viernes, 31 de octubre de 2025

Un susto de verdad en Halloween

 


Nuestro protagonista se levantó aquel día dispuesto a arreglar los problemas
que había tenido con sus çultimos cobros y los horarios de trabajo del próximo
mes. No apetecía, nunca apetecería, pero total, aquel era el último día antes
de todos los santos y si se iba uno dejándolo resuelto sería mucho más
agradable el descanso que traía. Comerse los buñuelos de viento sin preocupaciones
era un tramendo incentivo para nuestro protagonista. De modo que se levantó se
vistió, y se encaminó hacia el gris edifico donde la oficina tenía su sede. De
camino varias señales, más o menos alegres dejaban ver la facha en la que se
encontraba: desde puestos de flores con ramos de crisantemos y gladiolos, a
niños disfrazados ilusionados con celebrar el Halloween. Aquello trajo a la
mente de nuestro protagonista que su progenitora, siempre que ponían E.T. En
la televisión o en cualquier otro sitio explicaba que al llegar aquí aquella
película los niños españoles no sabían lo que era el Halloween y había que
explicárselo cuando aparecía la escena en que Elliot y sus amigos lo celebraban.
Por fin llegó nuestro protagonista a aquella oficina y una recepcionista muy
seria le preguntó a dónde iba. Fran le contestó y preguntó también si podía ir
al baño, pues para entonces tenía ganas. Tras responderle la recepcionista se
dirigió a los aseos. Al entrar se llevó un sobresalto, ya que aquel lugar
estaba lleno de zombies y mosntruos. Evidentemente eran los empleados de
la oficina, que habían decidido celebrar una fiesta y se estaban poniendo a
punto para ello en el baño.

Menudo susto se ha llevado, ¿eh?—le dijo un empleado alto y delgado disfrazado de Frankenstein.Bueno, eso es parte de la gracia. Ahora voya arreglar lo de mis últimos sueldos que...Piues va a tener que venir el lunes—le respondió una mujer disfrazada de zombie purulenta,
 con una piel que en algún momento Fran dudó si era maquillaje o la suya real.¡¿Cómo?! —preguntó nuestro protagonista.Esto ya está cerrado, se han ido los jefes y quedamos los empleados más bajos celebrando
 nuestra fiesta, como ve. 

Nuestro protagonista se sintió absolutamente abrumado ante la perspectiva de acudir el lunes
 a resolver aquel problema y tener que irse sin arreglar nada. En pasarse el fin de semana 
pensando en ello y recibir el lunes con el mismo ajetreo que había tenido aquel día. Ahora sí
 que estoy asustado de verdad, pensó.
¿Se encuentra bien? Le veo muy pálido y en su caso no es maquillaje —le dijo Frankenstein.
No, no pasa nada. Es que están ustedes muy bien maquillados —dijo Fran a regañadientes—. 
Pero tengan cuidado, que son ustedes más peligrosos que los zombies de verdad. 


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