ahora,
así —insitió Juan. —Bueno, pero cada vez que entre una tarrina de helado u otro plástico, os encargáis
vosotros de ella—respondió Cárol —De acuerdo—terció Fran—. Total, más plásticos que se han llevado hoy no creo que
puedan llevarse. Más plástico para el medio ambiente, que hay poco. —Pues lo prefiero allí que aquí en casa —sentenció Carolina.


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